Gobernanza con G mayúscula: incorporando la sostenibilidad al consejo
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Gobernanza con G mayúscula: incorporando la sostenibilidad al consejo

¿Cuáles son las razones de la rápida incorporación de la agenda de la sostenibilidad en los consejos?

Foto: Imagen de Gerd Altmann en Pixabay.
Imagen de Gerd Altmann en Pixabay.

Un conocido aforismo de Peter Drucker nos recuerda que "gestión es hacer las cosas bien, liderazgo es hacer lo correcto". A día de hoy, hacer las cosas bien y, además, hacer lo correcto es, desde la mirada estratégica del consejo, haber incorporado la sostenibilidad (los aspectos ESG) en la toma de decisiones de las empresas.

Pero ¿cuáles son las razones de la rápida incorporación de la agenda de la sostenibilidad en los consejos? En un reciente informe titulado 'Hacia la nueva gobernanza ESG: consejos de administración sostenibles', el clúster de Transparencia, Buen Gobierno e Integridad de Forética, compuesto por más de 45 grandes empresas, trasladaba algunas claves principales.

Foto: Imagen de la reciente Cumbre de Clima celebrada en Madrid

En primer lugar, la aceleración de la agenda de la sostenibilidad está suponiendo que el modelo de gobernanza de las compañías esté siendo objeto de revisión desde diversos ángulos. Reguladores, inversores y los propios consejos están redefiniendo la responsabilidad fiduciaria de los consejeros para integrar competencias más allá de las definidas por los marcos de buen gobierno tradicionales. Esto responde a una serie de disrupciones en los mercados, a cambios en la idiosincrasia sobre el rol de la empresa en la sociedad y a la constatación de que la satisfacción de las expectativas de los grupos de interés clave puede ser determinante para generar líneas de crecimiento en el largo plazo.

Además, el debate está en la actualidad empresarial. Con poco más de una década de diferencia entre sí, la burbuja financiera de 2008 y la pandemia del covid-19 han supuesto dos crisis sistémicas en lo que va de siglo. La narrativa de los mercados ha descrito ambas como crisis “sin precedentes”. La caída de las bolsas en la jornada más aguda de la crisis financiera fue un 33% más benigna que la peor sesión en la primera etapa del covid-19. Dos de los cinco mayores desplomes bursátiles de la historia se han producido durante el primer trimestre de 2020. El carácter sistémico de ambas crisis ha mostrado la importancia de la gestión de los aspectos no financieros.

Foto: sostenibilidad-agenda-ceos-bra

Estas transformaciones hacen necesario un nuevo enfoque en los consejos de administración. Una transición de un modelo de gobernanza, en el que el accionista es el principal (y casi único) foco de atención, hacia una Gobernanza con G mayúscula, como ha acuñado el reconocido experto en materia de gobernanza y finanzas sostenibles Jaime Silos, director del mencionado clúster de Transparencia. Este nuevo enfoque de gobernanza, parte del accionista como grupo de interés principal, ya que, como es lógico, el objetivo último del gobierno de las organizaciones siempre será velar por los intereses de la propiedad. Sin embargo, promover y velar por un sentido del propósito empresarial que revalide su licencia para operar en entornos inciertos, la integración de competencias en riesgos y oportunidades ESG o el diálogo continuo con los grupos de interés serán fundamentales para el éxito empresarial durante las próximas décadas.

Precisamente, una de las consecuencias de los distintos 'shocks' económicos, sociales y ambientales ha sido un cambio en las expectativas acerca del rol y la responsabilidad de las compañías en su propósito respecto al bienestar de la sociedad. El incremento de las desigualdades, la vertiginosa progresión del cambio climático o la superación de varios límites planetarios, entre otros, han supuesto una fuente de desequilibrios que se materializan en riesgos de negocio. Por primera vez desde su creación, en 2021 los cinco riesgos más importantes identificados en el 'Global Risk Report' del Foro Económico Mundial responden a aspectos de sostenibilidad.

Foto: Central de carbón. (EFE) Opinión

Esta realidad pone la empresa en el foco del escrutinio público, político y regulatorio. Pese a que distintas iniciativas regulatorias vienen promoviendo una mayor transparencia sobre los aspectos ESG durante las últimas dos décadas, este proceso se ha acelerado desde el año 2015 gracias a hitos como el Acuerdo de París o la adopción de los objetivos de desarrollo sostenible (ODS).

Esta nueva ola regulatoria viene a establecer, fundamentalmente, dos líneas de acción. Por una parte, mejorar la disponibilidad de la información y la calidad del reporte sobre aspectos extrafinancieros. De hecho, la reciente Corporate Sustainability Reporting Directive (CSRD) servirá de base para establecer unas reglas de 'reporting' comunes en la Unión Europea con el fin de mejorar los flujos de información no financiera sobre el desempeño ESG de las compañías y aumentar la transparencia.

Foto:

Por otro lado, insertar la adecuada gestión de estos aspectos dentro de la responsabilidad fiduciaria de los administradores. Para ello, dentro del Pacto Verde Europeo (Green Deal), la Comisión Europea ha introducido una propuesta de directiva de gobierno corporativo sostenible, cuyo borrador se prevé publicar este mismo mes de junio, con el objeto de mejorar el marco normativo de la UE en materia de derecho de sociedades y gobernanza empresarial. Según la Comisión Europea, “permitiría a las empresas centrarse en la creación de valor sostenible a largo plazo” y les ayudaría “a gestionar mejor las cuestiones relacionadas con la sostenibilidad en sus propias operaciones y cadenas de valor”.

En conclusión, sea por la convicción propia o alentada por la presión regulatoria, de los inversores o de la sociedad, la integración de los aspectos de sostenibilidad debe permear la actividad de los consejos, desde la propia designación y la formación continua de los administradores, pasando por las normas de funcionamiento de los mismos y la actividad de sus comisiones. Un consejo de administración competente en sostenibilidad es, hoy en día, lo correcto.

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*Germán Granda, director general de Forética y miembro del Consejo Académico de FIDE.

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