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Los políticos deberían mirarse en la pugna BBVA-Banco Sabadell
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Antonio Casado

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Los políticos deberían mirarse en la pugna BBVA-Banco Sabadell

Al grande no le valió de nada ofrecer a los dueños del pequeño más de lo que valían sus acciones en Bolsa. Jugó fuerte, perdió y asumió la derrota con deportividad

Foto: Presidente del Sabadell, Josep Oliu. (EFE/Quique García)
Presidente del Sabadell, Josep Oliu. (EFE/Quique García)
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No se entendieron por arriba, como en el intento de hace cinco años. Así que las cúpulas dieron la palabra a los verdaderos dueños y decidieron las bases. Habló el accionariado del Sabadell y funcionó ejemplarmente la democracia.

Al BBVA no le cundió ofrecer más de lo que las acciones valían en Bolsa. Jugó fuerte, perdió y asumió deportivamente la derrota. Ganó el pequeño y perdió el grande, tras una campaña en la que deberían mirarse los políticos convencionales.

Salieron adelante las tesis del Banco Sabadell cuyos dirigentes apostaron por la proximidad y la competencia, mientras que los del BBVA apostaron por el tamaño (más créditos y más eficiencia, gracias a la complementariedad), según ha vuelto su explicar su presidente, Carlos Torres, al conocerse el desenlace de la OPA anunciado este jueves por la CNMV (Comisión Nacional del Mercado de Valores).

Año y medio después de iniciado el pulso, respiran más tranquilos los empleados valencianos y catalanes de ambos bancos donde el solapamiento hubiera traído una ola de despidos. El juego traía además recados aplaudidos por quienes nos identificamos con la causa de la España vacía y el achicamiento de espacios entre el ciudadano y los servicios bancarios. Es verdad: faltan cajeros, como faltan farmacias, bares y escuelas.

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El BBVA esgrimió buenas razones a lo largo de las veintitantas "vallas" que, en expresión de Torres, ha ido salvando. Al fin y al cabo, las dos entidades son solventes, rentables, españolas y las dos asumen los marcos regulatorios: CNMV, CNMC (Comisión Nacional del Mercado de la Competencia) y el Gobierno, con los datos servidos por las dos entidades bancarias.

Que la OPA no era buena para las "pymes" (pequeñas y medianas empresas), los accionistas y los empleados de la entidad menor (Sabadell) frente a la voracidad del mayor (BBVA) cursó como un eslogan más pregonado por los directivos de la entidad catalana en la larga y disputada campaña publicitaria de ambos, eludiendo intentos de politizar un negocio bancario.

Sin ser decisivo hubo trasfondo político, aunque la Unión Europea advirtió al Gobierno contra la tentación de bloquear la OPA

Influyó la filtración del primer acercamiento de las cúpulas en vísperas de las elecciones catalanas (12 mayo 2024). Antonio Garamendi, presidente de la patronal (CEOE), denunció ciertas maniobras del Gobierno (endurecimiento de las condiciones de la operación por razones de "interés general") aunque la UE le había advertido contra la tentación de bloquearla.

A los ojos de la Moncloa no era de mejor condición la estirpe catalana del pequeño que la vasca del grande en supuesta colisión entre dos jurisdicciones: la del mercado y la del Gobierno. Pero hubo trasfondo, sobre todo por la parte catalana. El presidente de la Generalitat, Salvador Illa, no se esconde al celebrar el fracaso de la OPA, incluso por encima de los partidos nacionalistas vascos y catalanes, teóricamente interesados en visualizar la identidad territorial de ambas entidades.

Aitor Esteban (PNV) se desentendió en su día de la operación porque el BBVA ya es un banco "españolista". Y en cuanto a la catalanidad del Sabadell, solo Illa (franquicia sanchista) y Sánchez Llibre (Foment del Treball) se pronunciaron contra la Opa. Ni Junts ni ERC lo hicieron. De hecho, el vocal de la CNMC a propuesta de Junts votó a favor de la opa sin romper la unanimidad de sus cinco miembros.

Foto: deriva-politica-opa-bbva-sabadell

El grande quiso ser más grande porque así lo reclamaban las escalas del negocio bancario (buena parte de su negocio está fuerza de la UE, sobre todo en Latinoamérica). Era una posición razonable y adaptada al signo globalizador de los tiempos, pero fue rechazada por el consejo de administración y los accionistas del Sabadell, que solo en un 25,33% han aceptado la oferta.

No se entendieron por arriba, como en el intento de hace cinco años. Así que las cúpulas dieron la palabra a los verdaderos dueños y decidieron las bases. Habló el accionariado del Sabadell y funcionó ejemplarmente la democracia.

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