Santi Vila: "Sin Twitter, se habría evitado la vía unilateral"

El 'exconseller' trató de convencer al expresidente de la necesidad de pisar el freno, de alejarse de la DUI y convocar elecciones anticipadas. Fracasó y fue acusado de traidor

Foto: Santi Vila. (Alex Caparròs)
Santi Vila. (Alex Caparròs)

Santi Vila tuvo un papel muy difícil en la última fase del 'procés'. Muy cercano a Carles Puigdemont, trató de convencer al expresidente de la necesidad de pisar el freno, de alejarse de la DUI y convocar elecciones anticipadas. Fracasó, y fue acusado de traidor. Ahora publica un libro, 'De héroes y traidores' (Península) donde explica, con información de primera mano y una perspectiva autocrítica, lo que sucedió tras las bambalinas del Govern en los días previos al harakiri de la Generalitat.

PREGUNTA. Han aparecido los nombres de varios periodistas de El Confidencial en los informes de los Mossos d'Esquadra. ¿Qué opinión le merece esto?

RESPUESTA. Cuando leí esta información me quedé atónito. Es absolutamente increíble e inaceptable. Es urgente y necesario que se clarifiquen los hechos. Es del todo inadmisible. Habrá que dirimir responsabilidades de manera tajante. Sin duda.

P. ¿Cree que su nombre también aparece en papeles como estos?

R. Es muy probable.

P. ¿De los Mossos?

R. Y del Estado. En toda esta legislatura hemos dado por supuesto que nuestros móviles estaban pinchados. Es muy probable que fuéramos víctimas del seguimiento de las dos partes. Algunos teníamos muchas papeletas para esto.

P. Su libro está escrito en español y traducido al catalán. ¿Lo escribió con el lector de fuera de Cataluña en la cabeza?

R. Es un libro pensado para dar explicaciones, tanto personales como colectivas, sobre qué ha pasado en Cataluña. Pienso en un ciudadano demócrata y perplejo.

P. ¿Siente usted más perplejidad que resentimiento?

R. El libro ha tenido una componente terapéutica para mí. Durante las primeras semanas de noviembre y diciembre conseguí mantener un ánimo sereno pese a que yo había pasado ya por la cárcel y me estaban atizando aquí, acusándome de traidor.

Santi Vila. (Alex Caparròs)
Santi Vila. (Alex Caparròs)


P. Usted critica mucho la hiperventilación, pero ha formado parte del proyecto político que, desde 2012, capitaliza y favorece esta hiperventilación.

R. Mi partido sí, pero yo no. Yo siempre he tratado de justificar mis posiciones desde la racionalidad y los argumentos, y he tenido libertad de criterio.

P. ¿Tenía libertad de criterio dentro de su partido?

R. Sí. Han tenido mucha paciencia conmigo.

P. Cuando nace la candidatura conjunta JxS, el espacio del nacionalismo pactista lo ocupa Unió. Muchos pensábamos que la burguesía nacionalista de toda la vida sostendría a este partido, pero aquellas elecciones fueron la tumba política de Durán i Lleida. ¿Por qué?

R. En una solución química de polarización, cualquier candidatura que intente ser moderada fracasa. Esto le ha pasado a Miquel Iceta, que todavía se está lamiendo las heridas por sus declaraciones sobre el indulto de los presos. Palos por parte del nacionalismo español y palos por parte de los independentistas hiperventilados. Por otra parte, Unió planteó una candidatura que ya no encajaba con estos tiempos.

Yo siempre he tratado de justificar mis posiciones desde la racionalidad y los argumentos, y he tenido libertad de criterio


P. Alguien podría responderle que nuestros tiempos no son propicios a lo que usted propone, es decir, la racionalidad y la serenidad.

R. La alternativa al 'seny' es seguir alimentando esta máquina devoradora de perfiles políticos y proyectos. No se puede hacer política en estas condiciones de sobreexcitación. Si nadie escucha al otro, no hay política.

P. El 'procés' se ha caracterizado por la sordera. Usted da un dato muy revelador: Puigdemont y Rajoy se intercambiaron los móviles personales tras el atentado de Barcelona.

R. Esto es espectacular. Sí, Rajoy y Puigdemont ¡ni siquiera tenían sus números apuntados! Algo absolutamente anómalo. Es increíble que, en una legislatura tan intensa, tan llena de riesgos, no se intercambiaran los teléfonos hasta ese momento. Detalles como este explican a los ciudadanos cómo es que se produjo el choque de trenes. La política es un juego donde influye mucho lo personal. Estamos pagando la dificultad que han tenido los presidentes para establecer un margen para la confianza íntima.

P. Rajoy no se fiaba de lo que haría Puigdemont y Puigdemont no se fiaba de lo que haría Rajoy.

R. La desconfianza era total. Se escribían cartas que... en fin. Solo con una confianza íntima en la otra parte puede tomar un presidente una decisión impopular, como hubiera sido para Puigdemont la convocatoria de elecciones, con la seguridad de que esto va a frenar las medidas extremas de la otra parte. Pero es que no hablaban. Es así de triste.

Santi Vila. (Alex Caparròs)
Santi Vila. (Alex Caparròs)


P. Maruja Torres dijo que ella solucionaba esto mandándolos a un balneario con las respectivas señoras.

R. No es mala idea. Tratados por separado los dos están razonablemente bien. Dicho esto, las dinámicas de gregarismo y sectarismo en las que están metidos ambos, el miedo que tienen a perder la posición de liderazgo dentro de sus partidos, nos han abocado a espirales tremebundas.

P. Usted era el nexo de comunicación entre ambos bloques, una especie de enlace. Ahora que no está, ¿alguien cumple esta función?

R. A mí me consta que, más allá de la política y las instituciones, ha habido personas buscando puntos de contacto. Personas del mundo empresarial, de la iglesia católica y otras instituciones. Hay que resaltar la actitud del lendakari Urkullu.

P. En el libro habla de sus contactos con el Estado sin dar nombres. Habla de ministros, de personas, todo muy nebuloso. ¿Puede aclarar algo?

R. Quiero pensar que estas personas con las que yo hablaba siguen intentando solucionar esta situación, así que no quiero comprometerlas. Esta misión mediadora, diplomática, espero que siga en marcha sin mí. En la Audiencia Nacional fui muy discreto, así que ahora también.

A mí me consta que, más allá de la política y las instituciones, ha habido personas buscando puntos de contacto


P. Usted dice que la aprobación de la Ley de Desconexión en septiembre fue disparatada, y que más tarde se arrepentiría de no haber dimitido en aquel momento. ¿Por qué no lo dimitió?

R. La noche del 6 de septiembre pedí hablar con el presidente y le dije: "Carles, esto no puede ser". Y lo que me respondió quizás sorprenda a la opinión pública. El 'president' estaba de acuerdo conmigo. "Esto ha sido bochornoso", me dijo. A la mañana siguiente intentó desactivarlo. Presencié sus gestiones, pero no lo consiguió. Esta fue una de las primeras impotencias de Puigdemont.

P. Entonces, ¿por qué no dimitió?

R. Puigdemont me pidió que me quedase con él. Yo mantenía una interlocución con el gobierno y creo que él confiaba en mí. Estábamos convencidos de que tras el referéndum habría una negociación. Reconozco que pequé de un exceso de elitismo. Pensé que, si los líderes de un lado y del otro querían una solución pacífica, era imposible que no fuera así. Para mí era impensable que un 'president' fuera arrollado, por ejemplo, por las redes sociales.

Santi Vila. (Alex Caparròs)
Santi Vila. (Alex Caparròs)


P. Es notable la sensibilidad que tiene Puigdemont hacia Twitter.

R. Somos aprendices de brujo con esta tecnología. Nos condiciona muchísimo, nos influye demasiado, sobre todo sabiendo que este ruido está condicionado y construido por tus adversarios políticos, de otros partidos y del tuyo propio. Que políticos solventes se dejen influir así por Twitter, además de triste es incomprensible. Le diré algo: sin Twitter, se habría evitado la vía unilateral y se habrían convocado plácidamente elecciones.

P. ¿Hay autocrítica en el bloque independentista?

R. Yo estoy muy atento a las reflexiones que se van incorporando, y la verdad es que son escasas. La noche del 1 de octubre, la idea independentista disfrutaba de una gran simpatía internacional. Ahí, esa misma noche, tendríamos que haber convocado elecciones. Era el momento. Madrid se había equivocado de manera clara.

P. ¿Qué hubiera cambiado con unas elecciones convocadas entonces? Quiero decir, veníamos de la hoja de ruta. El referéndum, según Puigdemont, ya justificaba la DUI.

R. Puigdemont sabía que el referéndum no justificaba la DUI. Adelantar elecciones a este momento habría ampliado los apoyos, y esto habría forzado al gobierno de Rajoy a abandonar el inmovilismo, y nos habría permitido volver al cauce constitucional sin ser masacrados por nuestros electores. Esta es mi opinión.

Sin Twitter, se habría evitado la vía unilateral y se habrían convocado plácidamente elecciones


P. ¿Para conseguir qué?

R. Un referéndum pactado.

P. ¿Cree que es posible convencer al nacionalismo español de la pertinencia del referéndum?

R. Hoy estamos peor que hace un año. Mientras haya gente en la cárcel y Puigdemont no pueda volver de Bélgica, cualquier intento de moderación por nuestra parte producirá descontento. Además, en el resto del Estado hay también hay un sentimiento herido. Un choque de identidades nacionales no nos lleva a ninguna parte.

P. Bueno, yo creo que sí nos lleva a una parte. A que el nacionalismo español obtenga rédito fuera de Cataluña, y a que los partidos independentistas lo obtengan aquí. ¿No es esta la estrategia?

R. Es una estrategia que históricamente había funcionado y que, además del rédito político, tenía efectos beneficiosos para la ciudadanía. Pero esto ha cambiado. Ya no se va a ninguna parte por aquí. Puede haber rédito electoral, pero la política real está paralizada.

P. Sospecho que el independentismo está entre la espada de la ANC y la pared del 155. ¿Está de acuerdo con esto?

R. Pues un poco sí. Los partidos están prisioneros de un relato muy exigente y muy idealista que se ha construido, menospreciando las dificultades y que no es suficiente con desear algo intensamente para que se haga realidad.

Los partidos están prisioneros de un relato muy exigente y muy idealista que se ha construido, menospreciando las dificultades


P. ¿Cuál es la influencia de la ANC en la política catalana?

R. Responde a una corriente global: la antipolítica. El miedo al futuro de las clases medias genera una angustia muy fuerte que se traduce en votar opciones idealistas sin base pragmática. El proyecto de la ANC y Òmnium tiene esta promesa, como lo tuvo el 15-M.

P. ¿La ANC alimenta el fanatismo?

R. En todos los movimientos hay fanáticos y moderados. En la ANC he conocido gente independentista muy sensata y razonable, que se siente lejana a muchas decisiones que se han tomado.

P. Entonces, ¿quién está empujando para que no haya marcha atrás?

R. El tono lo están marcando las posiciones integristas dentro de todos los actores en juego.

P. En este sentido, encuentro cierta incoherencia en el retrato que usted hace de Puigdemont. Muchas de las actitudes que critica en otros, por ejemplo en diputados de ERC o miembros de ANC, yo las he visto en Puigdemont, especialmente tras su marcha a Bélgica.

R. Yo me centro en el periodo en que hemos sido compañeros de gobierno. A partir del momento en que Puigdemont se va Bélgica, estamos en otra fase totalmente distinta. Una fase excepcional y atípica que se explica por las razones y las condiciones penosas en que se está moviendo.

Santi Vila. (Alex Caparròs)
Santi Vila. (Alex Caparròs)


P. ¿Condiciones penosas?

R. Lamentables y tristes. Tiene su familia en Girona.

P. ¿Le ha pedido consejo desde allí?

R. No. He hablado con su entorno, pero no he hablado más con él. Si yo tuviera pasaporte, lo iría a ver. Intentaría aportarle una visión un poco distinta de la que, me temo, le llega. El riesgo de perder el pulso de la vida real siempre se da en el exilio. A mí me gustaría mucho, con la franqueza con la que siempre nos hemos hablado él y yo, poderle explicar cómo veo las cosas. Pero no puedo, estoy sin pasaporte.

P. Su influencia no fue suficiente antes, ¿por qué ahora...?

R. Si Carles Puigdemont y yo no hubiéramos sido amigos, yo hubiera salido del gobierno antes. En el fondo, de nuevo con mi prejuicio elitista, me creí más influyente sobre él de lo que se demostró que he sido.

P. De una forma o de otra, parece un líder demasiado influenciable.

R. En aquel dilema tuvo que optar entre tener razón y quedarse solo, o reconfortarse en el error.

P. Lo que peor llevo del independentismo oficial y oficioso es que ningunea a buena parte de sus conciudadanos. Atribuyeron las manifestaciones españolistas a autobuses cargados de andaluces, han acusado de extranjera a Arrimadas, etc. ¿Es posible una solución si el independentismo no cambia su relación con los catalanes no independentistas?

R. Una de las reflexiones que incorporó el 2 de octubre es esta: "Señores, ojo, que dos millones de personas están movilizadas por la causa, pero tenemos millones de ciudadanos comodísimos con el orden constitucional". Segunda interpretación, la de las elecciones de diciembre: "¡Sorpresa, nos ha ganado Inés Arrimadas! ¿Qué está pasando aquí?". Pues que tenemos una sociedad muy compleja. En las diez ciudades más pobladas había ganado Ciudadanos. Con estos dos factores, lo primero que hay que hacer es recuperar los consensos en Cataluña.

Si Carles Puigdemont y yo no hubiéramos sido amigos, yo hubiera salido del gobierno antes


P. Le veo entusiasmado. Me cuesta creer que no se plantee usted una vuelta a la política.

R. El futuro no está escrito.

P. No estará escrito, pero entre líneas...

R. He vivido de manera traumática tener que irme de la política. Para mí es muy triste. Y más con la consideración de traidor. Esto es terrible para alguien que se ha criado aquí. La moderación no era valorada. Ahora hay que dar la cara en lo personal y en lo judicial.

P. ¿Puigdemont tendría que dar la cara también en lo judicial?

R. Bueno... Eh... Yo creo que tan pronto se den las condiciones, estaría muy bien.

P. ¿Cuáles son las condiciones?

R. Que exista ya un marco de diálogo y una voluntad real de encauzar este conflicto por vías políticas y no judiciales.

P. Pero lo judicial funciona por su cuenta. Ahora mismo, que el juez se niegue a permitir que Jordi Sánchez acuda a la investidura, políticamente viene mal a todos, puede que incluso al PP. Los jueces, pese a la teoría de la conspiración, no parecen acatar órdenes del gobierno.

R. Ya, pero la Justicia debería no ser sorda. Yo creo que la Justicia, desde su independencia, debe ser sensible a la situación delicadísima del momento.

P. Igualmente, ¿qué garantías le puede dar el gobierno a Puigdemont si ya está todo en manos de la Justicia?

R. El gobierno tendrá que decir cómo se imagina la salida de este lío. El problema latente es que en ningún momento se ha puesto sobre la mesa una solución política. 2017 empezó como empezó, operación diálogo en Cataluña. ¿Cómo quedamos los moderados cuando este supuesto diálogo no produjo una sola línea? Nuestra humillación ante nuestra ciudadanía fue total.

Santi Vila. (Alex Caparròs)
Santi Vila. (Alex Caparròs)


P. ¿Cree que al nacionalismo lo ha traicionado su exceso de astucia?

R. ¿En qué sentido?

P. En el sentido de falta de honradez.

R. Puede.

P. ¿Usted está seguro de que Rajoy no hubiera aplicado el 155 de haberse convocado elecciones?

R. Había mucha gente importante, conocedora de lo que se había discutido entre bambalinas. Gente del mundo empresarial, financiero, religioso, institucional y extranjero. Estas personas hubieran desautorizado al gobierno, hubieran puesto en peligro la legislatura. ¿Por qué iba a cometer Rajoy esta temeridad? Y hay otra razón para pensar así: el Gobierno de España tenía pavor al 155. No sabían cómo desplegarlo, ni cuál sería la reacción en Cataluña.

P. La reacción ha sido sorprendentemente mansa.

R. (Largo silencio, larga sonrisa). Esos eran los dos argumentos de peso para confiar en que, si convocábamos elecciones, nadie tendría interés en dinamitar el autogobierno con el 155.

P. El caso es que el Gobierno neutralizó la Generalitat y tampoco ardió una papelera.

R. Esto... Quizás esto sea motivo de estudio.

P. Hubo días en octubre en los que yo le dije a mi mujer: Oye, si esto empieza a liarse, nos vamos, ¿no? Muchos tuvimos miedo a que la violencia política se tradujera en violencia callejera, pero luego hemos visto que Soraya decapita la Generalitat, y aquí paz y después gloria.

R. Mira, en el ámbito ciudadano es comprensible y algo que celebrar. Una ciudadanía moderna y avanzada no va a liarla, tiene mucho que perder. Pero en el ámbito político... Es... En fin. En Madrid estaban muy asustados, porque aquí hay una estructura de altos directivos, funcionarial, que iba a defender, se suponía, la institución más sagrada para Cataluña. En estos ámbitos de poder decían: "¡Yo, sin 'conseller', no firmo esa factura!". "¡Si meten el 155, se queda el hospital sin medicamentos!". ¿Y? En fin. Aquí estamos, ¿no?

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