El apremiante braceo del todavía presidente del Gobierno para seguir en el pedestal expresa cómo ha ido perdiendo legitimidad de ejercicio en el desempeño del poder
La presidenta del PSOE, Cristina Narbona, el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, y la secretaria de Organización del PSOE, Rebeca Torró Soler. (Europa Press/Carlos Luján)
La inconsistencia de las explicaciones de personajes implicados en la corrupción de kilómetro cero -vista desde la Moncloa- así como las que pregonan la coronación de este Gobierno como el mejor de la historia contemporánea -visto también desde la Moncloa, claro- expresan cómo en el apremiante braceo por seguir en el pedestal, frente a una realidad muy tozuda que le acorrala, Pedro Sánchez ha ido perdiendo la legitimidad de ejercicioen el desempeño del poder.
Se retrata en la aversión indisimulada a los jueces, fiscales, periodistas o guardias civiles que no marcan el paso alegre del Gobierno progresista que todo lo hace bien. Pero lo cierto es que la confiscación de los brazos del Estado al servicio de una ambición personal no le ha servido para impedir, por ejemplo, que las previsiones del CIS (Centro de Investigaciones Sociológicas) se conviertan en el hazmerreír de la gente, mientras el ministro Puente busca en las letras de Rosalía pedradas contra el PP, la vicepresidenta Montero promete multilateralidad y bilateralidad de curso simultáneo en su propuesta de financiación autonómica, Leire Díez (fontanera disfrazada de periodista) no reconoce su propia voz, el fiscal general se hace de nuevas en la filtración de un documento de la Fiscalía, los cráneos privilegiados de la Moncloa ponen en marcha un plan de rejuvenecimiento del jefe en las redes sociales…y así sucesivamente.
La insoportable levedad del relato enlatado en la Moncloa genera estupor. Todo es barato, confuso, oscuro, difícil de explicar, difícil de entender. Sin embargo, el jefe se lo puede permitir porque, aunque siga campeando sobre mensajes que parecen dirigidos a un parvulario, la normativa está de su parte.
Al menos por ahora, no procede una cuenta atrás antes de la muerte natural de la legislatura. Nadie de su sindicato de socorristas está dispuesto a cambiar de bando en una moción de censura. Y nadie de su propia familia política tiene el arrojo ni la capacidad de derribarle sin urnas por medio.
Por tanto, no me extraña que aún se vea de candidato en las próximas elecciones generales. Más difícil era sobrevivir al escándalo de vidas tan poco ejemplares como las de Ábalos, Cerdán y Koldo, que medraron por él y con él. Pero le basta con decir que ya no pertenecen al PSOE.
Aquí procede acordarse de Ana María Botella, exsecretaria de Estado de Seguridad (2018-2020), víctima política de algunos hombres "ni buenos, ni justos, ni para nada ejemplares, dos de ellos con graves problemas con la Justicia, como Santos Cerdán y José Luis Ábalos". A los dos secretarios de Organización del PSOE, que influyeron en su abrupta salida de la política, se refiere como "hombres mediocres que han medrado en la política como su única forma de vida, hasta que la realidad, los ciudadanos y hasta la Justicia los puso en su sitio". Así lo ha dejado escrito en un reciente artículo publicado en '20 Minutos' ('Vida y muerte de las mujeres en la política').
Ábalos, Cerdán y Koldo medraron por él y con él. Pero ahora se los quita de encima diciendo que ya no pertenecen al PSOE
"Habida cuenta que usted cuestiona la calidad política y humana de Ábalos y Cerdán y habida cuenta que ambos son criaturas políticas de Sánchez ¿haría extensivo a Sánchez lo mismo que usted predica de ellos?". Pero Ana María, licenciada en Geografía e Historia, diplomada en Comercio Exterior, diputada del Congreso en varias legislaturas, exdelegada del Gobierno en la Comunidad Valenciana no quiso ahondar en la vieja doctrina del palo y la astilla como método de acercamiento a la realidad.
Otra vez será.
La inconsistencia de las explicaciones de personajes implicados en la corrupción de kilómetro cero -vista desde la Moncloa- así como las que pregonan la coronación de este Gobierno como el mejor de la historia contemporánea -visto también desde la Moncloa, claro- expresan cómo en el apremiante braceo por seguir en el pedestal, frente a una realidad muy tozuda que le acorrala, Pedro Sánchez ha ido perdiendo la legitimidad de ejercicioen el desempeño del poder.