La noticia de que la A.N. puede investigar el origen de los dineros del PSOE nos recuerda que la corrupción solo se depura en el ámbito judicial y no en el político (fallida comisión Koldo)
El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, durante la Comisión de Investigación sobre el 'caso Koldo', en el Senado. (Europa Press/Eduardo Parra)
La novedad de la posible investigación de los pagos en efectivo del PSOE por la Audiencia Nacional mató en vida el impacto mediático del paso del presidente del Gobierno por el Senado, donde no funcionó aquello de que "si dice la verdad, va a al banquillo y si miente, también" (Feijóo dixit).
Esta noticia sobre los dineros inconfesables de Ferraz sugiere que la corrupción en el seno del sanchismo puede depurarse en el ámbito judicial. No en el político, donde Sánchez acababa de admitir que él, personalmente, recibió dinero en efectivo, pero "siempre con factura" y nunca por más de 1.000 euros ("en absoluto").
O sea, nada que pudiera presumir la existencia de fondos de procedencia inconfesable porque "una cosa es dinero en efectivo y otra, dinero negro de caja B", precisó. No pasó de ahí. Lo demás fueron escapadas a los cerros de Úbeda.
Los silencios se han convertido en los mejores indicadores para descifrar su personalidad narcisista. La locuacidad, para autojalearse ante los votantes. El mutismo, las evasivas, lo que calla, para protegerse de los jueces.
Sánchez puede seducir a los votantes con las herramientas del poder. No a los jueces, como brazo independiente al servicio del Estado
La desmemoria le aleja del procesamiento, pero le hace parecer un líder desinformado. Es el precio de su pánico a los jueces.
Lo digo de otro modo:
El riesgo de pasar por un presidente del Gobierno que no se enteraba de lo que ocurría a su alrededor ("No lo sé", "no me consta", "no recuerdo") le compensa de su miedo al banquillo. Mejor pasar por gobernante desinformado. A los electores se les puede seducir con las muchas herramientas del poder político. Pero no a los jueces, que son un brazo independiente al servicio del Estado.
Por eso en el Palacio de la Moncloa se ha enfriado la euforia de quienes celebraban la victoria de Sánchez en la Cámara Alta al saber que el juez del Tribunal Supremo, Leopoldo Puente, había enviado a la A.N. la información acumulada que, dentro del caso Koldo, sugiere la existencia de "incógnitas" a despejar por si ha habido actividades irregulares en relación con "pagos no documentados", "compensaciones en metálico" de gastos no verificados, "ausencia de comprobación del origen" de esos fondos, y otros puntos oscuros que podrían constituir "conductas potencialmente o delictivas".
Una novedad judicial procedente no de las respuestas de Sánchez en la comisión Koldo, sino de las recientes deposiciones en sede judicial del ex gerente del PSOE, Mariano Moreno, y una trabajadora de la secretaría de Organización, Celia Rodríguez, por cuyas manos pasaba el dinero en efectivo que repartía Koldo García como si fuera un cajero ambulante.
Todo eso me permite insistir. Solo el acosado poder judicial (brazo del Estado), que comparte con el poder mediático (brazo de la Sociedad) los señalamientos de la Moncloa (del "lawfare" a los "seudomedios"), tiene la capacidad institucional de desmentir a Sánchez cuando, sin esperar el pronunciamiento de los jueces, da rienda suelta a su locuacidad y sostiene públicamente que el dinero del PSOE es limpio, legal y transparente, que su mujer es inocente, que su hermano es inocente, que su fiscal general es inocente y que él dirige sobrado de logros al Gobierno "más limpio de la democracia, junto al de Rodríguez Zapatero".
La novedad de la posible investigación de los pagos en efectivo del PSOE por la Audiencia Nacional mató en vida el impacto mediático del paso del presidente del Gobierno por el Senado, donde no funcionó aquello de que "si dice la verdad, va a al banquillo y si miente, también" (Feijóo dixit).