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Trump y Maduro: dos matones de muy desigual musculatura
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Trump y Maduro: dos matones de muy desigual musculatura

Maduro merecía la cancelación por higiene democrática, pero no así, no mediante un secuestro a sangre y fuego que le iguala moralmente a su secuestrador

Foto: El presidente de Venezuela, Nicolás Maduro. (EFE)
El presidente de Venezuela, Nicolás Maduro. (EFE)
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El hasta ahora presidente de Venezuela es un tirano bananero que merecía la cancelación por higiene democrática. Pero no así, si nos atenemos al pentagrama de nuestros cantos a la democracia, la legalidad y los derechos humanos. No mediante un secuestro perpetrado a sangre y fuego porque eso iguala moralmente a Trump y Maduro, dos matones de musculación desigual. De nuevo el eterno dilema moral entre el fin y los medios. No son remilgos. Es reconocerse en una reglada comunidad de naciones incompatible con la ley de la selva.

Silencio de la Corte Internacional de Justicia de la ONU. Ni media palabra del Congreso norteamericano sobre la captura de Maduro y su esposa a cargo de un comando de la "Delta Force" con licencia para asesinar en nombre del cabestro de la Casa Blanca. Todo lo demás es hablar por hablar. Mirando hacia allá, la doctrina Monroe y el histórico ascendiente fáctico de EE. UU. sobre su patio trasero, como si esas referencias argumentales sirvieran para justificar lo injustificable. Y mirando hacia acá, la inexplorada trama de complicidades de las izquierdas españolas (de Iglesias a Sánchez, de Monedero a Zapatero) con el abominable régimen chavista.

La francesa Marine Le Pen no es una roja peligrosa. Va del brazo de Vox en el Parlamento Europeo. En una muy comentada nota alude a las mil razones para condenar a un régimen "comunista", "oligárquico", "autoritario". Pero declara innegociable el principio la soberanía nacional: "Es sagrado". Y sostiene que esta arrogante operación militar solo puede hacerse perdonar dando la palabra a los venezolanos lo antes posible.

No encuentro testimonio menos sospechoso ante la embestida antidemocrática de Trump y su concepción de la política, latente en su lucrativa mirada sobre Venezuela, de la que "va a sacar petróleo" (Jordi Évole). Las urnas, la ley y los derechos humanos le traen sin cuidado. Solo le interesan las riquezas de Venezuela y frenar los negocios chinos en Sudamérica.

¿Quién va a impedir ahora que Putin remate su apropiación de Ucrania o Xi Jinping haga lo propio en Taiwán?

Dice que, una vez capturado el tirano, será él quien pilote el operativo hacia una transición "segura, adecuada y sensata". En la narrativa no aparecen referencias al medio centenar de muertos en el asalto. Pero se habla de decidir los destinos de Venezuela con el mismo descaro y la misma falta de respeto que cuando Trump sugiere una apropiación indebida de Groenlandia o Canadá en virtud de su real gana, condicionada por la imprevisibilidad del llamado "trastorno explosivo intermitente".

Derrocar un régimen es más fácil que generar estabilidad. Mal pintan los antecedentes en, por ejemplo, Siria, Libia, Irak, Afganistán, etc. La oposición democrática que personaliza María Corina Machado no entra en la ecuación: "Es muy agradable, pero no cuenta con el respeto del país", dice Trump. Le vale la complicidad de la vicepresidenta, Delcy Rodríguez, si se presta al juego. Y si no se presta, "pagará un precio todavía más alto", amenaza. Y eso quiere decir que Trump fía la estabilidad del país al retorno de las empresas norteamericanas (el "comercialismo", como elemento de cohesión, según los gurús de la ilustración oscura) más que a la voluntad del pueblo soberano expresada en las urnas. Eso no le corre ninguna prisa.

Foto: venezuela-democracia-espana-gobierno-1hms Opinión
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En resumen, la captura de Maduro, al margen de la legalidad internacional (¿Y por qué no Netanyahu, o Putin, sobre los que pesa orden de arresto del Tribunal Penal Internacional por delitos mucho peores que el narcotráfico?), no es una buena noticia para los demócratas del mundo. Aunque quienes así lo creen sean tan irrelevantes como la UE, el Gobierno de España y el firmante de este comentario. Por ese orden. Pero, como aviso para navegantes, insisto en la admonición de mi última entrega: "Después de lo ocurrido en Venezuela, ¿quién va a impedir que Putin remate su apropiación indebida de Ucrania o Xi Jinping haga lo propio en Taiwán?

El hasta ahora presidente de Venezuela es un tirano bananero que merecía la cancelación por higiene democrática. Pero no así, si nos atenemos al pentagrama de nuestros cantos a la democracia, la legalidad y los derechos humanos. No mediante un secuestro perpetrado a sangre y fuego porque eso iguala moralmente a Trump y Maduro, dos matones de musculación desigual. De nuevo el eterno dilema moral entre el fin y los medios. No son remilgos. Es reconocerse en una reglada comunidad de naciones incompatible con la ley de la selva.

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