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El efecto bandera contra el efecto champán
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Fernando Matres

El Zaguán

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El efecto bandera contra el efecto champán

Juanma Moreno se aferrará a su reforzada figura en la gestión del accidente de Adamuz y los temporales como antídoto frente al tsunami electoral de Vox

Foto: Juanma Moreno. (EFE/Salas)
Juanma Moreno. (EFE/Salas)
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Anda la opinión publicada revuelta, como es habitual últimamente, porque la actualidad política no concede un respiro, tanto que casi podríamos utilizar esa expresión popularizada por la Fórmula 1, "si parpadean, se lo van a perder". Una frase con la que todos vinculábamos a Antonio Lobato antes de que nos martilleara con la inquietante pregunta "¿quieres saber cuánto vale tu coche?". Entre los escándalos que se van solapando unos a otros y la concatenación de convocatorias electorales, se hace complicado estar al día. Ya están tardando los informativos televisivos en añadir, como en las series, un apartado de "en capítulos anteriores", entre la cabecera y la batería de titulares, para que no se nos escape nada.

Nuevos escándalos por casos de presunta corrupción o agresión sexual que saltan a las portadas, whatsapps filtrados que insinúan mucho más de lo que dicen, situación de bloqueo en Extremadura, análisis de daños en Aragón, miradas ya puestas en Castilla y León, calma tensa en Andalucía… y con Vox presente en todas las conversaciones. Mientras PSOE y PP se arrojan a la cara la responsabilidad de la subida de la ultraderecha, y ambos tienen razón a la vez y por una vez, la formación de Santiago Abascal, crecida por sus resultados, afronta cada negociación con suficiencia y chulería, como quien sabe que tiene la sartén por el mango. Solo le falta poner los pies encima de la mesa.

La opción de adelantar elecciones para no tener que depender de Vox, a priori lógica, ha resultado fallida, al necesitarlo ahora más que antes, y en Génova, donde nunca han tenido demasiado clara qué postura adoptar, se ha disparado el nerviosismo. De comprometerse en el último Congreso del partido a no gobernar junto a él, a tenderle la mano como socio fiable, hasta borrar de un plumazo las posibles líneas rojas. A lo mejor es que el color no les viene bien.

Cualquier decisión que tome en su relación con él va a generar elogios y críticas, desde asumirlo como socio natural defendiendo la licitud de pactar, ya que el PSOE lo hace con Bildu o Junts, hasta apostar por marcar diferencias. Pero lo que resulta incomprensible es no adoptar una posición clara que permita fijar una estrategia general, a partir de la cual ir sabiendo leer cada momento y cada espacio.

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Por ejemplo, no tiene ningún sentido que en Aragón, donde el posible crecimiento popular procedía de captar a socialistas moderados votantes de Javier Lambán desencantados con el actual rumbo del partido, se cuente entre los invitados al acto de cierre de campaña con conocidos activistas de la derecha más radical. O que se presuma de dejar autonomía para negociar en cada territorio y luego se regañe públicamente a María Guardiola después de condicionarla una y otra vez, pese a haber ganado con un 43% del respaldo.

Gobernar siempre es complicado, y hacerlo en coalición lo convierte en más difícil aún. De hecho, alguna vez ya hemos referido esa vieja y cáustica sentencia que indica que todos los gobiernos son de coalición… entre quien cuenta con las responsabilidades de Hacienda y el resto. Y hasta la absolutísima mayoría de Isabel Díaz Ayuso se acaba de ver sobresaltada por un cisma en su propio seno. Por eso conviene tener las ideas tan claras como firmes los principios.

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En Andalucía, la demarcación de interés de este Zaguán, pueden decirse muchas cosas sobre Juanma Moreno, pero hasta ahora ha tenido nítidamente definida su postura hacia Vox. Una actitud que pasa por alejarse profundamente de sus planteamientos sobre asuntos como la inmigración, el feminismo, los derechos del colectivo LGTBIQ+ o el sentimiento andalucista. En la teoría, en sus declaraciones públicas, y en la práctica, minimizando hasta la insignificancia en el día a día su influencia en su primer mandato, cuando fue investido gracias a su apoyo. La interesante incógnita es comprobar si habrá cambios en ella cuando se pulse el botón electoral, primero, y si tras el recuento no revalida su privilegiada situación y se ve en un trance similar a Guardiola o Azcón.

En estos días he refrescado la teoría de los campos de Pierre Bordieu, en el sentido de cómo cambia la percepción según el microcosmos en el que te ubiques. En esos foros socioeconómicos en cuyas galerías fotográficas repite el 90% de los asistentes, se tiene como hecho consumado que el presidente de la Junta rozará o logrará la mayoría absoluta. En las tractoradas de protesta de los agricultores y ganaderos por su delicada situación, la conclusión general era que Vox es la única solución a las políticas "de siempre". Y escuchando los temas más recurrentes de las coplas del concurso del Carnaval del Falla, uno podía deducir que el mandato de Juanma Moreno ha sido un desastre. Sí parece haber una conclusión transversal, para desgracia de María Jesús Montero, y que se le está poniendo bastante cara de Gallardo y Alegría.

El panorama general no es halagüeño para el líder popular andaluz, aunque su situación personal para afrontarlo ha mejorado mucho respecto a la crisis de reputación que supuso el escándalo del cribado de cáncer de mama. El comportamiento de su Gobierno y su propia actitud en la gestión del dramático accidente de Adamuz y los efectos de la cadena de temporales han reforzado su figura, hasta el punto de cosechar halagos incluso desde la oposición. Al efecto bandera en el electorado, ese fenómeno según el cual el apoyo ciudadano crece en situaciones de crisis o conflicto, se aferrará Moreno, como antídoto contra el tsunami del efecto champán de Vox.

Anda la opinión publicada revuelta, como es habitual últimamente, porque la actualidad política no concede un respiro, tanto que casi podríamos utilizar esa expresión popularizada por la Fórmula 1, "si parpadean, se lo van a perder". Una frase con la que todos vinculábamos a Antonio Lobato antes de que nos martilleara con la inquietante pregunta "¿quieres saber cuánto vale tu coche?". Entre los escándalos que se van solapando unos a otros y la concatenación de convocatorias electorales, se hace complicado estar al día. Ya están tardando los informativos televisivos en añadir, como en las series, un apartado de "en capítulos anteriores", entre la cabecera y la batería de titulares, para que no se nos escape nada.

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