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Liderazgo y medio ambiente

La protección de nuestro medio ambiente es una aspiración colectiva y un compromiso intergeneracional irrenunciable. No tiene color político. Es de todos y nos afecta a todos

Foto: Decenas de personas se manifiestan en París para reclamar medidas de acción contra el cambio climático. (EFE)
Decenas de personas se manifiestan en París para reclamar medidas de acción contra el cambio climático. (EFE)

Según el barómetro del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS), en el año 2016, casi la mitad de la población —concretamente, el 46%— cree necesario proteger el medio ambiente, siempre que no resulte demasiado costoso o no suponga ningún desembolso adicional para los ciudadanos. La otra mitad considera que hay que defender el entorno aunque las medidas sean caras.

Estos resultados suscitan dos reflexiones: de un lado, si la conciencia ambiental que manifestamos es sincera; y, de otro, que un porcentaje muy alto de la población sigue percibiendo las políticas ambientales como costosas e incompatibles con el desarrollo económico.

Se ha discutido mucho sobre la sinceridad de nuestra preocupación ambiental. Más que dudar de ella, lo que debemos plantearnos es si nuestras acciones reflejan nuestras palabras. Por lo que se refiere a los ciudadanos, más que de un problema de indiferencia —creo que somos sinceros cuando decimos que nos preocupa el medio ambiente—, se trata de una cuestión de coherencia y de implicación.

Un porcentaje muy alto de la población aún percibe las políticas ambientales como costosas e incompatibles con el desarrollo económico

Como sociedad, hay muchos aspectos mejorables, aunque hemos de reconocer logros y avances. Solemos ser muy críticos con nuestros fallos y celebramos con dificultad nuestros aciertos. Por ejemplo, la primera Ley de Parques Nacionales de 1916 consiguió que España fuera uno de los países pioneros en Europa en la apuesta por la protección de la naturaleza. Su conmemoración, sin embargo, no ha tenido la repercusión que se merecía.

Tampoco ha trascendido que, incluso en los momentos más difíciles de la crisis, en España se ha mantenido el compromiso con el respeto al medio ambiente por parte de los principales agentes. Nadie ha pedido, ni querido, dar marcha atrás en las protecciones ambientales. Y es que de las crisis se sale hacia adelante, también en los temas ambientales. Todo un avance que muy pocos han contado.

En estos últimos años, se han acometido relevantes reformas normativas que reflejan precisamente el interés por el medio ambiente de nuestra sociedad. Tal es el caso de la Ley 21/2013, de 9 de diciembre, de evaluación ambiental, con la que se ha conseguido reforzar la protección ambiental, simplificar y agilizar los procedimientos, y homogeneizar la normativa en todo el territorio nacional, en un ámbito en el que la legislación se encontraba especialmente fragmentada.

Otro ejemplo es la Ley 33/2015, de 21 de septiembre, por la que se modifica la Ley 42/2007, de patrimonio natural y de la biodiversidad. Para entender la relevancia de esta norma, debemos tener en cuenta que, en España, el 27% del territorio y el 8% de la superficie marina están integrados en la Red Natura 2000, la gran red europea de espacios protegidos. La Ley 33/2015 mejora la protección de nuestro patrimonio natural porque facilita su conocimiento, al determinar que la información relativa a estos espacios se incorpore en el Registro de la Propiedad y en el Catastro. Gracias a ello, se proporciona información sobre las protecciones ambientales que afectan a las propiedades inscritas y se mejora la protección, porque solo podemos proteger aquello que conocemos.

Es posible garantizar la protección medioambiental al tiempo que se establecen incentivos para que ese valor reporte beneficios. “Quien conserva, gana”

Pese a los avances, se sigue contraponiendo la protección del medio ambiente con la generación de un entorno favorable al desarrollo económico y a la generación de empleo. A quienes mantienen esta percepción, habría que explicarles que es posible garantizar la protección medioambiental al tiempo que se establecen incentivos para que ese valor reporte beneficios. Y es que “quien conserva, gana”. Este debe ser uno de los principios inspiradores de nuestras políticas ambientales; políticas que, para ser eficaces, necesariamente deben conciliar la protección de nuestro entorno con la actividad económica.

Así, por ejemplo, debería resultar obvio que una política orientada hacia una economía baja en emisiones de carbono supone ahorros para el futuro y que, si reaprovechamos aquello que generamos, en vez de enterrarlo (economía circular), seremos más eficientes y productivos.

Estas ideas tan 'simples' son, a veces, tergiversadas o puestas en tela de juicio. Por eso, debe insistirse en ellas; deben estar más presentes en el debate público; explicarse en colegios y universidades, y aparecer con más frecuencia en los medios de comunicación.

Solo de esta forma se podrán sumar aliados. La protección de nuestro medio ambiente es una aspiración colectiva y un compromiso intergeneracional irrenunciable. No tiene color político. Es de todos y nos afecta a todos. Se debe contar en todo momento con los ciudadanos, los propietarios, las empresas, los ecologistas y las distintas administraciones implicadas. Solo juntos podemos ser realmente eficaces. Y aquí es donde necesitamos talento y liderazgo. Hay que convencer.

El liderazgo resulta indispensable para afrontar retos tan relevantes como la lucha contra el cambio climático o la transición a una economía circular

Se atribuye a Picasso la cita: “Hay personas que transforman el sol en una simple mancha amarilla, pero hay también quien hace de una simple mancha amarilla el propio sol”. El talento, tan útil como difícil de encontrar, resulta especialmente necesario para explicar la trascendencia que nuestra conducta presente tiene para las generaciones futuras.

No olvidemos que líder es quien con su actitud convence a otros de que merece la pena luchar por una buena causa. En una época como la actual, en que tantas escuelas de negocios forman 'líderes', resulta paradójico que todos reconozcamos que tenemos un problema acusado de 'falta de liderazgo'. El liderazgo resulta indispensable para afrontar retos tan relevantes como la lucha contra el cambio climático o la transición hacia una economía circular, de manera equilibrada, sin olvidar el resto de las variables que hay que despejar en la ecuación del desarrollo sostenible, pero sin dudar de que el camino es el correcto.

Necesitamos líderes con un discurso positivo capaz de persuadir, motivar e inspirar, que nos ayuden a aproximarnos al medio ambiente y a su protección, sin conformismo ni complacencia.

La prosperidad que podamos legar a nuestros hijos dependerá, en buena parte, del papel que otorguemos a las políticas de conservación de la naturaleza. En este ámbito, no podemos limitarnos a hacer las cosas lo mejor que podamos, sino que tenemos que hacerlas bien. Es la hora de que nuestras conciencias pasen a la acción.

*Guillermina Yanguas, magistrada y doctora en Derecho. Ha sido directora general de Calidad y Evaluación Ambiental y Medio Natural en el Ministerio de Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente (2012-2016) y directora de Calidad y Evaluación Ambiental en la Comunidad de Madrid (2011). Ha ejercido como abogada especializada en temas ambientales e impartido clases en la Universidad Pontificia Comillas (Icade) y en distintos másteres y escuelas de negocios. Desde 2016, es académica correspondiente de la Real Academia de Jurisprudencia y Legislación.

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