La apabullante hegemonía de la derecha sobre la izquierda (52% frente al 38%) viene lastrada por la resistencia de la dirección nacional de Vox al compromiso institucional
Santiago Abascal en su comparecencia en la sede de Vox en Madrid tras las elecciones del 8-F. (EFE)
Sin grandes novedades respecto a lo cantado en las encuestas. Sobre todo, en lo contante y sonante. Lo intangible tiene otra lectura. Cuestión de relato, como nos enseñó Lakoff.
Todos, menos el pueblo aragonés, que cargará con el coste de la doctrina Abascal. El líder nacional de Vox no quiere que las venideras elecciones generales le pillen gobernando con el PP en los territorios. "Que pacten con el PSOE", dice el insensato. Así pone sordina al grito antisanchista de los votantes y aporta un componente de inestabilidad política a la región.
Ahí van a morir los recientes intentos normalizadores de la potente convergencia de las dos derechas: sobrada mayoría absoluta con 40 escaños en las elecciones del domingo. De modo que debería ser inevitable una coalición PP-Vox para gobernar la comunidad y ocuparse de los problemas reales de los aragoneses.
A expensas de que Abascal cambie de opinión, Vox no se deja. Y el PSOE de Pilar Alegría no está por la labor de impedir su capacidad desestabilizadora. Pero sería aberrante que los socialistas unieran su voto al de Vox en un hipotético "no" a la investidura de Azcón.
Quedamos a la espera de las negociaciones, aunque me temo que la inestabilidad política vuelve a planear sobre este territorio. Podemos estar volviendo a las andadas en Aragón (Extremadura también, por cierto), con un gobierno en solitario del PP. A los 18 diputados socialistas les bastaría con abstenerse en la investidura de Azcón. Incluso a especular con un hipotético gobierno "progresista" PSOE- Chunta Aragonesista-IU (25 escaños), frente a la evidente hegemonía de las derechas, aunque no lo harán. Pilar Alegría ya ha anunciado que se queda en la oposición.
Las urnas cantan la continuidad de Azcón (PP) al frente del
gobierno. Lo demás gira sobre la pregunta del millón: ¿con Vox o
sin Vox?
Todo eso dibuja un decepcionante cuadro político, donde los partidos subordinan a sus estrategias los intereses generales medidos en términos de estabilidad y mejoría en las condiciones de vida de los ciudadanos. Significa que el PSOE desprecia el valor de la estabilidad, también en Aragón.
El partido de Pilar Alegría se rasga las vestiduras porque el PP quiere gobernar con la ultraderecha. Pero calla que ha hecho lo posible por engordarlo, mientras Vox apura demasiado el mantra de acampar fuera del sistema, sin reparar en que eso tiene fecha de caducidad. No se puede estar siempre pidiendo el voto para no gobernar.Su espantada autonómica del verano de 2024, reiterada en Extremadura y, tal vez también en Aragón, a la espera de las generales, se le puede volver en contra. Se libraron del apagón, la dana, los incendios, Adamuz… Es lo que tiene el populismo. Pregunten a Podemos cómo su discurso sobre el malestar creció a la misma velocidad que luego se rompió por dentro, hasta el punto de que sus 71 diputados de 2016 se quedaron en los 4 que tiene en 2026.
En resumen, que las urnas aragonesas cantan la continuidad de Azcón (PP) al frente del gobierno de la Comunidad. Y todo lo demás gira en torno a la pregunta del millón: ¿Con Vox o sin Vox?
Sin grandes novedades respecto a lo cantado en las encuestas. Sobre todo, en lo contante y sonante. Lo intangible tiene otra lectura. Cuestión de relato, como nos enseñó Lakoff.