El "puto amo" tiene un gravísimo problema de credibilidad frente a un Gobierno que funciona como un coche sin gasolina y ya no puede decir eso de que "somos más"
Pedro Sánchez y su mujer, Begoña Gómez. (EFE/Juanjo Martín)
Las plegarias no fueron escuchadas pero las intenciones eran malvadas: "Carrillo en Madrid, Suárez en la Moncloa: solo nos queda rezar". Así tituló en portada cierto periódico de vida corta a principios de 1977. Metáfora perfecta de efecto retroactivo sobre la derrota del "búnker" ante la patriótica apuesta reconciliadora de los comunistas de Carrillo y la parte franquista encabezada por Suárez que abrió por dentro las puertas del régimen.
Aquel juego de palabras inspira el título de mi entrega de hoy con idéntica intención: proyectar la anatomía de un instante. Como el de aquellas vísperas de la legalización del PCE, que anticipó el estreno del régimen democrático de 1978. El mismo que, según la doctrina Zarzalejos ("La huella de Sánchez", no se lo pierdan) empezó a tambalearse el 1 de junio de 2018.
En esa fecha se produjo el salto a la fama de quien declaró especies protegidas a los enemigos del Estado. A cambio de una mirada condescendiente hacia un régimen personalista que a lo largo de tres legislaturas y media "ha desactivado paulatinamente el equilibrio de poderes y las garantías de funcionamiento democrático del Estado de Derecho", según el certero diagnóstico del presidente editorial de El Confidencial.
La anatomía del instante se corresponde con los hechos del jueves 27 de noviembre de 2025: Sánchez sigue en la Moncloa, pero sus socorristas le dejan tirado en el Parlamento y el sanchismo fundacional (Ábalos y Koldo) comparte esa noche la celda 212 de Soto del Real. Señales de un fin de época, por descomposición del pedestal sobre el que se erigió el "puto amo". El braceo no da más de sí. Sánchez está afectado por un gravísimo problema de credibilidad al frente de un Gobierno que funciona como coche sin gasolina. La corrupción por arriba arruina el carisma de un líder que llegó al poder anunciando voluntad regeneradora y ya no puede decir eso de "somos más".
Si por amor su esposa chantajeó al pueblo, tal vez ahora las insinuaciones de Ábalos provoquen en Sánchez un ataque de dignidad
Con Sánchez en la Moncloa y el sanchismo en la cárcel, solo queda rezar para que el estado de conmoción de los españoles le mueva a convocar elecciones y terminar con el desbarajuste y la desvergüenza del régimen alumbrado en una moción de censura hace más de siete años.
Si su desbordante fe en la democracia no le dicta un nuevo reparto de cartas en las urnas, que le inspire un ataque de dignidad herida ante las posibles revelaciones de su exministro, José Luis Ábalos, sobre los presuntos manejos de Begoña Gómez para favorecer el rescate de Air Europa en los tiempos recios de la pandemia. Si por amor su esposa ya chantajeó en su día al pueblo soberano (amenazó con irse si los jueces no la dejaban en paz), tal vez ahora quiera salir al paso de esas insinuaciones demostrando en las urnas que su Gobierno es el más honesto y el más eficaz. Lo de "más estable", ya si eso, mejor que se lo guarde.
Pero, ¿qué pasó con Air Europa? ¿Por qué las explicaciones del presidente del Gobierno se limitan a denunciar la máquina del fango del PP?
Lo malo es el silencio. En sede parlamentaria echa balones fuera cuando se le pregunta si, a instancias de su esposa, intervino en el rescate de la aerolínea haciendo el juego a la trama infiltrada en el poder del Estado de la mano de Ábalos y su fiel escudero, Koldo, ambos encarcelados desde el jueves pasado.
La callada por respuesta desarma incluso a quienes en este asunto concedemos el beneficio de la duda al tratarse de una empresa puntera de nuestra primera industria (el turismo) por razones de interés general.
Las plegarias no fueron escuchadas pero las intenciones eran malvadas: "Carrillo en Madrid, Suárez en la Moncloa: solo nos queda rezar". Así tituló en portada cierto periódico de vida corta a principios de 1977. Metáfora perfecta de efecto retroactivo sobre la derrota del "búnker" ante la patriótica apuesta reconciliadora de los comunistas de Carrillo y la parte franquista encabezada por Suárez que abrió por dentro las puertas del régimen.