"Oso, eso no es gracioso" (Trump, Xi, Putin, Netanyahu)
La ola de indignación que recorre el mundo se queda a las puertas de las cancillerías y los ciudadanos del mundo se ven impotentes ante los "zoquetes" que nos gobiernan
Rusia bombardea la sede del gobierno de Zelensky, el Pentágono pasa a llamarse Departamento de Guerra, EE. UU y Venezuela se enseñan los dientes en aguas internacionales, Putin declara objetivo militar la sugerida cordada de países "occidentales" para garantizar una eventual paz en la guerra de Ucrania, la UE sigue en su apremiante carrera de rearme militar, el gran timonel chino exhibe músculo bélico, Alemania no descarta volver al servicio militar obligatorio, y así sucesivamente.
"La Humanidad vuelve a enfrentarse a la disyuntiva entre la paz y la guerra, el diálogo o la confrontación, el progreso compartido o los juegos de suma cero" ¿Cómo Xi Jinping no nos va a dejar tocando madera con su admonición?
Pudo haberlo dicho alguien de los nuestros y lo estaríamos aplaudiendo con las orejas. Pero me pregunto si sería justo colocar a Trump, gran timonel del occidente democrático, un escalón por encima en materia de superioridad moral.
Estamos rodeados. Todo se desmorona con tambores de guerra (la metafórica y la otra) en la banda sonora de la temporada otoño-invierno de la política internacional.
Las urnas, la ley y los derechos humanos, referentes del pentagrama identitario de una Europa acobardada se pierden en la polvareda que levanta a su paso el "zoquete" de la Casa Blanca (papá de Elon Musk dixit), inspirado en los pregoneros del final de la democracia y el imperio de la razón.
Sigamos:
El derecho internacional está enterrado bajo los escombros de Ucrania y de Gaza (ver Borrell, mayo de 2025, ante el Rey de España y la jefa política de la UE, Ursula von der Leyen). Vuelve la ley del más fuerte, Trump y Xi Jinping patean el tablero multilateral con vistas a la implantación de un nuevo orden bipolar. Y así vamos empedramos el camino hacia una tercera gran guerra sin saber cuál será el "casus belli".
Una ola de indignación recorre el mundo, pero se queda a las puertas de las cancillerías. La desamparada comunidad de ciudadanos del mundo muestra su impotencia ante los "zoquetes" que quieren repartirse el mundo:
"Oso, eso no es gracioso".
Repico el lema a una editorial de lecturas infantiles para reprobar la política genocida de Netanyahu en Gaza, el expansionismo territorial que Putin impone al pueblo ucraniano, el uso del Ejército estadounidense contra los inmigrantes y el atropello de los derechos humanos en la "dictadura democrática popular" que ejerce Xi Jinping.
No es gracioso que Abascal reclame el hundimiento de los barcos de Open Arms. Ni que Sánchez arremeta contra los jueces.
Tampoco escapan los oseznos de andar por casa al mensaje de la editorial "Lo que leo". No es graciosa la ocurrencia de Abascal cuando reclama el hundimiento de los barcos de Open Arms. Ni la de Sánchez cuando arremete contra los jueces en medio de un plañidero rasgado de vestiduras porque en España, como en EE. UU, como en la Inglaterra cada vez más sensible al discurso ultraderechista de Farage, también cuecen habas.
Ya es lugar común que en esta parte del mundo se está rompiendo el democrático equilibrio institucional con separación de poderes. Pero si se rompen los contrapesos por las arbitrarias decisiones de personajes tan banales como Trump en EE. UU o Sánchez en España, es porque no sirven, no funcionan, son demasiado frágiles… O porque nadie las defiende con la credibilidad, el rigor y la fortaleza que, al menos en España, no adornan precisamente a la vigente la alternativa de poder.
Rusia bombardea la sede del gobierno de Zelensky, el Pentágono pasa a llamarse Departamento de Guerra, EE. UU y Venezuela se enseñan los dientes en aguas internacionales, Putin declara objetivo militar la sugerida cordada de países "occidentales" para garantizar una eventual paz en la guerra de Ucrania, la UE sigue en su apremiante carrera de rearme militar, el gran timonel chino exhibe músculo bélico, Alemania no descarta volver al servicio militar obligatorio, y así sucesivamente.