La abstención y el voto a su izquierda hunden al PSOE
María Guardiola (PP) intentará gobernar en solitario, aunque no haya alcanzado la mayoría absoluta, salvo un desestabilizador alineamiento de Gallardo (PSOE) con Óscar Fernández (Vox)
La candidata del Partido Popular a la presidencia de la Junta de Extremadura María Guardiola. (EFE/Jero Morales)
Extremadura no mata a Sánchez, pero funciona como telonera de su caída. Aunque no puede decirse que la de ayer fuese una noche completamente feliz del PP (no alcanzó la mayoría absoluta), es el primero de cuatro aldabonazos diseñados por Feijóo para pregonar el cambio de ciclo a escala nacional.
Puede decirse de otro modo. El sanchismo, como variante tóxica del PSOE, muerde el polvo por la desbandada de sus votantes hacia la abstención y hacia Unidos por Extremadura (la izquierda a la izquierda del PSOE, pero sin Sumar). En ambas opciones electorales ha encontrado el desalentado votante socialista una razón para acudir a las urnas y una forma de expresar su malestar. Es un fruto del desbarajuste reinante en las filas del PSOE y en el personalista Gobierno de Sánchez, que ha fantaseado en campaña sobre lo que renta a los españoles un Gobierno "progresista".
En principio, los números (29 escaños) le darían a Guardiola para intentar gobernar en solitario, con pactos puntuales con Vox y repetir como presidenta, aunque no haya alcanzado la mayoría absoluta, salvo absurdo e inhabilitante alineamiento de socialista de Miguel Gallardo con los ultras de Óscar Fernández. La incógnita está por despejar. Abierta queda la posibilidad de que la gobernación de Extremadura quede en manos de un gobierno monocolor del PP o bien su candidata, María Guardiola, está abocada, como me temo, a seguir con los grilletes de Vox en los tobillos.
Es inevitable descifrar el recuento de anoche en clave precursora del mapa político nacional. El PP se impone a sus adversarios por la derecha (Vox) y por la izquierda (PSOE) y se confirma como alternativa creíble a la Moncloa con el viento demoscópico a favor en las tres citas electorales a la vista (Aragón en febrero, Castilla y León en marzo y Andalucía en junio) para capitalizar la percepción de un ciclo que no da más de sí.
¿Con qué cara cuestionará la derechización de Extremadura quien ha convertido en especies protegidas a los enemigos del Estado?
Suma y sigue. Con un candidato procesado por la justicia (prevaricación y tráfico de influencias), era la primera prueba de urnas a la que se sometía el último sanchismo. El alumbrado tras las elecciones del 23 de julio de 2023. Por sus frutos lo conocemos: corrupción de cercanías y hermanamiento con los enemigos del Estado. Suspenso sin paliativos en su primera comparecencia ante el pueblo soberano. La marca PSOE pierde 10 diputados respecto a las elecciones autonómicas de 2023. Un resultado apto para usos proféticos sobre el futuro de España, aprovechando que el tablero extremeño reproduce la triangulación del poder PP-PSOE-Vox por la conquista de la Moncloa. Pero, ojo, sin las especies protegidas de los nacionalismos vasco y catalán, que cursan como elementos imprescindibles en el análisis mientras Sánchez siga en la Moncloa. Y vaya usted a saber qué se le ocurre para seguir en el pedestal, incluso por las sendas anticonstitucionales que convienen al secesionismo y a la extrema izquierda.
Los resultados de las elecciones extremeñas se vuelven como un búmeran contra el discurso oficial de la Moncloa: "Somos más". Pero ahora en boca del PP, claro (la suma PP-Vox es de 40 escaños, frente a los 25 de la suma PSOE-UxE). A los demás nos toca decidir si es de peor condición construir paraísos artificiales por la derecha que por la izquierda ¿Con qué cara va a cuestionar Sánchez la derechización de Extremadura -o eventualmente la de España- quien ha convertido en especies protegidas a los enemigos declarados del Estado?
Lo demás sirve como caldo de cerebro sobre los posibles errores del PP en el tramo final de la campaña como supuestos causantes de haber quedado por debajo de los 33 escaños ¿Y quién dice que no acudir al último debate de candidatos en TVE le hubiera rentado más que su presencia en el festival de la "Zambomba Flamenca" con artistas de la desamparada tierra extremeña? Hablar por hablar. Lo mismo que sostener ahora que, al darle la vuelta al mantra socialista de que PP y Vox son lo mismo, a María Guardiola le ha funcionado (¿?) la identificación del PSOE con Vox en sus apelaciones al voto útil. Votar PSOE es votar a Vox" fue su estribillo en la campaña.
Extremadura no mata a Sánchez, pero funciona como telonera de su caída. Aunque no puede decirse que la de ayer fuese una noche completamente feliz del PP (no alcanzó la mayoría absoluta), es el primero de cuatro aldabonazos diseñados por Feijóo para pregonar el cambio de ciclo a escala nacional.