Urgente: el tiempo del derecho penal ha terminado

En el medio o largo plazo, esta sentencia por sí sola no resuelve absolutamente nada en el complejo entramado político y social catalán

Foto: Centenares de personas cortan la céntrica Via Laietana de Barcelona en protesta por la sentencia del 'procés'. (EFE)
Centenares de personas cortan la céntrica Via Laietana de Barcelona en protesta por la sentencia del 'procés'. (EFE)

Llevábamos todos muchos meses esperando este momento. Como si la caída violenta de un meteorito sobre la Tierra se hubiera anticipado con muchos meses. Todos los sistemas de emergencia estaban en alerta máxima. Y sin embargo, nadie ha sido capaz, ni lo es en el momento en que escribo estas líneas, de anticipar del todo las consecuencias reales del choque de esa roca de muchas toneladas lanzada contra el proceso independentista en forma de sentencia judicial y de condena a sus líderes a largos años de cárcel. Cualquier análisis sobre las consecuencias del impacto, incluso uno de urgencia, debería examinar tanto la composición del meteorito —la sentencia— como las características del ecosistema que se va a ver directamente alterado por él —la realidad política y social catalana—.

En realidad, para una gran mayoría del independentismo, toda la sentencia del Tribunal Supremo podría haber tenido como contenido uno de esos textos que se utilizan en las pruebas de imprenta. Ya saben, eso de 'lorem ipsum dolor sit amet', etc…, unas frases ininteligibles que están ahí simplemente para ocupar un espacio vacío. Para una buena parte del independentismo y en realidad de la sociedad catalana, tan solo cuenta el fallo, los años de condena, y su reacción hubiera sido idéntica cualquiera que sea el razonamiento que lo fundamenta.

Y es indiscutible que el fallo, entre 13 y nueve años de prisión, es muy duro, tanto para quienes creen que los condenados eran sus líderes y representantes como para quienes piensan que lo único importante es que todos ellos actuaron de buena fe o motivados por sus legítimos ideales.

Mi sensibilidad de jurista me empujaría aquí a compartir un análisis detallado de los razonamientos de la sentencia, que otros harán sin duda, y que es no solo legítimo sino necesario. Es legítimo y posible acatar y respetar plenamente la decisión y, como jurista, tener interrogantes sobre cómo se han alcanzado determinadas conclusiones, o cómo se han determinado las penas. Rebelión, sedición… Yo veo ahí algunas piruetas intelectuales que probablemente son el precio que había que pagar para lograr un acuerdo entre opiniones jurídicas contradictorias y garantizar la unanimidad en una decisión que ya forma parte de la Historia de España. Pero también los hechos que han debido enjuiciar, y el contexto en que han debido hacerlo, son absolutamente excepcionales.

Pero sin cuestionar ni la legitimidad ni la justicia de lo decidido, ¿ahora qué? Para esa pregunta, nadie tiene respuesta definitiva. De lo que no tengo duda alguna es de que ese 'ecosistema' catalán en el que irrumpen las condenas va a quedar seria y dramáticamente marcado. Hay que entender que el independentismo catalán no es exactamente una corriente política. La acción política del independentismo es estrictamente instrumental al servicio de la causa; también por esa razón el liderazgo efectivo del movimiento no está en los líderes 'políticos' con poder efectivo, en el Govern o en el Parlament, sino en otros frentes, a los que esos líderes políticos sirven y obedecen.

Otro día discutiremos cómo se ha creado esa realidad social paralela que hoy condiciona la ortodoxia de la fe en la república catalana. Pero hoy es importante entender esa realidad para poder calibrar no solo el impacto mismo de la sentencia y sus condenas, sino también para intentar dibujar cualquier escenario de futuro. Los partidos políticos que sostienen al Govern y sus líderes no controlan la situación. Podrán, y solo en parte, controlar la respuesta más inmediata, en materia de orden público y de determinadas acciones institucionales. Pero el impacto del meteorito va mucho más allá.

Los partidos políticos que sostienen al Govern y sus líderes no controlan la situación. Podrán, y solo en parte, controlar la respuesta más inmediata

En el corto plazo —y será fácil ver si me he equivocado—, no creo que vayamos a asistir a grandes protestas violentas en las calles. Y eso al menos por tres razones: porque las fuerzas de seguridad —empezando por los Mossos— no lo van a permitir; porque el sentimiento de una mayoría de independentistas es de profunda tristeza y frustración, pero solo una minoría está dispuesta a traducir eso en rabia violenta, y finalmente, porque la propia sentencia contra la que se protesta es un recordatorio de que las acciones violentas o tumultuarias ya no salen penalmente gratis para nadie, aunque se promuevan desde un despacho o citando a Gandhi. Leo que algunos añaden un supuesto temor de los dirigentes a otro 155 y su voluntad de proteger el autogobierno. Yo ahí discrepo. Sí, veremos manifestaciones masivas, por supuesto, y están en su pleno derecho de dar rienda suelta a la frustración. Pero no creo que debamos esperar una revuelta.

Urgente: el tiempo del derecho penal ha terminado

Pero en el medio o largo plazo, esta sentencia por sí sola no resuelve absolutamente nada en el complejo entramado político y social catalán. Es ahí donde hay que llamar a la responsabilidad colectiva de quienes dicen ser defensores de alguna forma de unidad española. El independentismo, como movimiento emocional que es, sale de alguna manera reforzado tras esta condena.

Para millones de catalanes, y no solo independentistas, desde hoy 'España' (así, entre comillas, porque me refiero a lo que ese concepto representa para ellos) está emocionalmente mucho más lejos, y las grietas que amenazan gravemente al pacto constitucional en Cataluña se han hecho más amplias. No maten al mensajero: podemos lamentar juntos esa situación, y podemos desahogarnos buscando responsables, incluyendo a TV3. Pero conviene que no neguemos la realidad.

El independentismo, como movimiento emocional, sale de alguna manera reforzado tras esta condena

¿Es eso remediable? Quizá. Pero hay que reaccionar. A este ritmo, y sin hacer nada, no queda mucho tiempo, quizás una generación. Me cuento entre quienes creen que el derecho penal no podía quedar al margen de los abusos de poder que hemos sufrido en Cataluña los últimos años. Pero jamás he creído que eso fuera suficiente para arreglar nada. Y en todo caso, el papel del derecho penal ha terminado. Es muy urgente que regresemos todos al tiempo de la política, antes de que sea demasiado tarde.

Atando cabos
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