Al PP no le hacía ninguna falta chafarle el domingo a unos miles de personas que no necesitan de frases enlatadas para saber que el sanchismo no da más de sí
Concentración convocada por el PP contra la corrupción del Gobierno. (EP)
Al PP se le dan mejor las encuestas que la calle. Las cifras de la manifestación del domingo junto al templo de Debod no son para tirar cohetes. Sin embargo, los sondeos anuncian una abrumadora mayoría absoluta PP-Vox con tendencia a aumentar a medida que jueces, medios de comunicación, Guardia Civil y ciudadanos en general han ido descubriendo que era verdad todo lo que en materia de desvergüenza parecía mentira.
Mientras busca compañeros de viaje para heredar del adversario el papel de "mal menor" en la Moncloa, a Feijóo no le hacía ninguna falta arruinar el domingo a unos miles de personas, incluidas las de sus cuadros nacionales, autonómicos, provinciales y locales, que no necesitan de frases enlatadas ("Ellos han perdido la vergüenza, pero España no ha perdido la dignidad") para saber que el sanchismo no da más de sí, aunque Sánchez y sus falanges mediáticas sigan braceando.
No se desbordaron las pasiones allí donde estuvo el famoso Cuartel de la Montaña (memoria de la guerra civil) porque lo de Feijóo no es precisamente enardecer a las masas. Razón de más para que su Estado Mayor le hubiera disuadido de insistir en este tipo de manifestaciones (séptima desde su salto al liderazgo nacional del PP en abril de 2022)
La temperatura política compitió a la baja con el frío matinal y hasta los aplausos parecían de obligado cumplimiento. Ya no se calientan las gargantas por pedir elecciones o hablar de un "sanchismo en descomposición" que "está en la cárcel y debe salir del Gobierno", que tiembla ante el próximo informe de la UCO o que sube los impuestos mientras los amigos de Sánchez "cuentan billetes de 500 euros".
En la Moncloa temen más a Cerdán que a Ábalos, aunque ambos medraron por Sánchez y con Sánchez en lo patrimonial y en lo político
Lo demás carece de interés en el análisis de las dos convocatorias de la derecha que de transversales no tuvieron nada, por mucho que Feijóo pregonase la "falta de siglas" y claveteara el discurso sobre las diferencias con Vox (sus cachorros optaron por reunirse a insultar a Sánchez junto a la sede del PSOE), con enésimo ruego de los de Abascal no se equivoquen de adversario.
Si acaso, dos apuntes de cierta relevancia. Uno, la presencia del exdirigente de Vox, Espinosa de los Monteros, en el acto del PP. Y otro, el respaldo público, explícito, televisado, de Díaz Ayuso al líder del partido como "próximo presidente del Gobierno de España". Al menos revela la intención de desactivar el provocador discurso sanchista sobre la rivalidad de la presidenta madrileña con el candidato oficial del partido a la Moncloa.
Ni lo uno ni lo otro va a influir en una eventual rendición de Sánchez —descartable por ahora— ante la negrura de su horizonte (el judicial y el parlamentario), tras la quiebra del sindicato de socorristas, el encarcelamiento del sanchismo fundacional y las amenazas de José Luis Ábalos de romper el pacto de silencio con su viejo amigo.
En Moncloa temen más al despliegue judicial de las andanzas de Santos Cerdán. Los dos medraron con Sánchez y por Sánchez. En lo patrimonial y en lo político. Si uno fue coprotagonista en la moción de censura contra Mariano Rajoy, el otro gestionó con éxito el fichaje de los nacionalistas vascos y catalanes como costaleros de Sánchez en el otoño de 2023.
Ahora la consigna es vender sensación de normalidad y calentar motores para el tiempo electoral que se avecina, al menos a escala autonómica, empezando por Extremadura, donde se estrena Sánchez en carne mortal el jueves que viene.
Al PP se le dan mejor las encuestas que la calle. Las cifras de la manifestación del domingo junto al templo de Debod no son para tirar cohetes. Sin embargo, los sondeos anuncian una abrumadora mayoría absoluta PP-Vox con tendencia a aumentar a medida que jueces, medios de comunicación, Guardia Civil y ciudadanos en general han ido descubriendo que era verdad todo lo que en materia de desvergüenza parecía mentira.