El modelo presentado por la vicepresidenta Montero atenta contra la aritmética y el dogma de la solidaridad entre personas y territorios, pero solo es una declaración de intenciones
Montero presenta la propuesta del nuevo modelo de financiación. (EFE)
El anunciado volquete de recursos sobre las quince Comunidades Autónomas del régimen común (224.507 millones de euros) viene con trampas. La peor, que todas ganan y ninguna pierde. O sea, que no habrá ganadores y perdedores.
Mentira podrida, aunque solo fuera porque la "ordinalidad" exigida por Cataluña (tanto aporto, tanto recibo) atenta contra la aritmética y el dogma civil de la solidaridad entre personas y territorios. A Cataluña iría a parar ya en 2027 la cuarta parte de los 20.975 millones de más que recibirían las quince comunidades respecto al modelo anterior.
Al modelo cocinado por el Gobierno, ERC y la Generalitat le espera un paso muy difícil, si no imposible, por los venideros filtros políticos, institucionales, de opinión pública y de calendario. Amén de la particular carrera de sacos entre ERC y Junts sobre el mayor o menor alcance de la propuesta en relación con el autogobierno. Los de Puigdemont se muestran reticentes a apoyarlo porque no es esto, no es esto, dicen con la frustración a cuestas de no haber conseguido un concierto semejante a los sistemas forales vasco y navarro.
Demasiado para las capacidades de un Gobierno tambaleante que, aunque salte la valla del Consejo de Política Fiscal y Financiera, necesitaría una mayoría parlamentaria (reforma de la Lofca) fuera de su alcance. Es el cuento de la lechera de Sánchez, Junqueras e Illa. Una mera declaración de intenciones formulada ante los medios de comunicación. En eso se queda el nuevo modelo de financiación autonómica (el anterior caduco hace doce años) presentado este viernes por la vicepresidenta y ministra de Hacienda, María Jesús Montero, bajo palabra de que blinda el Estado del Bienestar, refuerza el principio de solidaridad, respeta la singularidad de Cataluña (¿lo demás es una sufriente y rendida pluralidad?) , mejora la autonomía fiscal para ofrecer mejores servicios públicos (más de la mitad de la recaudación por IVA e IRPF se queda en el territorio) y reduce las distancias en los índices de financiación por habitante.
¿Y por qué ese compendio de bienes, sin mezcla de mal alguno, ha sido tan mal recibido a derecha e izquierda, entre nacionalistas y españolistas, tratándose como se trata de un asunto cuyo final feliz depende de los dos pilares de la centralidad?
En las últimas horas, han sonado gruesas y tronantes palabras propias y ajenas al PSOE, pero igual de certeras, en respuesta a esta fantasía encajable en el braceo de Sánchez por sobrevivir en el poder y en los apremios de Salvador Illa por conseguir el apoyo de ERC al proyecto presupuestario de la Generalitat.
García Page habla de "suicidio del PSOE". Y los teólogos del PP (Faes) de la tendencia de Sánchez a relacionarse con delincuentes
El dirigente socialista con facturación electoral propia, Emiliano García Page, habla del "suicidio del PSOE" en aras del interés personal de Sánchez defendido por Montero con argumentos "caóticos e ininteligibles". Añade el presidente de Castilla-La Mancha que no está dispuesto a secundarlo. Lógico, si nos atenemos, como él hace, al mandato de la solidaridad recogido en el artículo 138 de la Constitución.
Desde el lado opuesto de la barricada ideológica, los teólogos de la derecha (FAES) hablan de la "soltura con la que el presidente del Gobierno se mueve entre los delincuentes presuntos o convictos que le mantienen políticamente vivo". Alude este hachazo de los pensadores del PP a la "familiaridad" que Sánchez ha desarrollado con la delincuencia (García Ortiz, Koldo,, Otegi, Cerdan, Ábalos, Puigdemont…). Una forma de advertir que nada bueno puede salir de un proyecto que viene precedido del chalaneo con un político inhabilitado para ejercer una función pública que, además, se declara enemigo de España.
Es el caso de Oriol Junqueras, líder de un partido secesionista que el otro día acudió a Moncloa para reclamar el "separatismo fiscal" (con etiqueta de "financiación singular" de Cataluña) pactado en el verano de 2024 a cambio de colocar al socialista Salvador Illa en la presidencia de la Generalitat ¿O lo habíamos olvidado?
El anunciado volquete de recursos sobre las quince Comunidades Autónomas del régimen común (224.507 millones de euros) viene con trampas. La peor, que todas ganan y ninguna pierde. O sea, que no habrá ganadores y perdedores.