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Sánchez y la corrupción, como la salamandra y el fuego
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Antonio Casado

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Sánchez y la corrupción, como la salamandra y el fuego

Con diarias dosis de recuerdo, como el procesamiento del fiscal general o el robo en una casa del exministro Ábalos, la pisada del elefante en la habitación sigue siendo devastadora

Foto: El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez. (EFE/Cati Cladera)
El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez. (EFE/Cati Cladera)
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Sostiene Antonio Garamendi, presidente de la CEOE, que la política nacional está viviendo su propia "dana". La de Valencia demostró que de eso también se sale, pues los españoles somos capaces de dar lo mejor de nosotros mismos para superar sucesos inesperados como los que están socavando la confianza "en nuestras instituciones y en España como país".

Evidentemente, se refiere a la corrupción de proximidad que acorrala al presidente del Gobierno. Lo de sus hombres de confianza, su esposa, su hermano, su fiscal general, le agobia hasta el punto de celebrar (esto ya lo dice el columnista, no Garamendi) las balsámicas vacaciones judiciales (artículo 183 de la Ley Orgánica del Poder Judicial) con una comparecencia pensada para esconder al elefante en la habitación.

Pero querer retirar la corrupción de la agenda, aun en verano, es como achicar con cestos el agua de la "dana". De hecho, pasó por los casos de inmoralidad pública como salamandra por el fuego cuando estábamos a punto de conocer el procesamiento del fiscal general, las nuevas alertas de la Agencia Antifraude o el asalto a un piso del exministro Ábalos.

Sánchez siempre podrá pactar con Puigdemont, ERC, el PNV o Bildu. Pero no con los jueces (¿nos suena lo de "independencia judicial"?). Por ahí vendrá el golpe de gracia. Porque no faltan diarias dosis de recuerdo sobre la diaria pisada del paquidermo, que sigue ahí, como el dinosaurio de Monterroso, envenenando los sueños de una militancia avergonzada, un votante socialista decepcionado y un clamor de urnas ya. Y porque nos trae a la memoria que las manos largas de Ábalos y Cerdán, depositarios de los secretos del sanchismo, no solo asaltaron la caja común. También determinaron el diseño político jaleado por el presidente del Gobierno en su arenga del lunes

Las encuestas anuncian una imbatible mayoría de las fuerzas antagónicas a los pactos sobre los que Sánchez forjó su pedestal

Quienes fueran hombres de su máxima confianza están a la greña. Puestos en la picota, se disponen a mejorar su horizonte judicial con la artillería pesada que acumularon siendo confidentes del "puto amo". Ahora Cerdán dice sentirse arrepentido de no haberle contado en su día las tropelías del dúo Ábalos-Koldo. Se llama deslealtad entre tripulantes del mismo barco ¿O se lo dijo y aquel no hizo nada? Entonces sería pasividad culpable.

Lo dicho. Todo eso quedó arrinconado en el triunfalista relato del lunes en la Moncloa. "Cosas de poca importancia", que diría León Felipe. No pasa nada. Somos los mejores porque "cien millones de personas no pueden estar equivocadas" (se refiere a los turistas que nos visitan). Todo va bien con Sánchez a los mandos. Como si ya estuviéramos en campaña y con la indisimulable intención de que nadie repare en el casi indetectable pulso de la legislatura. Por mucho que presente la prueba en contrario de que piensa presentar los PGE de 2026.

Foto: derrotas-vulnerabilidad-sanchez-congreso

Las encuestas anuncian una sobradísima mayoría de las fuerzas contrarias al pacto de investidura sobre el que Sánchez alzó su pedestal hace dos años. Son datos que, junto a las derrotas del Gobierno en asuntos capitales, no se evaporan con la triunfalista mirada del presidente a la economía o la imagen de España en el exterior. Ni con sus alusiones a los logros en materia de vivienda, transición ecológica, cohesión territorial, efectos beneficiosos de los fondos europeos Next Generation, etc.

Sánchez se va hundiendo cada día un poco más. Pero aún respira porque el sindicato de socorristas no ha concertado un motivo para dejarlo caer. A ese pequeño detalle se remite cuando dice encontrarse fuerte y con las pilas cargadas para seguir gobernando los dos años que le quedan al mandato.

Sostiene Antonio Garamendi, presidente de la CEOE, que la política nacional está viviendo su propia "dana". La de Valencia demostró que de eso también se sale, pues los españoles somos capaces de dar lo mejor de nosotros mismos para superar sucesos inesperados como los que están socavando la confianza "en nuestras instituciones y en España como país".

Pedro Sánchez
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