Quim Torra es el 'monstre president'

Es alucinante, pero han investido a Torra. Los diputados que votaron a favor saben perfectamente que es un xenófobo, un cateto, un nacionalista cerril y un supremacista

Foto: El nuevo presidente de la Generalitat, Quim Torra. (EFE)
El nuevo presidente de la Generalitat, Quim Torra. (EFE)

Hasta este momento se podía discutir. Nosotros podíamos fingir, ellos podían fingir, todos podíamos fingir. Pero durante los últimos días algo grande ha pasado en Cataluña. Me refiero a algo realmente rompedor. Tras la monotonía de días históricos, tras el ruido intrascendente, nos encontramos con algo que figurará en los anales de la historia. Ya tenemos 'president' tras el 155.

Hablando en plata, los independentistas han entregado a sus adversarios un caramelo tan dulce que ni la izquierda española va a poder rechazarlo. Se llama Quim Torra, nació en Blanes en 1962 y es, por fin, todo aquello que el españolismo quiso que fuera el independentismo. Un tipo tan retrógrado que ni los más cordiales de entre nosotros podremos permanecer templados.

Quim Torra piensa que los españoles somos seres inferiores. Quim Torra ha dicho que los integrantes del partido fascista Estat Català eran la quintaesencia del independentismo. Quim Torra ha dijo que “aquí no cabe todo el mundo” refiriéndose a dos integrantes del PSC con apellido castellano. Quim Torra tilda de bestias y de parásitos a quienes viven en Cataluña y no hablan catalán. Quim Torra es, digámoslo claro, un facha.

Sí. Un facha de tomo y lomo. Si Quim Torra cambiase la palabra “espanyol” por “negro”, “moro”, “mujer” o “catalán” lo echaríamos a pedradas de todas las plazas. Un facha, sí, y no es un resumen superficial sino la síntesis de lo que han sido sus escritos y sus palabras. He vivido en Cataluña bajo la presidencia de Mas y de Puigdemont, he conocido las miradas altivas de la élite barcelonesa y el entrecejo desconfiado de los oriundos de Amer, y nunca estuve tan a disgusto con un presidente como lo estoy con Quim Torra.

Los diputados que votaron a favor de Torra saben perfectamente que es un xenófobo, un cateto, un nacionalista cerril y un supremacista

Los lectores de El Confidencial me conocen. He dicho (y sigo diciendo) que un referéndum pactado es la única solución para Cataluña. He dicho (y sigo diciendo) que tanto las hostias del 1 de octubre como las prisiones preventivas han sido decisiones torpes e injustificadas. He dicho (y sigo diciendo) que sólo el diálogo puede poner fin a tantos años de distancia. He dicho (y sigo diciendo) que todas las banderas se parecen en que todas agrandan el problema.

Pero ahora, ¿qué digo? Es alucinante, pero han investido a Torra. Los diputados que votaron a favor saben perfectamente que es un xenófobo, un cateto, un nacionalista cerril y un supremacista. Lo saben tan bien como yo aunque ya estén intentando blanquearlo en Twitter. He olido la renuncia de la CUP, el oportunismo de Esquerra, la cerrazón de la vieja Convergencia. He notado todo esto pero aún así han votado por Quim Torra.

Algunos hemos dicho que el idioma en Cataluña sólo es un problema para los catetos pero han elegido a un cateto que ha escrito que el idioma español es un problema. Algunos hemos invertido horas explicando que sólo los brutos miran con desprecio al sur pero han elegido a un señor que diserta sobre las taras de la raza de los andaluces. Algunos hemos asegurado que el catalanismo no es una postura excluyente pero han convertido en presidente a un xenófobo.

¿Qué podemos hacer ahora? Los últimos tiempos del 'procés' se demostraron como un camino a ninguna parte. Quedó claro que el independentismo es demasiado débil para obtener su república soñada, que polariza la sociedad catalana y la española, que carece de los apoyos internacionales y también de los internos. El choque de trenes se produjo y dejó un escenario en el que no hay ganadores, un páramo de frustración, amargura.

Se hacía urgente una marcha atrás desde ambos frentes pero entonces apareció Quim Torra, el independentismo en bloque lo convirtió en presidente de la Generalitat de Cataluña y los ingenuos como yo descubrimos que las cosas, si es posible, siempre pueden empeorar.

Crónicas desde la República cuántica

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