Que Sánchez juega a retener el voto progresista en su patológico braceo por seguir en el poder lo saben hasta las losetas de la Moncloa. Pero eso no desautoriza su justo, oportuno y necesario señalamiento de Israel como un Estado gamberro que viola el Derecho Internacional y los derechos humanos. Los motivos del aún presidente no restan valor moral y político a las medidas decretadas. Son compatibles con la condena de la masacre perpetrada por el brazo terrorista de Hamás en octubre de 2023 contra indefensos ciudadanos israelíes.
Acorralado por la corrupción de proximidad y las grietas en su sindicato de socorristas, le ha leído la cartilla a Netanyahu con esas medidas. Inamistosas y de dudosa eficacia. Pero eso es otra cosa. Como otra cosa es que sus apremios personales le hayan llevado a colocarse en el lado correcto del drama de Oriente Próximo. Pasa por seguir reclamando el mandato de la ONU sobre los dos Estados y denunciar la desidia internacional ante la tragedia humanitaria del pueblo palestino.
Todo ello es coherente con el anuncio de proyectos de ayuda y cooperación tanto en Gaza como en Cisjordania, el embargo de armas y los vetos al paso por nuestro territorio de personas o productos vinculados al genocidio. Nada muy diferente de las medidas anunciadas por el canciller alemán, Friedrich Merz, comprometido a mejorar la situación humanitaria y frenar el expansionismo israelí en Cisjordania.
¿Merz, antisemita?
Andamos bajos de defensas morales si no asumimos que al terror no se le puede responder con el terror. Es un principio universal debidamente reglado ("proporcionalidad", se llama). Al margen de las motivaciones personales de quienes lo abracen. Y aunque haya intención de canjearlo por votos. "Hemos abierto camino", dice la ministra portavoz, Pilar Alegría.
Uno de los métodos fundacionales del Estado de Israel pasó a la historia con el sobrenombre de "terrorismo", antes de que existiera Hamás
Es muy endeble la réplica del Gobierno israelí a la arremetida española contra una política de tierra quemada que usa el hambre como arma de guerra y pretende expulsar de su propia tierra a los palestinos. De nuevo aparece el comodín del "antisemitismo". Resulta injusto y muy temerario endosar a Sánchez la presunta condición de enemigo del pueblo judío por coincidir con buena parte de la opinión pública israelí, el jefe de su Ejército (contrario a la anunciada ocupación total de la Franja), los reservistas que se niegan a participar en la masacre o pensadores tan renombrados como el historiador judío Avi Shlaim.
Este profesor de Oxford viene denunciando públicamente la intención de Netanyahu de perpetrar una limpieza étnica en Gaza y la anexión Cisjordania. En su último libro ( Israel and Palestine: Reappraisals, Revisions, Refutations) dice que Israel se ha convertido en un Estado canalla porque "habitualmente viola el Derecho Internacional, posee armas de destrucción masiva y practica el terrorismo, utilizando la violencia contra civiles con propósitos políticos".
¿También van a acusarle de antisemita?
En cuanto a la bárbara acusación de que Sánchez se pone al lado de los terroristas, compartida por la presidenta madrileña, Díaz Ayuso, ¿puedo recordar, sin ánimo de molestar y sin quedar a los pies de los caballos, la violencia fundacional sobre el que nació el Estado de Israel, con salvajes atentados contra ingleses y árabes asentados por aquel entonces en Palestina?
Tómense ustedes la molestia de documentarse sobre el "Irgun" de Menájem Beguín, luego plagiado por el aún más sangriento "Stern", de Isaac Shamir. Sus métodos pasaron a la historia del siglo XX con el sobrenombre de "terrorismo", mucho antes de que existiera Hamás en Gaza, ETA en España, las FAR en Colombia, el IRA en Irlanda del Norte, etc.
Dice el historiador Benny Morris, de la Universidad Ben Gurion, que aquella siniestra novedad halló pronto imitadores árabes. "Se convirtió en un clásico. Mercados, estaciones de autobuses, cines y otros edificios públicos de Palestina serían luego objetivos de rutina, dándole un toque brutal al conflicto", escribe Morris.
Que Sánchez juega a retener el voto progresista en su patológico braceo por seguir en el poder lo saben hasta las losetas de la Moncloa. Pero eso no desautoriza su justo, oportuno y necesario señalamiento de Israel como un Estado gamberro que viola el Derecho Internacional y los derechos humanos. Los motivos del aún presidente no restan valor moral y político a las medidas decretadas. Son compatibles con la condena de la masacre perpetrada por el brazo terrorista de Hamás en octubre de 2023 contra indefensos ciudadanos israelíes.