El Zaguán
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¿Y si fuera la sanidad, estúpido?
La huelga convocada por los médicos contra la Ministra de Sanidad y el acuerdo de Juanma Moreno con los sindicatos anula el falso dilema de defensores de lo público contra voraces privatizadores
Mientras los políticos se arrojan a la cara las diferentes, e interesadas, interpretaciones de la sentencia que condena al Fiscal General del Estado, hay personas enfermas que no encuentran una cita para su médico de atención primaria antes de quince días. Mientras unos y otros se entregan con denuedo a la práctica del "y tú más" para intentar sostener que la corrupción siempre es más grave en la acera contraria, los médicos claman en las calles por unas condiciones de trabajo inhumanas, con agotadoras guardias de 24 horas sin descanso. Mientras en los atriles se discute sobre argumentarios en busca de un titular, en los pasillos se sufre por listas de espera interminables.
Estatuto Marco suena a aburrida jerga administrativa, o a grupo de rock radical, y no interesa a nadie que no vista una bata blanca. Lo que quiere el ciudadano no es que le pongan nombre a las medidas, sino soluciones a los problemas. Y la brecha entre de lo que se habla en las moquetas y las necesidades de la calle cada vez parece más amplia. Hasta el punto de que recuerda a la anécdota que relataba con gracia Luis Carandell, de cuando en los años 30 el diputado Ángel Ossorio y Gallardo hizo una intervención relatando los retos y amenazas del país, que remató con la pregunta retórica "¿Qué va a ser de nuestros hijos?". A lo que una voz desde algún escaño respondió: "Por lo pronto, al suyo lo hemos hecho subsecretario".
Lo resumía con la precisión de un bisturí el presidente del Sindicato Médico Andaluz, Rafael Ojeda, "lo primero es reconocer que hay un problema, las administraciones siguen aferradas al modelo de siempre y las circunstancias han cambiado completamente, este modelo ya no sirve y ningún político lo dice, y cuando alguno lo hace es en el contexto del enfrentamiento partidista solo para lanzarse la pelota a ver quién carga con el muerto".
La huelga de cuatro días convocada por los médicos le ha estallado en la cara al Ministerio de Sanidad y ha destrozado uno de los hilos argumentales y el falso dilema que el Gobierno estaba empleando contra el PP, el de postularse como defensor de la sanidad pública en contraposición con la voracidad privatizadora de comunidades autónomas como Andalucía o Madrid. El escándalo de los casos de cribado de cáncer de mama y las repugnantes palabras del CEO de Ribera Salud en su reunión con el Hospital de Torrejón suponían un caballo de batalla sobre el que había cabalgado al galope para erosionar la credibilidad popular y, de paso, amortiguar otros follones propios.
Opinión ¿Cómo es posible que al guardián de las esencias de lo público lo castiguen con un paro justo después de un puente y en plena ola de gripe para denunciar unas condiciones laborales que dejan mucho que desear? ¿Cómo además un Gobierno progresista provoca que todas las organizaciones sindicales con representación en el sector se pongan de acuerdo (algo poco común) para hacer un paro de todo el personal sanitario a partir del 27 de enero? Podríamos contestar a esta pregunta con el título del libro de Juan José Millás sobre Nevenka Fernández, ahora que tristemente volvemos a hablar de acoso sexual de responsables políticos sobre sus subordinadas: hay algo que no es como me dicen.
Que la sanidad es una de las principales preocupaciones ciudadanas es una realidad tan palpable que ni siquiera es necesario hacer referencia a los datos del CIS que lo atestiguan. Que los centros de salud están colapsados; los profesionales, saturados; las listas de espera crecen y un sistema que nos debe enorgullecer a todos padece una degradación continua es una verdad incontestable. Tanto como que este proceso no se inició anteayer, ni que sea consecuencia del Gobierno actual. Se le podrá reprochar con razón no haber revertido la situación, no haber sido la solución, pero jamás acusarlo de ser el origen del problema.
Un paciente andaluz debe hacer gala de su doble condición de sustantivo y adjetivo del mismo modo ahora que hace unos años atrás. Los conciertos con la sanidad privada, lejos de ser un invento de Juanma Moreno, marcaron su récord con gobiernos socialistas con María Jesús Montero como consejera de Salud. Por más que se intente utilizar una brocha tan gorda que pretenda igualar a todos, los datos no sostienen las proclamas. El porcentaje de gasto en ellos en Andalucía es del 4,4%, muy alejado del 11,7% de Madrid, pero mucho más aún del 22% de la Cataluña de Salvador Illa, quien fuera por cierto ministro de Sanidad.
La coincidencia en el tiempo (coincidencia, no casualidad) del inicio de la huelga de los médicos con la firma de un acuerdo de Juanma Moreno con UGT, Comisiones Obreras y CSIF para mejorar las condiciones laborales y salariales de 70.000 empleados públicos andaluces es un claro ejemplo de que, parafraseando a Groucho Marx, es mejor creer a los hechos que a los argumentarios. Una oportuna apuesta por el diálogo social mientras los doctores reclaman a Mónica García que se siente a negociar.
Durante la campaña electoral estadounidense de 1992, que hizo posible que Bill Clinton derrotara a George Bush padre, cobró gran popularidad una frase que ha quedado instalada en el imaginario político colectivo desde entonces: "Es la economía, estúpido". Fue un hallazgo del asesor de Clinton, James Carville, que quería poner en el centro de su estrategia los problemas más cotidianos de los votantes. Triunfó ese lema, aunque en el cuartel general de la candidatura había escrito dos puntos más: "Cambio vs más de lo mismo" y "No olvidar el sistema de salud". ¿Y si fuera la sanidad, estúpido?
Mientras los políticos se arrojan a la cara las diferentes, e interesadas, interpretaciones de la sentencia que condena al Fiscal General del Estado, hay personas enfermas que no encuentran una cita para su médico de atención primaria antes de quince días. Mientras unos y otros se entregan con denuedo a la práctica del "y tú más" para intentar sostener que la corrupción siempre es más grave en la acera contraria, los médicos claman en las calles por unas condiciones de trabajo inhumanas, con agotadoras guardias de 24 horas sin descanso. Mientras en los atriles se discute sobre argumentarios en busca de un titular, en los pasillos se sufre por listas de espera interminables.