La industria de la desvergüenza y el retrato de Dorian Gray
Se dispara el quinielismo sobre el "tres de cuatro", formulado por Feijóo ante la posibilidad de que Sánchez acabe en el banquillo como el cuarto componente del grupo fundacional
El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez. (Europa Press/Eduardo Parra)
La industria de la desvergüenza se desmorona y el rostro de Dorian "Sánchez" Gray lo va diciendo. Es visible el aflojamiento de los hilos tensores de la cara como factura por sus frecuentes ataques de contrariedad. Se acerca el final y lo sabe.
Lo pregona la descomposición del Gobierno "más limpio de la democracia". No por culpa de los "fabricantes de fango" sino por el celo indagatorio de la UCO (Guardia Civil), la UDEF (Policía Nacional) y la Fiscalía Anticorrupción que, haciendo su trabajo tutelado por los jueces, están destapando las tramas paralelas o convergentes que han convertido el régimen sanchista en un basurero.
Último aldabonazo. La vicepresidenta, Yolanda Díaz, exige un "cambio profundo" porque "así no podemos seguir". Y cunde el desaliento de unos ciudadanos que ya no saben dónde mirar para calcular el tamaño de la ola de inmoralidad que empapa la imagen pública del PSOE.
Es un no parar: mascarillas, hidrocarburos, mordidas, el fiscal general inhabilitado por el Tribunal Supremo, subidón de Sánchez con trampas en las primarias de 2017, cátedra de Begoña, compra de voluntades, ni un día sin "me too" de mujeres acosadas dentro del PSOE, la versátil fontanera de Ferraz, Acciona, Air Europa Plus Ultra, SEPI, chistorras, lechugas, pulsos de familia entre el "guapo" y el "putero"...
Los mejicanos del PRI acusan a Sánchez de convertir la Internacional Socialista en una organización "antidemocrática y corrupta"
Lo del putero (Ábalos) y sus imitadores en las filas de la izquierda (alcalde de Almusafes, uno más) resuena a escala internacional en el prestigioso diario británico "The Guardian", que denuncia el falso compromiso feminista del todavía presidente del Gobierno en este pozo sin fondo de la inmoralidad que parece habernos curado de espanto. Hasta que, según denuncian los mejicanos del PRI, Sánchez haya podido convertir la Internacional Socialista en una organización "antidemocrática y corrupta" usada por Maduro para "triangular recursos de dudosa procedencia".
En estas circunstancias se dispara el quinielismo sobre el "tres de cuatro", formulado por Feijóo ante la posibilidad de que Sánchez acabe en los Juzgados como el cuarto componente de la epopeya fundacional del Peugeot. Al menos por responsabilidad civil (culpa "in vigilando") ¿O alguien cree que Ábalos, Cerdán o Koldo eran para él unos perfectos desconocidos?
Tampoco es descartable la complicidad o el encubrimiento, ya de carácter penal, si se demostrase que realmente Leire Díez era una recadera de Sánchez, como inspirador del intento de extorsión contra un jefe de la UCO, dos fiscales y un juez.
Además, sigue viva la sospecha de que el PSOE pudo haberse beneficiado "a título lucrativo" de las tramas corruptas. Me refiero a la posible financiación ilegal (artículo 304 bis del Código Penal), que ya está siendo investigado en pieza separada del caso Koldo (Juzgado número 2 de la AN.
¿La hubo? Y si la hubo, ¿lo sabía Sánchez o, en su caso, lo consintió?
Con la que está cayendo, nadie pone ya la mano en el fuego por Sánchez en relación con las sospechas que siembran las generosas idas y venidas de dinero en efectivo entre 2017 y 2024. O, más concretamente, la presunta entrega de dinero en metálico en la sede central del PSOE por parte de la empresaria Carmen Pano (vinculada al escándalo de la licencia para operar en el mercado de los hidrocarburos), según ella misma ha declarado ante notario, en el Senado y en sede judicial.
La industria de la desvergüenza se desmorona y el rostro de Dorian "Sánchez" Gray lo va diciendo. Es visible el aflojamiento de los hilos tensores de la cara como factura por sus frecuentes ataques de contrariedad. Se acerca el final y lo sabe.