El ‘factor Aguirre’ y los negros sondeos del Partido Popular
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Nacho Cardero

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El ‘factor Aguirre’ y los negros sondeos del Partido Popular

Esperanza Aguirre ocupa oficina en Velázquez 18, sede en Madrid de Seeliger y Conde, firma líder de búsqueda y desarrollo de talento directivo. Lo hace en

placeholder Foto: La presidenta del PP de Madrid, Esperanza Aguirre. (EFE)
La presidenta del PP de Madrid, Esperanza Aguirre. (EFE)

Esperanza Aguirre ocupa oficina en Velázquez 18, sede en Madrid de Seeliger y Conde, firma líder de búsqueda y desarrollo de talento directivo. Lo hace en su condición de presidenta del consejo asesor del grupo, esos cargos que nadie sabe realmente para qué sirven. Por la sobriedad de su despacho, sin cuadros, ni libros, ni calendarios de mesa, pasaría más por el de un monje cartujo que el de una expresidenta de la Comunidad de Madrid. Recibe los miércoles. El resto de la semana lo complementa con charlas y diversos actos sociales: un día exhorta a la Asamblea de Madrid a “regenerar la vida pública” y otro se desplaza hasta el Círculo Ecuestre para reconocer ante el seny que “hay que catalanizar España”. Esperanza Aguirre tiene el despacho en Velázquez 18, pero su cabeza la tiene en otro sitio, donde siempre la ha tenido, en el mundo de la política.

No hay tertulia, debate o columna en los que no se especule con el retorno de la expresidenta. La mayoría de los comentarios la sitúan como candidata a la alcaldía de Madrid en sustitución de Ana Botella, a la que todos dan por amortizada excepto la propia Botella. Aguirre serviría para apuntalar una plaza ahora en riesgo, la de Madrid, clave para el devenir futuro del Partido Popular. En Génova entienden que sólo hay dos nombres que ofrezcan garantías para mantener la alcaldía capitalina. Uno es el de Esperanza Aguirre; el otro, el de Soraya Sáenz de Santamaría. Pero a Rajoy, que por algo nació en Santiago, no le gusta ninguna de las dos opciones. De la primera porque no se fía y de la segunda porque se fía demasiado y prefiere tenerla a su vera como asesora. Luego habría una tercera opción, la de Cristina Cifuentes, valor al alza pero al que todavía le faltaría cierto predicamento. Mujeres al poder.

En el PP, como en los anuncios de Media Markt, están en la operación “yo no soy tonto” y especulan con aprovechar el rédito político que arrastra la expresidenta madrileña para la recua de elecciones que están por llegar. Se habla incluso de ponerla de cabeza de cartel para las europeas e intentar así amortiguar el varapalo que los sondeos vaticinan. El objetivo sería valerse de sus credenciales para despertar el voto dormido, casi en coma, que se ha instalado entre las filas populares. El presidente, sin embargo, también da por descartada esta opción. Rajoy no quiere a Esperanza Aguirre en ninguna lista. “Si se va, pues se ha ido”, repiten los gerifaltes del partido. Además, no necesitan de grandes revulsivos. Se conformarían con quedar un diputado por encima del PSOE. “Y los sondeos que manejamos actualmente nos dan alguno más”. Punto y pelota.

Aunque es sabido que las elecciones se celebran en mayo y el boss esperará al tiempo de descuento para decidirse, que por eso es más del Marca que de libretas azules, las exigencias del Partido Popular Europeo (PPE) podrían empujarle a acelerar el paso y mostrar las cartas antes de lo previsto. El hecho es que las formaciones europeas están obligadas a incluir en las listas a sus candidatos a presidente de la Comisión. Los socialdemócratas ya han escogido a Martin Schulz y los populares elegirán al suyo en marzo en la cumbre de Dublín. Con el nuevo Tratado de Lisboa, deben ser designados con “las suficiente antelación respecto a las elecciones” como para permitir que se lleve a cabo una campaña electoral centrada en asuntos europeos. Además de afectar al presidente, el PPE ha transmitido a sus partidos la consigna de que los futuros comisarios también deberían estar incluidos en la lista, lo que afectaría directamente a los intereses de Arias, Margallo, Guindos, Soria, Méndez de Vigo y otros pretendientes.

En el PP, como en los anuncios de Media Markt, están en la operación “yo no soy tonto” y especulan con aprovechar el rédito político que arrastra la expresidenta madrileña para la recua de elecciones que están por llegar

De seguir a pies juntillas las consignas, Rajoy debería mover ficha con presteza. Cuenta con un variado elenco de nombres, aunque los oráculos de Génova se inclinan cada vez más por el de Miguel Arias Cañete como sustituto de Joaquín Almunia. El ministro de Agricultura no tendría que ir necesariamente de número uno a las elecciones al Parlamento Europeo. Podría ocupar segunda o tercera plaza, acompañando al sempiterno Jaime Mayor Oreja, que quizá repita en lo que sería interpretado como un guiño a la vieja guardia. Más atrás, en cuarto, quinto lugar, Ramón Luis Valcárcel, que dejaría la presidencia murciana para retirarse a Estrasburgo.

Rosas en el Gobierno central; espinas en las baronías

Después de dos años haciendo el Arriola, es decir, el avestruz, empieza a extenderse por fin la idea de que hay que dar la cara, retomar la iniciativa y remontar las negras encuestas. En Moncloa aseguran sentirse con fuerza. Dicen que la cosa mejora, que todo responde a una estrategia perfectamente medida, que las salidas de pata de banco de Aznar y Piqué no son más que eso: disidencias previsibles.

Pero en Génova no lo tienen tan claro. El partido se siente huérfano de padre y madre. Cospedal entraba en los juzgados de Toledo como un condenado a muerte arrastrándose al cadalso. Los barones tampoco lo tienen claro. Creen que el Gobierno los ha abandonado a su suerte y que las autonómicas y municipales supondrán el fin de la supremacía territorial del PP. “Te dicen sí, sí, sí, que tendrán en cuenta tus peticiones… y luego no hacen nada”, se lamentan. De ahí que se hayan visto abocados a poner en marcha la mencionada “operación yo no soy tonto”, o lo que es lo mismo, hacer oídos sordos de Hacienda y bajar los impuestos para captar votantes.

El presidente de la Comunidad de Madrid, Ignacio González, el más agresivo en estos planteamientos, ya ha avisado que seguirá reduciendo la presión fiscal; Feijóo (Galicia) recortará medio punto el IRPF a las clases bajas; Monago (Extremadura) reparte deducciones para los escolares, para las viudas y hasta cheques bebés como si fueran simonías; Fabra (Valencia) trata de recomponer su imagen con deducciones a la vivienda y bonificaciones a los emprendedores, mientras Bauzá (Baleares) quiere suprimir los impuestos que Montoro le obligó a poner hace apenas un año.

Este país, entre los recortes impositivos, la bolsa por encima de los 10.000 puntos, las eufóricas palabras de Botín y las portadas de El País (Mon Dieu), en vez de encontrarse todavía un período recesivo, parece que esté nadando en la abundancia. Y todo ello con una tasa del paro del 26%. O en España se olvida muy pronto o es que quieren hacernos olvidar. Tanto da. “La memoria es el talento de los tontos”, solía quejarse Umbral.  

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