Es turno para el relato, no para la opinión. Lo ha dicho la reina Letizia, desde Atenas: "Ahora la prioridad es atender, acompañar y ayudar". Ni siquiera podemos ultimar la definitiva cifra de víctimas en la tragedia ferroviaria del domingo por la noche cerca de Adamuz (Córdoba). Por ahora: treinta y nueve muertos y unos 150 hospitalizados con distintos niveles de gravedad.
También llegará el tiempo de saber si, una vez más, los gobernados han vuelto a dar una lección de solidaridad a los gobernantes, aunque a su máximo nivel ya se han dejado ver por el lugar de la catástrofe. Y aquí viene a pelo mencionar el hecho de que Pedro Sánchez y Núñez Feijóo, conscientes de que ahora es prioritario centrarse en las víctimas, decidieron suspender inmediatamente y de mutuo acuerdo la cita que tenían apalabrada para este lunes en la Moncloa.
Como diría Borges, si no les une el cariño, que les una el espanto. Aquí la tragedia ha funcionado como inductora de un acuerdo entre el titular y el aspirante a la presidencia del Gobierno para aplazar el encuentro que estaba previsto para la tarde de hoy. Probablemente, el único al que podían llegar en estos momentos de máxima confrontación entre ambos,
¿Y para escenificar un acercamiento ha hecho falta un suceso tan luctuoso?
Lino VargasLuis Vertedor. MálagaFran Sánchez BecerrilMapa: Emma Esser
Al menos podemos constatar que el intercambio de pedradas se frena por unas horas o por unos días en nombre de una buena causa: el respeto a las víctimas, mortales o no, y el dolor de sus familias.
El relato es consabido: un tren camino de Madrid que descarrila colisionando con otro que iba hacia Huelva en sentido contrario por una vía paralela en un punto de las estribaciones de Sierra Morena. Lo demás es conexión sensorial de cada uno de nosotros con lo ocurrido: oscuridad, el frío, sangre y quejidos en aquellos terribles momentos. Después, el sonido de las ambulancias, los caminos de cabras para llegar al lugar del siniestro, evacuar a los muertos, auxiliar a los heridos y a quienes todavía estaban en condiciones de contarlo.
Alberto SanzMapa: Emma EsserGráficos: Unidad de Datos
Los testigos, los vecinos de Adamuz, bomberos, UME, Cruz Roja, mencionan el olor de los primeros momentos para describir su conexión emocional con la tragedia. Servidor se confiesa impresionado por las referencias a la "mirada perdida" de muchos de los evacuados al centro de mayores de Adamuz. Esa mirada extraviada en el vacío es la mueca del desamparo.
Si las próximas horas no nos desmienten, en esta ocasión y al menos en las horas posteriores a la tragedia, sí podemos decir que ha funcionado la cooperación entre las administraciones públicas (local, regional y central). Y ojalá se mantenga en el proceso indagatorio sobre las posibles causas de la colisión a partir del generalizado calificativo que unos y otros comparten, empezando por el ministro del ramo, Óscar Puente: "Inexplicable".
De ninguna manera esa valoración puede elevarse a definitiva. Encontrar las causas de la tragedia es irrenunciable. Y no tanto por el consabido expediente de asignación de responsabilidades, que también, sino para que el hallazgo de las causas sirva para que no vuelva a ocurrir.
De momento, al líder de VOX, Santiago Abascal, ya se le ha calentado la boca, cargando prematuramente contra el Gobierno. Es el tiempo de la compasión y la solidaridad, no de la politización de la tragedia.
Es turno para el relato, no para la opinión. Lo ha dicho la reina Letizia, desde Atenas: "Ahora la prioridad es atender, acompañar y ayudar". Ni siquiera podemos ultimar la definitiva cifra de víctimas en la tragedia ferroviaria del domingo por la noche cerca de Adamuz (Córdoba). Por ahora: treinta y nueve muertos y unos 150 hospitalizados con distintos niveles de gravedad.