Cataluña, el Waterloo de Pablo Iglesias

El hecho de que cinco diputados de Podemos hayan dado su apoyo explícito al separatismo metiendo su voto en una urna podría considerarse transfuguismo

Foto: El presidente de la Generalitat en funciones, Artur Mas (i) se abraza a Carme Forcadell. (EFE)
El presidente de la Generalitat en funciones, Artur Mas (i) se abraza a Carme Forcadell. (EFE)

A Podemos le dieron por todas partes durante la campaña de las catalanas y ayer se demostró que se lo merecían. El PP los acusaba de independentistas y los 'estelados' de españolistas. Entre dos tierras, Lluís Rabell se ahogaba y se quedaba sin palabras. Agitaba sus extremidades en señal de protesta como una rana puesta a hervir, y le veíamos la cara dividida entre el agobio y la estupefacción. Ahora está claro por qué no lograba defenderse: la mitad de sus diputados ha votado a favor de la investidura de Carme Forcadell, hoy presidenta de Cataluña y ayer de la ultra-independentista ANC.

El hecho de que cinco diputados de Podemos hayan dado su apoyo explícito al separatismo metiendo su voto en una urna podría considerarse transfuguismo. ¿O es que les ha pasado como a Pedro Sánchez cuando votó lo contrario de lo que quería votar? ¿O ha sido un voto con la nariz tapada en pos de la gobernabilidad de esta autonomía? No. Ha sido el 'vot de la seva vida', los cinco votitos que van a costarle la vida política a Pablo Iglesias.

Hemos visto a cinco diputados de Podemos que desenvolvían la 'estelada' que tenían escondida debajo del escaño. Cinco diputados que han decidido dar su apoyo a una presidenta que viene avalada por Artur Mas. Mientras Podemos naufraga en las encuestas, Catalemos ha hecho cinco agujeritos para que el agua del “no son de fiar” pueda anegarlos mejor.

Si algo ha demostrado Podemos, es que es el verdadero partido del cambio. Concretamente, del donde dije digo, digo Forcadell

Yo me pasé el día estupefacto y he aprendido dos cosas. La primera, que hacerse famoso con un discurso xenófobo y excluyente para la mitad de los catalanes es un camino excelente para acabar gobernándolos a todos. La segunda, que tal como sospechaban muchos, Podemos mintió al electorado catalán.

Al votante de izquierdas en Cataluña se le repitió que Podemos era favorable al referéndum pero contrario a una declaración unilateral, de manera que los progres votaban a la CUP si querían independencia, al PSC si no la querían y a Catalunya Sí que es Pot si pensaban que era mejor que la ciudadanía al completo pudiera votar esta cuestión concreta con libertad. Hoy se puede identificar a este último votante porque corre con el periódico ardiendo entre las manos.

Muchos van por la calle con cara de día de los inocentes: han descubierto que dieron su confianza al doctor Jekyll cuando se les ha aparecido mister Hyde en el salón comedor. Si algo ha demostrado Podemos, es que es el verdadero partido del cambio. Concretamente, del donde dije digo, digo Forcadell.

En una mañana tan crucial, Pablo Iglesias se pasó un buen rato tuiteando con el hastag #SinMachismoPodemos, para desaparecer de la red social justo cuando una mujer se convertía en la presidenta del Parlamento catalán. Normal, porque cada una de las intervenciones de Forcadell es un machetazo en las cañas de azúcar de Podemos:

-¡No acataremos las imposiciones del Estado español! No la acataremos, no sufráis. Tenéis que tenerlo muy claro, ni os preocupéis.

El Parlament catalán se fractura en dos tras el "¡Visca la República catalana!"

Antes de emplazar a todos los parlamentarios a levantarse y cantar 'Els segadors', la presidenta dijo que había que dejar de pensar en los últimos 300 años, que era hora de mirar al futuro para acabar con la fase autonómica. Acto seguido, supongo que mirando al futuro, citó a Gandhi, a Galeano y a Lincoln, y nos recordó que “el régimen franquista, con ayuda del régimen nazi, asesinó a Lluís Companys”. Una forma de mirar al futuro un tanto contradictoria.

Forcadell terminó su discurso con un "¡visca la República Catalana!". Era el turno de los aplausos y la alegría nacional, pero se quedaron sentados y en silencio los diputados de PSC, PP y Ciudadanos mientras se levantaban a aplaudir los de Junts pel Sí, la CUP... y Catalemos.

Para mí, la imagen de la jornada de investidura la dejó el diputado de Podemos Joan Giner, un joven de pelo graso que vino ataviado para tan histórico momento con una sudadera y una camiseta: cantó el himno catalán de pie y con el puño en alto. Puño en alto que a estas horas, si mis cálculos son correctos, se halla alojado en algún lugar entre el recto de Pablo Iglesias y el de muchos de los votantes que colocaron a Giner en el sitio donde está.

Un murciano en la corte del rey Artur
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