Los tres gráficos que desmontan las falacias educativas de la España de las autonomías

La educación es campo abonado para la demagogia, especialmente cuando el ministro del ramo presume de lenguaraz e impertinente, caso de Wert.

Foto: La consejera catalana de Educación, Irene Rigau (Efe)
La consejera catalana de Educación, Irene Rigau (Efe)

La educación es campo abonado para la demagogia, especialmente cuando el ministro del ramo presume de lenguaraz e impertinente, caso de José Ignacio Wert, ese gigoló de la política al que Rajoy consiente las gracias. Dando esto por bueno, el Gobierno puede respirar tranquilo con el informe PISA de la OCDE 2012. No por los datos que exhibe España, propios de un país bananero, sino porque avala las tesis oficiales según las cuales no es la ley Wert la que mancilla el honor de las comunidades con lengua propia, ni Montoro el que asfixia las cuentas de Cataluña con el catecismo del déficit público. Los males son endógenos y habría que buscarlos muy adentro.

Del informe de PISA se desprende que no hay una relación directa entre el nivel de gasto en educación y los resultados académicos y que hay comunidades manirrotas que cuentan con partidas más que generosas y que, a tenor de los exámenes, no hacen llegar el dinero a los alumnos.

Publicamos aquí tres gráficos que desmontan las falacias educativas que esgrimen ciertas comunidades, gráficos que salen de cruzar los resultados de PISA con las partidas destinadas por cada CCAA a Educación. Los últimos datos oficiales del ministerio sobre gasto por alumno no universitario datan de 2010. La media española ascendía a 5.484 euros. En este particular ranking, País Vasco se encontraba en los 7.388 euros por alumno, Galicia en los 6.450, Cataluña se situaba en los 5.377, Murcia en 5.385, Andalucía en 4.732 y Madrid en último lugar con 4.603 euros.

En el gráfico superior se muestra que la cuantía que destinan estas CCAA dista de ir en paralelo a la calidad de su sistema escolar. Como ayer destacó el ministro en su particular show, la mejora no tiene tanto que ver con la inversión realizada como con un cambio en la arquitectura del sistema educativo, que en España, por desgracia, sigue siendo una asignatura pendiente. “Nuestros resultados están muy por debajo de la República Checa o Polonia, países con unos niveles de gasto muy inferiores a los nuestros”, se quejaba Wert en el desayuno de Foro Nueva Economía.

Como paradigma de lo aquí expuesto se encuentra Madrid. Esta comunidad saca al País Vasco –líder en gasto por alumno– hasta 13 puntos en Lectura y 11 en Ciencias. La región madrileña supera en 10 puntos a Cataluña en Lectura, en 12 a Galicia y hasta 34 puntos a Andalucía. En Ciencias, aventaja al País Vasco en 11 puntos, en 15 a Cataluña y más de 30 a los alumnos andaluces. En conclusión: no todo es el parné. 

El informe PISA asevera que “existe una débil relación entre la cantidad de recursos educativos y el rendimiento de los alumnos, ya que la mayoría de las variaciones en dicho rendimiento se explican por la calidad de los recursos y por cómo son utilizados”. Una vez alcanzado un nivel de gasto de 50.000 dólares por estudiante de 6-15 años, “la equidad deja de existir”. En el caso de España, “el gasto acumulado en un alumno desde que tiene 6 años hasta los 15 asciende los 82.178 dólares”, es decir, supera la barrera.

¿Cómo es posible que comunidades que gastan de forma tan distraída obtengan tan malos resultados? De entre las miles de hipótesis que podrían dar respuesta a esta pregunta, hay dos que dicta el sentido común. Primera, esos fondos se destinan a materias que poco tienen que ver con el alumno, léase el agitprop nacionalista; segunda, los que gestionan la educación emulan a los tres monos sabios, que ni ven, ni oyen, ni hablan.

La consejera catalana de Educación, Irene Rigau, atribuía los malos resultados de PISA al elevado número de alumnos inmigrantes que cohabitan en sus aulas. En un pueril ataque de celos, afirmaba de su colega madrileña, la consejera Lucía Figar, que obtenía mejores notas porque contaba con “inmigrantes sudamericanos, que tienen la lengua en común”. Curiosamente, Madrid ostenta la tasa más alta de España de alumnos inmigrantes (16,5%), de los que un 17,8% procede de Rumanía y un 14% de Marruecos, países donde el castellano –que se sepa– todavía no es lengua oficial. Ya lo decía Baltasar Gracián: "Son tontos los que lo parecen y la mitad de los que no lo parecen".  

Caza Mayor
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