El FC Barcelona ya es menos que un club

Es probable que Gerard Piqué no deba ser convocado a la selección española de fútbol. Pero ese es un debate exclusivamente futbolístico. Materia reservada al análisis

Foto: Gerard Piqué y su hijo Milan en la manifestación de la Diada en Barcelona (Twitter)
Gerard Piqué y su hijo Milan en la manifestación de la Diada en Barcelona (Twitter)

Es probable que Gerard Piqué no deba ser convocado a la selección española de fútbol. Pero ese es un debate exclusivamente futbolístico. Materia reservada al análisis de periodistas, contertulios y expertos sin estudios conocidos encargados de propagar la opinión publicada, la radiada y la televisada de la única cosa que importa a los españoles. El fútbol.

Que Piqué defienda el referéndum para decidir la continuidad de Cataluña en España constituye una opción personal. Se le puede censurar que crea que es un derecho, o que piense que es algo democrático cuando precisamente  se opone a la legislación que emana de la representación popular.

Dicho esto, todo el mundo, él también, puede pensar y decir lo que quiera. Piqué ha dado lo mejor de su fútbol a la selección, está casado con una estrella global hispana y es un icono de nuestro país fuera de nuestras fronteras. Ha hecho más por la promoción exterior de España que nuestros mejores directivos, políticos, médicos o… periodistas deportivos. A las alturas de la carrera de Piqué y considerando las dificultades que está teniendo para ser titular en su club, esparciría más sacos de sal gorda catalanista renunciando a la selección española que acudiendo a la llamada de Del Bosque para ser criticado por nacionalistas y españolistas cerriles.

Defender un falso derecho que esconde la voluntad de la separación del país es un insulto a los aficionados y peñas españolas no catalanas que solo conseguirá hacer al Barcelona menos que un club deportivo

Si alguien quiere censurar a  Piqué, le sugiero que se centre en subrayar la inconveniencia de que un ídolo infantil se dedique a  promocionar el póker, y deje de cuestionar su disponibilidad para ayudar al equipo español a jugar la próxima Eurocopa.

Otra cosa es el Fútbol Club Barcelona. La reciente adhesión de la entidad al imaginado derecho a decidir es un disparate. El presidente Bartomeu deja clara su voluntad de competir haciendo tropelías con sus antecesores Núñez  y Gaspart y en dejar pequeño el oportunismo de Rosell y Laporta.

Que uno de los mejores clubes de Europa abra la puerta para renunciar a lo mejor de su palmarés, ligas y copas españolas y Champions Leagues europeas es inaudito por contrario a los intereses de la entidad, de sus jugadores y de su afición. Defender un falso derecho que esconde la voluntad de la separación del país es, además, un insulto a los aficionados y  peñas españolas no catalanas que solo conseguirá hacer al Barcelona menos que un club deportivo: una asociación local, pueblerina y con intereses espurios entregados al poder. La declaración de apoyo al derecho a la secesión es también una invitación a los aficionados catalanes partidarios de la ley y la Constitución a abandonar el club y esos colores.

No faltará quien evite plantearse esa decisión apelando a los sentimientos, a la falta de racionalidad del deporte o a que los colores del Barça están por encima de sus directivos. Están en su derecho, pero aceptar la consideración de aficionado de segunda en su propio club en contra de la razón y de la ley demanda cierta mansedumbre masoquista. La que exhibirá buena parte de los votantes del PSC, del PP y también de Ciudadanos. Una  ‘mayoría silenciosa’, que solo abrirá la boca para cantar los goles del barcelonismo, transformados ya en goles de la subversión y de la deslealtad, mientras paga las cuotas a la institución que les desprecia. Callen. Acepten que comienzan a ser ciudadanos de segunda en su propio estadio.

Aceptar la consideración de aficionado de segunda en su propio club, en contra de la razón y de la ley, demanda cierta mansedumbre masoquista

Pero no descarten que mañana sean ustedes los pitados y que al “Catalunya is not Spain” siga el “Ustedes no son Catalunya”. Tal vez pasado mañana, la elevada sensibilidad social de una directiva aún más audaz recomiende, por su seguridad, confinar en una nueva ubicación en el campo a quienes discrepan del pensamiento único. O a distinguirlos con un adhesivo en la solapa para protegerles mejor.

Se ha dicho que la solemne incorporación del FCB al Pacto Nacional por el Derecho a Decidir, apoyando los derechos fundamentales que tienen todos los pueblos, es una expresión genuina del compromiso de la institución con los intereses del país. “Así lo ha demostrado el FCB a lo largo de la historia”, ha declarado su coordinador, Joan Rigol. No digo que no haya sido así a ratos, pero a mí me parece una lamentable y desafortunada asociación de los valores universales que encarna el deporte con los intereses más torticeros del Gobierno de turno.

Un discurso similar debió hacerse en 1974 cuando los aires de apertura se colaban por todas las costuras del régimen franquista y el FCB entregó solemnemente la medalla de oro de la institución al Generalísimo, en pleno derrumbe físico del caudillo. Con similar oportunismo, días antes del 9-Nada, el FCB vuelve a insultar a buena parte de sus socios, aficionados y simpatizantes. ¿Se darán estos por enterados?  

Ángulo Inverso
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