¿PProblemas de comunicación? Algunas reglas y un poquito de Sorkin

El problema del PP no es de dermatología comunicativa, pero si esta centra el diagnóstico, cuesta entender que la cúpula popular se obstine en ponérselo tan fácil a una prensa que considera hostil

Foto: El presidente del Gobierno español, Mariano Rajoy. (EFE)
El presidente del Gobierno español, Mariano Rajoy. (EFE)

Diagnosticar perezosamente una disfunción o formular erróneamente el enunciado de un problema suelen presagiar un eficaz camino para no resolverlo. La comunicación popular no es culpable de todos los males del partido en el Gobierno. Solo ha agravado su desencuentro con el electorado.

La estadística es una gran ciencia que, aplicada a la democracia, transforma la suma de opiniones fragmentadas, frecuentemente caprichosas y desinformadas, en un profundo diagnóstico sociológico. Si el Sr. Rajoy fuera el virrey alemán para el sur de Europa o un CEO que reportara sus logros al accionista, su reelección sería segura. La democracia le exige más. Los españoles no comparten que el paquete de medidas que nos mantienen en Europa sea mérito exclusivo de quien lo ha impuesto. Hay quien atribuye alguno a quien las ha padecido y además termina la legislatura soportando más deuda, más impuestos y más administración pública. Tampoco a todo el mundo le gusta la descalificación sistemática e hiriente del adversario. Y menos, que el partido autoproclamado solución única para cualquier problema temple gaitas con la corrupción. 

Dar una patada a los profesionales de laSexta porque su presidente no paga los favores recibidos en su fusión con Antena 3 es poco inteligente. Criticar a los periodistas por cebarse en casos de corrupción es torpe. Mirar para otro lado cuando el régimen de incompatibilidades de los señores diputados permite cobrar por asesorías verbales a proveedores de la Administración es impúdico. Contribuir a engrosar las cinco decenas de imputados presentados como candidatos en diferentes listas de la Comunidad Valenciana es vergonzoso, y permitir que lo haga a título particular un personaje grabado contando billetes en lengua vernácula, aunque demuestre el a veces cuestionado respeto popular por el valenciano… es zafio.

Este jueves Rajoy hablará de cambios. Sería interesante escuchar algo más que su reivindicación como protagonista de la recuperación económica  

El problema del PP no es de dermatología comunicativa, como sugería Floriano en un video. Pero, si esta centra el diagnóstico, cuesta entender que la cúpula popular se obstine en ponérselo tan fácil a una prensa a la que considera hostil.

Ignoro si el presidente Rajoy es tan entusiasta de El ala oeste de la Casa Blanca –la aclamada serie de Aaron Sorkin– como su predecesor, Rodríguez Zapatero. En lo que probablemente estén ambos de acuerdo es en que los guionistas al servicio del presidente en la ficción, el demócrata Josiah Bartlet, escriben mejores discursos que sus propios asesores. Sin tener el talento de los primeros, creo que la inmensa mayoría de la audiencia demanda un relato con otra ambición y un estilo diferente. Se puede intentar contentar a la prensa facilitando fusiones ventajosas, nutriéndola de publicidad institucional o eliminando los espacios comerciales de la radiotelevisión pública para que el resto de emisoras ganen mas dinero. Pero a lo mejor una parte de la opinión publicada simplemente representa el mismo genuino descontento que ha llevado a millones de exvotantes populares a manifestarse contra sus convicciones e incluso contra sus intereses en las pasadas elecciones municipales.

El PP solo recibirá el apoyo masivo por razones económicas si la gente anticipa graves riesgos… Y eso es contrario al mensaje de recuperación

El próximo jueves el presidente Rajoy hablará de cambios. Sería interesante escuchar algo más que su conocida reivindicación como protagonista de la recuperación económica y antídoto contra el rescate, como alternativa única frente a los antisistema y como sujeto paciente de casos aislados de corrupción. Por si se animara, las cursivas de debajo son un borrador de declaración de dos minutos, intercalable en su discurso y que pongo a disposición de los fontaneros afroamericanos monclovitas, sus escribas. Quizá no les sirva ninguna idea, ni siquiera reescrita. Incluso en ese caso quiero compartir con ellos cinco reflexiones: 

Uno. El PP solo recibirá el apoyo masivo por razones económicas si la gente anticipa graves riesgos… y eso es contrario al mensaje de recuperación. 

Dos. Los mensajes llegan a la población intermediados por los medios de comunicación; comunicar contra la prensa no es inteligente. 

Tres. Si lo que se comunica es perfectamente previsible, no es coherente esperar que los mensajes causen en su receptor un gran impacto. 

Cuatro. La comunicación sin actos que soporten lo comunicado es solo bullshit, paja. 

Cinco. Lanzar mensajes por debajo de las expectativas, no importa quién sea el responsable de estas, no deja en buen lugar a quien los emite.

(…)

Quiero dirigirme a jueces, fiscales, personal judicial, cuerpos y fuerzas de seguridad, y en particular a los trabajadores de los medios de comunicación de nuestro país. Profesionales que tanto en el ámbito público como en el privado a menudo han compensado las restricciones presupuestarias propias de momentos de crisis con el esfuerzo generoso consagrado a una gran tarea, la de promover la regeneración constante de nuestro sistema político luchando contra la corrupción. Una obligación ética y legal que los partidos no hemos acertado ni a prevenir efectivamente ni a erradicar.  

Si queremos proyectar hacia el futuro la impresionante hoja de servicios que nuestro sistema político ha prestado a la sociedad durante las últimas cuatro décadas, los partidos y sindicatos, la Administración y las instituciones públicas tienen que conocer cambios. Mejoras que afectan a su transparencia, a su necesaria ejemplaridad y en última instancia a su prestigio.

Soy el presidente del principal partido político español y tengo intención de liderar el proceso de reformas necesarias. No lo haré solo. No cometeré el error de considerar fuera del sistema a ninguna organización política a la que mis compatriotas y la Constitución hayan situado en las instituciones. Nuestra democracia es un modelo en el mundo precisamente por nuestra capacidad para tejer consensos sin exclusiones; por la independencia de su poder judicial, y por una prensa libre de cuya actitud vigilante me declaro hoy deudor. Quiero decirles que cuentan con mi determinación y energía para liderar un gran reto colectivo pendiente: que España, gobierne quien gobierne, sea también admirada en el mundo por la honradez y ejemplaridad de sus servidores públicos. A ello, tienen mi palabra, voy a dedicarme.

Ángulo Inverso
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