¿Qué importa la imagen trivial de un niño esquelético en el camino hacia una próspera franja de Gaza en un futuro mundo libre de razas inferiores, inmigrantes y terroristas?
0sama sufre malnutrición: en gaza no queda comida. (EFE)
Me pregunto en mis adentros por lo que pasaría si al niño del cuento de Andersen ("El rey desnudo", 1837) ahora se le ocurriese decir en público que lo de Gaza es un genocidio, que no hay una guerra entre dos bandos armados sino un Ejército que dispara contra una población civil hambrienta o que Donald Trump y Benjamín Netanyahu tienen un plan eugenésico sobre los gazatíes (mejor muertos o desplazados hacia donde el hambre los lleve) como parte de un negocio turístico.
Háganse ustedes a la idea:
Una parte de la organizada comunidad de naciones (ONU, relaciones diplomáticas, tratados bilaterales y multilaterales a la agonizante luz del derecho internacional) trataría de linchar al niño. Por antisemita y por alinearse con el terrorismo de Hamas. La otra, incluida la Unión Europea, seguiría dividida y camuflada en el escandaloso silencio y la general indiferencia ante el horror televisado servido a la hora de comer como un producto mediático de consumo rápido.
¿Qué importa la imagen trivial de un niño esquelético en los confortables hogares del orbe civilizado, si solo es un incidente menor del recorrido hacia una próspera franja de Gaza sin gazatíes en un futuro mundo libre de las razas inferiores, mendigos, terroristas, inmigrantes e ilotas del siglo XXI, que están frenando el progreso de la Humanidad por culpa del trato de favor que les dispensa el sistema democrático?
Es la parte visible del barco: "obra muerta", en lenguaje marinero. La "obra viva" es la parte del casco que queda dentro del agua bajo la línea de flotación. Y ahí es donde anida el huevo de la serpiente que pregona la abolición de la democracia y su tarea legislativa, la jibarización del Estado, el fin de los impuestos y una cruzada contra las "minorías de bajo rendimiento".
La marea nos llega nominada por los teólogos del libertarismo como "Ilustración Oscura". Pregonan que "la razón ha suspendido el examen de la historia" y, por tanto, hemos de volver a formas de organizarse anteriores a la democracia, preferentemente aquellas inspiradas en la darwinista selección natural que deje en el camino a los parias de la tierra como individuos desechables en nombre del progreso de la humanidad.
Todo eso palpita detrás de la explanación a sangre y fuego de la franja de Gaza y las "treguas tácticas" del Ejército israelí. Pero también de las airadas reacciones de Tel Aviv contra los países que osan reconocer al Estado de Israel por ponerse al lado de los terroristas de Hamas. España entre ellos. O contra el antisemitismo de nuestra Guardia Civil porque osa desalojar a unos gamberros franceses, casualmente judíos, que se creían intocables para hacer el gamberro a bordo de un avión.
"La Ilustración oscura" es el Mein Kampf de quienes abominan de la cultura occidental: urnas, leyes y derechos humanos
A lo que iba. Con la llegada de Trump a la Casa Blanca, el asunto de fondo se ha puesto de moda: la democracia solo nos ha traído degeneración moral e intelectual. Como luz de posición, tomen nota de esta cita:
"Solo debido al predominio de influencias indescriptiblemente crueles la naturaleza ha sido capaz de actuar de forma constructiva", escribe el pensador británico Nick Land, padre del "aceleracionismo" y faro de la ultraderecha, en el libro "La Ilustración Oscura y otros ensayos sobre la Neorreacción" (primera edición, marzo 2022).
Es el Mein Kampf de Trump y todos aquellos que abominan de la cultura de las tres colinas (Acrópolis, Capitolio y Gólgota: urnas, leyes y derechos humanos). Ahí También encaja Netanyahu, seguidor de lo primero y objetor de lo segundo.
Me pregunto en mis adentros por lo que pasaría si al niño del cuento de Andersen ("El rey desnudo", 1837) ahora se le ocurriese decir en público que lo de Gaza es un genocidio, que no hay una guerra entre dos bandos armados sino un Ejército que dispara contra una población civil hambrienta o que Donald Trump y Benjamín Netanyahu tienen un plan eugenésico sobre los gazatíes (mejor muertos o desplazados hacia donde el hambre los lleve) como parte de un negocio turístico.