El elástico apoyo del PNV
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Vicente Vallés

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El elástico apoyo del PNV

Pedro Sánchez sabe, mejor que nadie, que la política tiene mucho de arte. Y el PNV sabe, mejor que nadie, cómo exprimir a los inquilinos de la Moncloa

Foto: Pedro Sánchez y Aitor Esteban dándose la mano. (EFE)
Pedro Sánchez y Aitor Esteban dándose la mano. (EFE)
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El 23 de mayo de 2018, el Euzkadi Buru Batzar (la ejecutiva del PNV) decidió votar a favor de los presupuestos generales del Estado de Mariano Rajoy —a cambio de 540 millones de euros en inversiones para el País Vasco y de la promesa del Gobierno de inhabilitar de inmediato el artículo 155 en Cataluña—. Los titulares de aquel día certificaban que "Rajoy se asegura los dos años que quedan de legislatura". Haga usted augurios en política.

Un día después, el 24 de mayo, la Audiencia Nacional hizo pública la sentencia del caso Gürtel, en la que se responsabilizaba al PP "a título lucrativo" y se daba por segura la existencia de una "caja b" en el partido. Pocas horas más tarde, Pedro Sánchez anunció una moción de censura, a pesar de disponer de solo 84 de los 350 diputados del Congreso. El 31 de mayo, los mismos miembros del Euzkadi Buru Batzar que una semana antes habían optado por sostener a Rajoy en el poder, decidieron tumbarlo apoyando la moción de censura de Sánchez. Elasticidad. Adaptabilidad. Contorsionismo.

Son más de tres años sosteniendo al gobierno de Sánchez, con sus peculiaridades, y hay cosas que a los industriales de Neguri les cuesta normalizar

No es el PNV un partido remilgado ni melindroso. Si hay que ir, se va. Hubo un día en que los ojos de este cronista —y de muchos otros— vieron a Xabier Arzalluz entrar complacido en la sede del PP en la calle Génova y dar una rueda de prensa debajo del logo de la gaviota, para certificar su voto a la investidura de José María Aznar en 1996. Aznar lo aceptó agradecido. Visto eso, visto todo.

Ahora, llegados al otoño de 2021, a los dirigentes del PNV se les ha puesto cara de malestar estomacal y ofrecen signos de fatiga. En otras palabras: cierta hinchazón de gónadas. Ya son más de tres años sosteniendo al gobierno de Pedro Sánchez, con sus peculiaridades, y hay cosas que a los industriales de Neguri les cuesta normalizar. Por ejemplo, que una empresa como Sidenor, con varias sedes en el País Vasco, paralice su producción porque el precio de la electricidad ha subido tanto que ya no resulta rentable. O que Moncloa se deje llevar por el brío de Podemos en el intento de cortocircuitar a las compañías eléctricas como Iberdrola, con sede en Bilbao, a las que se señala como miembros de un oligopolio que empobrece a la población con precios tan desorbitados como sus beneficios.

Foto: El portavoz del PNV, Aitor Esteban, dialogando con el portavoz de ERC, Gabriel Rufián. (EFE)

El PNV se considera un partido de orden, de derechas de toda la vida, y esta semana ha dejado algún mensaje poco equívoco sobrevolando la bancada azul del Congreso, la que ocupa el Gobierno. Su portavoz, Aitor Esteban, le dijo al presidente Sánchez que esa propuesta de recortes a las eléctricas es una "solución simplona". Y, después, subió un escalón: "está en juego el futuro de la economía; pero también, lo sabe, el futuro de su propio gobierno". El decreto prosperó. El PNV se abstuvo, para no amplificar con un voto negativo el runrún de que el Gobierno pudiera estar en apuros. Pero antes obligó a la vicepresidenta Teresa Ribera a deglutir sus propias palabras y comprometerse ante la Cámara (y ante Podemos) a aplicar la medida contra las eléctricas con 'finezza'. Es decir, apenas nada.

Para que sigan unidas y compactas todas las piezas que conforman el Frankenstein parlamentario que sostiene a Pedro Sánchez hay que disponer de la destreza de esos malabaristas que son capaces de mantener dos docenas de platillos dando vueltas sobre finas varillas, sin que ninguno caiga por dejar de girar. Hasta ahora, el presidente ha demostrado un notable virtuosismo para lograrlo. Pero el problema tiene alguna complejidad a largo plazo. Sánchez se afana en conservar, a un tiempo, el apoyo de la izquierda populista tendente al anticapitalismo, y el apoyo de la derecha industrial negurítica.

Los nacionalistas vascos pondrán sobre la mesa el exprimidor para extraer el jugo que corresponde a sus seis diputados

De momento, la nave va. Más allá de los asuntos económicos, el PNV está feliz por las cesiones que ha conseguido del Gobierno. Por ejemplo, los avances para la gestión autonómica de la caja de la Seguridad Social, o en una materia especialmente sensible para el nacionalismo vasco como es el acercamiento masivo de presos de ETA, justo antes de transferir al gobierno de Vitoria la competencia sobre prisiones, una reivindicación histórica del PNV. Ahora depende del lendakari, y no del presidente, el futuro penitenciario de los etarras. Y ese futuro es fácil de imaginar.

Sánchez sabe, mejor que nadie, que la política tiene mucho de arte. Y el PNV sabe, mejor que nadie, cómo exprimir a los inquilinos de La Moncloa. Ahora llega la negociación de los presupuestos. El presidente del Gobierno tendrá la ocasión de mostrar, una vez más, esas capacidades 'artísticas' que le llevaron al poder cuando nadie podía imaginarlo —ni siquiera el propio beneficiario—. Y los nacionalistas vascos pondrán sobre la mesa el exprimidor para extraer el jugo que corresponde a sus seis escasos, pero imprescindibles, diputados. Son un potosí.

El 23 de mayo de 2018, el Euzkadi Buru Batzar (la ejecutiva del PNV) decidió votar a favor de los presupuestos generales del Estado de Mariano Rajoy —a cambio de 540 millones de euros en inversiones para el País Vasco y de la promesa del Gobierno de inhabilitar de inmediato el artículo 155 en Cataluña—. Los titulares de aquel día certificaban que "Rajoy se asegura los dos años que quedan de legislatura". Haga usted augurios en política.

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