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Se busca político normal para situaciones de emergencia
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Fernando Matres

El Zaguán

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Se busca político normal para situaciones de emergencia

Habituados a provocativas performances, ofensivos zascas y errores flagrantes, llama la atención ver a gobernantes actuar como es necesario cuando la situación así lo demanda

Foto: Puente, Sánchez y Moreno. (EFE/Jorge Zapata)
Puente, Sánchez y Moreno. (EFE/Jorge Zapata)
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Entre los ambiciosos lemas de coachs emocionales y la búsqueda de la viralidad a través de la extravagancia, corremos el riesgo de olvidar el gusto por ser normal. Que nadie me entienda mal, no es ésta una apología de los patrones tradicionales ni una invitación a adoptar una uniformidad que censure a quien se aparte de lo establecido, sino una reivindicación de la primera acepción del término, un alegato a comportarse con naturalidad. No se trata de criticar a quien apuesta por opciones consideradas extrañas, sino de defender las actuaciones que obedecen a lo sencillo.

En el oscilante péndulo de esta sociedad vertiginosa, hemos pasado de recelar de lo raro a adoptarlo como el canon, de manera que se han invertido los papeles hasta el punto de que ahora lo llamativo es lo simple. Frente a una abrumadora lista de exóticas variedades de grano de especialidad e innumerables tipos de bebidas vegetales, el otro día me sorprendí a mí mismo encargando, casi con vergüenza, "un café con leche normal". Ya escribió Albert Camus que "nadie se da cuenta de que algunas personas gastan una energía tremenda simplemente para ser normales".

Quizás por eso, habituados a provocativas performances, ofensivos zascas y errores flagrantes, ha llamado la atención ver a políticos actuar como es necesario, obrar pensando más en su obligación que en su posible beneficio. En su peor momento de popularidad, cuestionado por el escándalo del error en los cribados de cáncer de mama y por el estado de la atención sanitaria, Juanma Moreno ha podido mejorar considerablemente su imagen precisamente gracias a su normalidad. Su comportamiento en la gestión de la tragedia ferroviaria de Adamuz le ha generado incluso elogios de adversarios, tanto a nivel regional como nacional, y el reconocimiento de las familias de las víctimas, que hasta lo abrazaron agradecidas en el funeral, un contexto en el que lo habitual es que los responsables públicos escuchen reproches, cuando no directamente insultos. Y todo por actuar como haría cualquier persona ante una urgencia. Si hay un fuego en tu edificio, lo lógico es intentar apagarlo y poner a salvo a la familia, no discutir con el vecino si se ha declarado dentro de tu casa o en las zonas comunes.

Su manera de afrontar la llegada de la amenazante borrasca Leonardo también ha reunido todos los ingredientes que un ciudadano puede reclamar a un gobernante en una situación como ésta: previsión, planificación, un protocolo de medidas de prevención y de actuación y una comunicación ágil y eficaz. Todo lo que le faltó a Carlos Mazón con la Dana.

Foto: tragedia-adamuz-solidaridad-gente-1hms Opinión

Por ponerle un pero, la acertada decisión de suspender las clases en colegios e institutos debió ser acompañada de soluciones para que los trabajadores evitaran desplazamientos innecesarios y también pudieran cuidar de esos niños que se quedaron en casa. En lo que de él depende, debería haber ordenado el teletrabajo para los funcionarios de la Administración autonómicas cuyos puestos así lo permitan, así como hacer un llamamiento a las empresas para la concesión de facilidades, recordando incluso si fuera necesario la existencia del permiso retribuido por emergencia climática.

Al margen de este reproche, la actuación del presidente de la Junta de Andalucía ha sido la correcta, como lo fue en anteriores situaciones de emergencia, como el Covid, los graves incendios o incluso los efectos de la Dana de 2024. La prioridad de atender y proteger a los ciudadanos, con eficacia y empatía (aquella voz quebrada y esos ojos empañados en Adamuz), sin entrar en enfrentamientos partidistas, debería ser lo normal, aunque por desgracia ha sido destacada por inusual. "Permítanme que me dedique a lo importante", respondió cuando Isabel Díaz Ayuso criticaba la connivencia con la supuesta ley del silencio impuesta por el Gobierno de Pedro Sánchez sobre el accidente ferroviario.

Foto: complejo-inferioridad-derecha-pp-accidente-adamuz-1hms Opinión
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La misma normalidad que debería representar lo que hizo Óscar Puente en los días posteriores, a disposición de los medios de comunicación en numerosas entrevistas y ofreciendo una rueda de prensa de más de dos horas para responder a todas las preguntas. Igual que su habitual discurso faltón e irrespetuoso merece críticas, también debe ser motivo de alabanza este acierto, porque lo contraria sería caer en la sonrojante contradicción de Alberto Núñez Feijóo al pedir su dimisión porque "nos ha llenado de datos para confundirnos". Si no hubiera comparecido, seguro que pediría su cese por falta de transparencia. Lo dicho, mejor la normalidad que las piruetas para justificar el argumentario propio.

La semana pasada, al recoger el Premio Luis Seco de Lucena concedido por la Asociación de Periodistas de Granada, Ramón Ramos, un referente del oficio, pronunció un discurso de agradecimiento cargado de emoción y verdad. En él, lamentó la pérdida de credibilidad y la desafección social con el periodismo y, en un ejercicio de autocrítica, asumió que la profesión tiene un porcentaje de culpa de la polarización actual porque "no supimos frenar esa batalla, nos utilizaron como infantería cuando nuestra función era la de cascos azules". Un atinado mensaje para que reflexionen algunos políticos, que han ejercido como pirómanos cuando su cometido era actuar como la UME.

Entre los ambiciosos lemas de coachs emocionales y la búsqueda de la viralidad a través de la extravagancia, corremos el riesgo de olvidar el gusto por ser normal. Que nadie me entienda mal, no es ésta una apología de los patrones tradicionales ni una invitación a adoptar una uniformidad que censure a quien se aparte de lo establecido, sino una reivindicación de la primera acepción del término, un alegato a comportarse con naturalidad. No se trata de criticar a quien apuesta por opciones consideradas extrañas, sino de defender las actuaciones que obedecen a lo sencillo.

Alberto Núñez Feijóo Juanma Moreno Pedro Sánchez