Turquía, en la diana

El Gobierno de Erdogan, consciente de la situación geoestratégica de Turquía, ha tensado la cuerda en más de una ocasión para ejercer presión sobre sus vecinos europeos

Foto: Tayyip Erdogan. (Reuters)
Tayyip Erdogan. (Reuters)

Desde la firma del Acuerdo de Ankara en 1963, Turquía fue uno de los más cercanos socios de la entonces Comunidad Económica Europea. Con la firma del acuerdo para una Unión Aduanera de 1995 y su consideración como candidato idóneo para la adhesión, parecía que las relaciones entre el país euroasiático y la Unión, se encontraban en su mejor momento. Tras la subida al poder del Presidente Tayyip Erdogan, las relaciones entre la Unión y Turquía se han ido deteriorando, hasta llegar a la situación actual.

El Gobierno de Erdogan, consciente de la situación geoestratégica de Turquía, ha tensado la cuerda en más de una ocasión para ejercer presión sobre sus vecinos europeos. Su posición geográfica privilegiada, lindando con Irán e Iraq y siendo el país que aleja la guerra de Siria de las fronteras de la Unión, le convierte en actor principal para resolver importantes retos geoestratégicos. Dicho protagonismo ha llegado a interferir en las propias políticas de la UE, pues la mayor parte de los refugiados de la guerra de Siria que han entrado en Europa lo han hecho por Turquía y —en muchas ocasiones— con el consentimiento de las autoridades (causando una de las mayores crisis humanitarias de las últimas décadas).

Asimismo, desde que en 2013 se descubriera gas en el Mediterráneo Oriental, los conflictos sobre la delimitación de las aguas territoriales entre Grecia, Chipre y Turquía han ido en aumento. El Gobierno chipriota, a raíz de las exploraciones turcas, ha solicitado en más de una ocasión la imposición de sanciones a Turquía. Las perforaciones en el fondo marino no solo habrían causado movimientos sísmicos en partes de Grecia y Chipre, sino que además habrían vulnerado también —según aluden estos países— su soberanía territorial. Pese a no existir un frente común dentro en la Unión Europea en lo que a sanciones frente a Turquía se refiere, la Unión ya ha impuesto sanciones frente a ciudadanos turcos relacionados con el Gobierno, así como frente a empresas involucradas en las prospecciones petroleras y quienes las apoyan.

Además de tensar la cuerda con la UE, Turquía también sostiene desencuentros diplomáticos con Estados Unidos. Desde el estallido del conflicto sirio, el cruce de acusaciones y el choque entre ambas potencias ha ido en aumento, en un primer momento fueron las acusaciones del entonces vicepresidente, Joe Biden, sobre la posible financiación que el Gobierno turco estaba prestando a Al-Nusra (una de las filiales locales de Al-Qaeda), el apoyo de las tropas estadounidenses a las milicias kurdas o el cada vez mayor acercamiento entre el Gobierno turco y la Rusia de Vladimir Putin. Los constantes roces han llevado al Gobierno de Erdogan a plantearse también la posible salida de Turquía de la OTAN, lo cual supondría la ruptura definitiva con Occidente.

En el punto álgido de esta disputa, las declaraciones del presidente de Francia, Emmanuel Macron, acerca del Islam, motivaron un nuevo choque entre Tayyip Erdogan y la Unión Europea. El presidente turco puso en duda la salud mental del líder francés e hizo un llamamiento a otros países musulmanes a boicotear los productos franceses como gesto de protesta.

Todos estos actos han sido rechazados por la Unión Europea, que ha constatado a través del alto representante para la Política Exterior, Josep Borrell quien ha manifestado, junto con el Parlamento y la Comisión, su rechazo tanto a los ataques personales del presidente Erdogan como el boicot a los productos franceses, que es contrario a los acuerdos arancelarios en vigor entre Turquía y la Unión. Además, la convulsa situación en Chipre, ha motivado también la imposición de sanciones económicas por parte de la Unión así como a replantearse la relación comercial que da un status singular y preferente a Turquía.

Como ocurre siempre que las sanciones internacionales resultan ser la herramienta elegida, los principales perjudicados son las empresas extranjeras que han realizado inversiones y se encuentran ya presentes en el mercado. En cuanto a las empresas españolas, Turquía se ha convertido en uno de sus destinos de inversión preferente habiendo aumentado las inversiones desde 2012 hasta 2019 entre el 3 y el 4% anual. Además de la inversión española, las relaciones comerciales son intensas habida cuenta de que Turquía es uno de los principales destinos de la exportación española de automóviles y otros recursos metalúrgicos, mientras que Turquía –por su lado- exporta a España gran cantidad de productos textiles.

Los riesgos que suponen la inestabilidad y tensión diplomática perjudica las relaciones comerciales con Turquía. En especial, la seguridad jurídica sobre la que descansan las inversiones extranjeras ya establecidas y que apostaron por el país otomano como mercado en desarrollo y 'hub' regional (al gozar de una posición privilegiada como puerta de entrada a los mercados de su entorno). Prueba de su ascenso y ambición de las autoridades locales de consolidar a Estambul como ub financiero y comercial de la región es el proyecto Istanbul Financial Centre, que pretende convertir a Estambul en un centro para los negocios en la cercana fecha de 2022.

Sin embargo, el Gobierno turco no parece inquietarse ante el aumento de la tensión y no escatima esfuerzos en chocar frontalmente con sus aliados europeos y los Estados Unidos. Parecería, que el sueño de Erdogan de hacer valer la influencia turca sobre la región, pasa —con el apoyo de Rusia— por sentirse cómodo en la diana.

*José María Viñals Camallonga. Socio en Squire Patton Boggs.

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