Al Grano
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Trump: ¿la nueva cara del fascismo?
Atención a las analogías con el monstruo que tumbó la República de Weimar en nombre de la "ilustración oscura" que predicaba y vuelve a predicar el fin de la democracia
No estaba mal pensado el mundo después de la Segunda Guerra Mundial. La Carta de San Francisco, la ONU y la "Guerra Fría eran los componentes disuasorios de una vuelta a las andadas después de los funerales por la Sociedad de Naciones. Así surgió la utopía del buen rollo entre las naciones, que muestra una preocupante tendencia a desaparecer en el primer aniversario de la llegada de un cabestro a la Casa Blanca.
Trump ofrece el pecho de los iraníes a las balas de los ayatolas ("seguid así, que la ayuda está en camino"). Contrata los servicios de la dictadura chavista para garantizar sus negocios petrolíferos en Venezuela. Mejor los tanques de la "fantástica" Delcy que los votos y la medalla del Nobel que María Corina le regala. Insulta al presidente de la Reserva Federal por "cretino". Anuncia que se comerá Groenlandia "por las buenas o por las malas, mientras se mofa de los groenlandeses: "¿Piensan pararme con cinco trineos más?".
Y así sucesivamente.
Sin la ya verificada fuerza bruta que respalda sus imprevisibles salidas de tono ("trastorno explosivo intermitente", dicen los psiquiatras), sería el hazmerreír del mundo. Como no es el caso, los finos analistas desempolvan a Hobbes (1588-1679) y explican las ventajas de que Trump venga a superar el primitivismo de los hombres y su tendencia a matarse entre sí, mediante la imposición de un orden mundial gobernado por el gran leviatán. El primo de Zumosol, que tan familiar nos resulta a los de mi quinta.
Según los teólogos del trumpismo el catecismo democrático está llamado a perderse en el trastero de la historia
Todo eso transforma en humo, brisas pasajeras, prédicas inútiles, las voces de la primera ministra de Dinamarca, el secretario general de la ONU o el presidente Sánchez cuando apelan al derecho internacional para impedir que la real gana de Trump sea el medio de resolver los conflictos o que, aún peor, se normalice la usurpación consentida, como ocurrió con Hitler en vísperas de la Segunda Guerra Mundial.
¿Vamos hacia la tercera?
Las voces anunciadoras solo discrepan en el cuándo. Es lo que hay tras la mirada codiciosa de China y Rusia, prestas a seguir los pasos de Trump en sus respectivas áreas de influencia, mientras las potencias occidentales mantienen una actitud entre indolente y resignada envueltos en la democracia, el derecho y humanismo. Pero en el entorno de Trump esa trilogía es un viejo catecismo llamado a perderse en el trastero de la historia.
¿Dirían que estamos ante una nueva cara del fascismo?
No contemplo parecidos con la abominable faceta genocida de los nazis, puesto que el supremacismo blanco de Trump y su Estado Mayor se queda por ahora en su adaptativo y oportunista odio al inmigrante. Sí los contemplo en la conquista del Estado como resorte expansionista al margen de la legalidad. La Alemania nazi hablaba de "espacio vital". Viene a ser lo mismo en la memoria del atropello de la República de Weimar.
Opinión No son pocas las analogías del cabestro de la Casa Blanca con lo ocurrido en aquel fatídico 1933 que empoderó como canciller a Hitler en nombre de la "ilustración oscura". La que predicaba entonces con otros nombres y vuelve a predicar ahora el fin de la democracia.
Por ejemplo: la política de apaciguamiento del monstruo, el golpe mortal a la democracia ("por las buenas o por las malas"), el MEGA de los nazis (hacer grande a Alemania otra vez), la conquista del Estado como palanca del expansionismo, etc.
No estaba mal pensado el mundo después de la Segunda Guerra Mundial. La Carta de San Francisco, la ONU y la "Guerra Fría eran los componentes disuasorios de una vuelta a las andadas después de los funerales por la Sociedad de Naciones. Así surgió la utopía del buen rollo entre las naciones, que muestra una preocupante tendencia a desaparecer en el primer aniversario de la llegada de un cabestro a la Casa Blanca.