Israel no los mata por ser palestinos, sino por verlos desechables, parias de esa tierra y, como dicen los politólogos que inspiran a Donald Trump, gente de "bajo rendimiento"
Sánchez anuncia nueve medidas contra Israel. (EFE)
Confuso y estéril debate sobre el uso "¿indebido?" de la palabra "genocidio". Un comodín en las conversaciones sobre la masacre de Gaza. Masacre, por cierto, y no guerra, ya que nos ponemos estrechos con el lenguaje ¿Cómo va a ser una guerra si solo hay un Ejército que arrasa a una masa indefensa de gente desarmada, hambrienta y desprotegida?
Se reprueba el uso de dicha palabra porque supone la atribución de un delito. Como tal la acuñó el jurista judeo-polaco, Raphael Lemkin (1900-1959) en 1943, cuando los nazis sistematizaron el brutal exterminio de los judíos. Hasta que se impuso como tipo delictivo de la "justicia universal" en la Convención para la Prevención y Castigo del Delito de Genocidio (diciembre,1948), cuyo artículo 2 reza que se aplicará a los actos "perpetrados con la intención de destruir total o parcialmente a un grupo nacional, étnico, racial o religioso".
Eso alegan quienes cuestionan la aplicación del término al caso israelí, por tratarse de un concepto "jurídico" solo manejable en sede judicial. Por ahí va el PP, donde han aflorado discrepancias internas, mientras que Feijóo ha venido navegando entre dos aguas. Hasta última hora de este jueves, cuando fijó postura de que su partido "no hablara de genocidio hasta que se pronuncien los tribunales internacionales".
No puedo estar más en desacuerdo porque, para empezar, el debate transcurre en el estricto ejercicio de la libertad de expresión. Básicamente en ámbitos políticos y mediáticos. No tanto en medios diplomáticos. Las cancillerías se resisten a endosar conductas delictivas a otros Estados. La excepción nos toca de cerca. Los jefes de Gobierno de España y de Israel se han enzarzado en la misma pedrada verbal de ida vuelta. De la boca de Sánchez ha salido la acusación de genocidio a la política de tierra quemada en la franja de Gaza. Y de la boca de Netanyahu ha salido la acusación de que Sánchez es un genocida en potencia por haberse excusado de no ir más allá contra Israel, porque carece de armas nucleares.
No estuvo afortunado el presidente español en esas declaraciones, pero entiendo que considere "calumniosa" la acusación del primer ministro israelí al suponer este que, de haber tenido armas nucleares, a Sánchez le hubiera gustado ir más allá para frenar la masacre. Ucronías, las justas, oiga. No vienen a cuento los juegos malabares para describir lo que está ocurriendo en Gaza.
Ante un tribunal sería difícil probar la acusación de genocidio cuando en el propio parlamento israelí se sientan diputados palestinos. O sea, de etnia, religión y sentimiento nacional distintos a los del pueblo hebreo. Pero Netanyahu no los mata en Gaza por ser palestinos, profesar la religión islámica (cristiana, en su caso) o mostrarse racialmente diferentes, sino por desechables, pobres, por verlos como parias de esa tierra. O, en fin, "capas sociales de bajo rendimiento", según los politólogos de Trump, que inspiran la explanación a sangre y fuego del territorio, como paso previo a la construcción de un emporio turístico.
"Ante un tribunal sería muy difícil probar el delito de genocidio si en el parlamento israelí se sientan diputados palestinos"
Son datos objetivos del drama que minimizan el estéril debate sobre el uso de la palabra "genocidio". Ya me gustaría que el termino pudiera llegar a utilizarse con todas las consecuencias en sede judicial. A saber: el TPI para personas y el TIJ para Estados en el marco de la ONU. Pero me parece que eso no lo verán nuestros ojos porque las grandes potencias no lo permitirán. No han firmado el uno y pueden vetar el otro.
La historia nos enseña que esas grandes potencias "han cometido los genocidios ellas mismas o han protegido a quienes los llevan a cabo", como tiene escrito el profesor Cazorla Sánchez, catedrático de Historia Contemporánea de Europa en la Trent University de Canadá. Amén.
Confuso y estéril debate sobre el uso "¿indebido?" de la palabra "genocidio". Un comodín en las conversaciones sobre la masacre de Gaza. Masacre, por cierto, y no guerra, ya que nos ponemos estrechos con el lenguaje ¿Cómo va a ser una guerra si solo hay un Ejército que arrasa a una masa indefensa de gente desarmada, hambrienta y desprotegida?