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En Minneapolis vuelve a verse la nueva cara del fascismo
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En Minneapolis vuelve a verse la nueva cara del fascismo

Después del asesinato del enfermero, Alex Pretti, se habla de "la Gestapo de Trump". Podemos estar ante un incipiente estado de confrontación civil de incalculables consecuencias

Foto: Agente de ICE en Minneapolis. (Zuma Press/Holden Smith)
Agente de ICE en Minneapolis. (Zuma Press/Holden Smith)
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También Hitler quiso hacer otra vez grande a Alemania y también se reconocía en las tendencias golpistas y racistas que cien años después profesa el cabestro de la Casa Blanca. También la situación del país germano respondía a un reciente enunciado del gran Fernando Savater: "Lo peor de los políticos es lo mucho que se parecen a quienes los han elegido".

Todavía hay muchos norteamericanos dispuestos a creerse que los asesinos de Alex Jeffrey Pretti actuaron en legítima defensa para evitar una masacre entre sus compañeros del ICE (Control de Inmigrante), conocida como "la Gestapo de Trump", en referencia a la militarizada policía federal que chulea a las fuerzas de seguridad locales y del Estado.

La doctrina Savater puede revertir tras un caso de terrorismo de Estado que el mundo está conociendo con todo lujo de detalles. Incluida la reacción de la familia de Pretti poniendo de manifiesto que su último acto fue "proteger a una mujer". No el que le endosan "las repugnantes mentiras de la Administración Trump", que considera "patriotas" a los agentes del ICE y "agitadores profesionales" a quienes los cuestionan.

A estas alturas los votantes ya habrán descubierto que Trump quería obtener el poder en las urnas para ejercerlo luego a sangre y fuego ¿no fue eso lo ocurrido en 1933 en Alemania? Por si había dudas, las acaba de despejar la secretaria de Estado de Seguridad Nacional: "Para eso nos votaron", declara Kristi Noem. aunque las encuestas cantan una caída del trumpismo, del 47 al 36%, en los niveles de aceptación. Falta la verificación en las urnas de las elecciones legislativas, no presidenciales, de mitad del mandato (noviembre 2026), si es que Trump no las suspende en virtud del artículo 33 (su real gana).

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Son razones suplementarias para ratificarme en mi entrega del 17 de enero ("Trump: la nueva cara del fascismo"), como amarga dosis de recuerdo sobre el monstruo que tumbó la República de Weimar predicando el fin de la democracia y aplastando el derecho a la vida en nombre del supremacismo racial. Se hablaba entonces de "arios". Hablamos ahora de "supremacismo blanco", que de momento solo se queda en el odio al inmigrante, hispano y de tez oscura. Hablamos también de la política de apaciguamiento de las potencias occidentales empapada en buenistas apelaciones al derecho internacional, el multilateralismo y el respeto a los derechos humanos.

La brutalidad de los agentes federales a la caza del inmigrante en las calles de Minneapolis (ya conmocionadas por al asesinato de Renee Nicole Good hace quince días) ha encendido la hoguera del malestar social (Washington, Chicago, Nueva York, Seatle, Los Ángeles), con actos de homenaje al enfermero asesinado y gritos de "Vergüenza" y "ICE out for Good" (fuera ICE, de una vez por todas)" contra el matonismo del presidente". Puede que la hoguera vaya a más dentro y fuera de la demócrata Minneapolis, con un gobernador del Estado y un alcalde convencidos de que se utiliza al ICE como herramienta electoral de los republicanos. Al contrario, Trump los ve a ellos, Tim Walz y Jacob Frey, como dos elementos subversivos que piden la retirada de los agentes porque solo traen "muerte, caos y violencia".

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No digo que Minneapolis acabe siendo la fragua de una guerra civil, pero puede ser un incipiente estado de confrontación social de incalculables consecuencias en un país donde la gente lleva un arma en el bolsillo con la misma normalidad que lleva un móvil, un bolígrafo o un encendedor.

También Hitler quiso hacer otra vez grande a Alemania y también se reconocía en las tendencias golpistas y racistas que cien años después profesa el cabestro de la Casa Blanca. También la situación del país germano respondía a un reciente enunciado del gran Fernando Savater: "Lo peor de los políticos es lo mucho que se parecen a quienes los han elegido".

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