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Antonio Casado

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Un cabestro en la Casa Blanca

Las amenazas a la libertad de expresión están a la orden del día en EEUU. ¿Se imaginan a Sánchez insultando a un periodista por hacerle preguntas incómodas?

Foto: El presidente de EEUU, Donald Trump. (EFE/EPA/Neil Hall Pool)
El presidente de EEUU, Donald Trump. (EFE/EPA/Neil Hall Pool)
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La analogía de Argemino Barro ("¿Crees que somos tendenciosos cuando hablamos de Trump?) es perfecta: el sheriff de la Casa Blanca mueve la portería, zarandea el tablero y se cisca en las reglas del juego. Lo malo es el contagio porque el poder de los cabestros es guiar a las reses bravas. Orbán asume para Hungría el papel de "laboratorio europeo de esas recetas, Wilders (Países Bajos) se define como "compañero de armas" de Trump, Abascal (España) pide el hundimiento de los barcos que acuden a salvar inmigrantes en el mar, etc.

Desde enero hay un cabestro en la Casa Blanca. Sostiene que democracia y libertad son disyuntivas e incluso antagónicas, militariza la expulsión de inmigrantes, invita a los europeos a hacer lo mismo, se dispone a monetizar la masacre de Gaza…Y pisotea la libertad de expresión.

Se defiende Barro de las acusaciones de "periodista tendencioso" espigadas en las redes sociales por advertir del peligro venidero. Pero nuestro corresponsal en Nueva York no correrá la suerte de Jimmy Kimmel, el comunicador de la cadena norteamericana ABC fulminado cinco minutos después de que Washington pidiera su cabeza por dudar del izquierdismo de Tyler Robinson, el joven que asesinó a Charlie Kirk, aunque la decisión formal fuese de los responsables de la compañía y de la empresa pública dispensadora de las concesiones de emisión.

Tronó el cabestro y los mansos aplaudieron: "Otros seguirán el mismo camino". O lo habían seguido ya, como el veterano Stephen Colbert, cuya cancelación después de treinta años de éxito en las noches de la CBS fue celebrada públicamente por Trump, como ha hecho ahora con la del cómico Kimmel. Lo que no dijo es que el despido de Colbert había sido una exigencia del regulador audiovisual canjeable por la luz verde a una fusión millonaria con la Paramount.

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Las amenazas están a la orden del día ("Vamos a ir a por gente como tú"). Por no marcar el paso de la Casa Blanca. Impensable en nuestro país, donde normalizamos la peineta de Wyoming a Netanyahu. También la estigmatización de Sánchez como un enfermo del poder, pero ¿alguien se lo imagina insultando a un reportero por hacerle preguntas incómodas?

En la Moncloa no han pasado de incentivar a los afines y colgar el sambenito de "seudomedios" a los críticos. A lo más, retirarles la publicidad institucional (aquí tenemos ciencia propia). Pero el dogma de la libertad de expresión sigue vivo. La saludable inercia del sistema frena la tentación de crear una ortodoxia sanchista, tan visible como la antisanchista en el ámbito mediático. Más asediada está la "primera enmienda" de la Constitución norteamericana.

Foto: libertad-expresion-derecha-censura-1hms Opinión

No solo la libertad de expresión peligra en el reino de Trump y el de quienes también alzan la bandera de la supremacía blanca, el tecnocapitalismo y la aversión a los "parias de la tierra". El buenismo europeo todavía cree en la primacía de los valores sobre la ley del más fuerte y espera a ver si cae del cielo una solución justa para la coexistencia pacífica de judíos y palestinos, mientras el ministro israelí de Finanzas destapa la negociación con EEUU sobre la monetización de Gaza cuando culmine su explanación a sangre y fuego del terreno, ya libre de los "desechables".

"Hemos invertido mucho dinero en esta guerra", sostiene el desdichado, "y tenemos que ver cómo nos la repartimos antes de empezar a construir", añade. El control de la riqueza está por encima de cualquier otro fin. Y justifica el uso de cualquier medio para conseguirlo, incluida la demolición del orden basado en urnas, leyes y derechos humanos. En eso estamos.

La analogía de Argemino Barro ("¿Crees que somos tendenciosos cuando hablamos de Trump?) es perfecta: el sheriff de la Casa Blanca mueve la portería, zarandea el tablero y se cisca en las reglas del juego. Lo malo es el contagio porque el poder de los cabestros es guiar a las reses bravas. Orbán asume para Hungría el papel de "laboratorio europeo de esas recetas, Wilders (Países Bajos) se define como "compañero de armas" de Trump, Abascal (España) pide el hundimiento de los barcos que acuden a salvar inmigrantes en el mar, etc.

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