Juan Carlos de Borbón: "Inoportuno" e "innecesario"
Ni el libro de memorias ni su vídeo promocional en redes sociales funcionan como apoyo no reclamado a su hijo, más allá de su recorrido en los programas de salseo
Juan Carlos, en el vídeo en el que se dirige a los jóvenes para pedirles que apoyen a su hijo, el rey Felipe VI. (EFE/YouTube)
Hoy sale a la venta en España el libro 'Reconciliación'. La letra y el espíritu de la línea política asumida por el Partido Comunista, veinte años después de la sublevación militar que dio lugar a una guerra civil, ha ido a parar al título del libro de memorias de Juan Carlos I que ha transcrito una periodista franco-venezolana que se declara fan del emérito.
Señalo el curioso detalle historiográfico porque sirve para matizar el protagonismo que el personaje se atribuye tanto en el libro como en un reciente mensaje promocional ("inoportuno" e "innecesario", como dicen en la Zarzuela), so pretexto de explicar "sin distorsiones interesadas" la transición y la histórica tarea de "conectar a España con el resto del mundo".
Pero la distorsión la lleva puesta don Juan Carlos de Borbón. Es un mensajero seriamente averiado. Porque está en deuda moral con los españoles, aunque él crea que es al revés. Por su falta de ejemplaridad en la última etapa de su reinado. Y por su errónea percepción de la realidad tras cinco largos años de alejamiento junto a unos consejeros que le bailan el agua en vez de impedir que cometa tantos errores.
Ponerse en plan didáctico frente a las nuevas generaciones exige recordar que el advenimiento de la democracia no habría sido posible sin la confluencia de dos patriotismos. Por un lado, el de franquistas como Juan Carlos, Adolfo Suárez, Torcuato Fernández Miranda o Miguel Primo de Rivera. Por otro, el de comunistas como Dolores Ibárruri y Santiago Carrillo, cuya doctrina sobre la "reconciliación nacional" (verano de 1956, comité central del PCE reunido en Berlín Este), estaba cargada de futuro al tomar vuelo político cuando don Juan Carlos todavía era un cachorro de 18 años en la corte del general Franco.
Los elogios a Franco con efecto retroactivo se confunden con el innecesario -si no contraproducente- llamamiento a la ciudadanía en favor de Felipe VI, sin que este se lo pidiera. Al menos en el caso del libro tuvo el detalle de enviar a la Casa del Rey un borrador sobre el que Zarzuela hizo ciertos retoques. No ha sido el caso del vídeo donde el emérito anima a los jóvenes a conocer la historia de España y apoyar a su hijo.
Pero el hijo no necesita esta clase de ayudas. Ni las reclama. Le basta predicar con el ejemplo y hacer bien el trabajo. El que le asigna la Constitución. Sin pararse a valorar la repercusión de las memorias y el mensaje prenavideño del padre, al que nadie niega un lugar preeminente en la historia y unos funerales de Estado ya protocolizados. Aunque eso no le redime del arrinconamiento, explica su exclusión del acto oficial por el reciente cincuentenario de la restauración monárquica.
Ni el emérito ni su transcriptora se interesan en el porqué de la remontada de la Corona desde que pasó a manos de Felipe VI
El emérito dispara contra sí mismo. Una forma de harakiri a cámara lenta. Está atrapado en un proceso que banaliza su figura, pero ni él ni sus consejeros parecen percatarse. El libro y el vídeo no cursan precisamente como embellecedores de sí mismo, de la Corona o de la figura de su hijo, más allá del recorrido que les espera en los programas de salseo nacional.
Y respecto al fondo de la cuestión, es fácil constatar que la Monarquía Constitucional goza de buena salud gracias al hijo y a pesar del padre. Por eso resultan innecesarios y quizás contraproducentes los presuntos deseos de arropar al Rey. No hacía ninguna falta. Pero ni el "emérito" ni la transcriptora, Laurence Debray, han tenido demasiado interés en profundizar en el porqué de la remontada de la Corona desde que pasó a estar personalizada por Felipe VI.
Hoy sale a la venta en España el libro 'Reconciliación'. La letra y el espíritu de la línea política asumida por el Partido Comunista, veinte años después de la sublevación militar que dio lugar a una guerra civil, ha ido a parar al título del libro de memorias de Juan Carlos I que ha transcrito una periodista franco-venezolana que se declara fan del emérito.