El día que Podemos arrebate los palcos del Teatro Real al Ibex 35
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Nacho Cardero

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El día que Podemos arrebate los palcos del Teatro Real al Ibex 35

Nada más despedirse de su cargo como presidente de Mediobanca, Borja Prado se dirigió al Teatro Real, donde esa misma noche rendían homenaje a Montserrat Caballé.

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Homenaje a Vargas Llosa en el Teatro Real

Nada más despedirse de su cargo como presidente de Mediobanca, Borja Prado se dirigió al Teatro Real, donde esa misma noche rendían homenaje a Montserrat Caballé. El Real se había enseñoreado para la ocasión con el objeto de rememorar aquel 1967 en el que la diva debutó en Madrid con La Traviata. Tras la emotiva presentación que del acto hizo el director de escena Emilio Sagi, los focos buscaron la figura de Caballé, 81 años, medio camuflada en uno de los palcos. El patio de butacas prorrumpió a aplaudir en pie. Entre la claque, la mitad del Ibex 35. Los representantes del empresariado patrio se mostraban visiblemente conmovidos. Alguno incluso tuvo que tirar de pañuelo de tela para limpiar sus acuosas gafas de ver.

El Real es al Ibex 35 lo que el Liceo a la burguesía catalana o el Bernabéu a Florentino Pérez, un centro de negocios al que arpas y violonchelos revisten de cierta pátina intelectual, un lugar al que la gente del business acude para ‘cultivar’ su imagen y mirar y ser mirado. El presidente de la junta de protectores no es otro que el banquero Alfredo Sáenz, condenado en su día a prisión por denuncia falsa e indultado ‘parcialmente’ por Zapatero, y como mecenas principales del teatro figuran Telefónica, Santander, Fundación BBVA y Endesa, o lo que es lo mismo, el 40% del índice selectivo bursátil.

La gran empresa siempre se ha mostrado seducida por los oropeles del Real como por cualquier artista que dé lustre a sus grises consejos de administración, y quizá precisamente por ello, por culpa de tanta escalera imperial, tanta columna elíptica de cedro de Líbano, tanta lámpara de araña, no hayan podido vislumbrar esa realidad que germinaba en la calle, ese malestar de una clase media depauperada que está harta de corrupción y canonjías y que, a falta de un Mesías redentor, se ha ido con Pablo Iglesias.

Como quien encadena una pesadilla con otra, a las compañías españolas les ha dejado de preocupar la crisis y la prima de riesgo para empezar a atenazarles otro temor, el de la futura ingobernabilidad del país, con Podemos como punta de lanza. La inquietud es tal que representantes del mundo del dinero han llegado a trasladar a Borja Prado, en cenas informales, la necesidad de crear un movimiento desde el ámbito empresarial para frenar a este partido, y le han invitado a liderar dicha corriente crítica aprovechándose de sus ‘supuestos’ vínculos institucionales.

Estos comentarios sotto voce son indicativos de una preocupación que, de una u otra forma, ha obligado reaccionar a los gerifaltes del parné. Lo hacen por el bien de la economía, pero también por el de sus cuentas de resultados. Cada vez resulta más patente que apenas quedan catorce meses para las generales y la maquinaria ya ha comenzado a moverse.

El ‘sabio’ José Folgado, presidente de Red Eléctrica, ponía negro sobre blanco estas inquietudes en una reciente entrevista: “En los roadshows internacionales con inversores preguntan más por Podemos que por Cataluña (…). Habrá que conocer todo su programa, pero por lo que vamos viendo, no creo que la sociedad española tenga ganas de suicidarse”.

Este toque a rebato quedó igualmente escenificada el pasado 2 de diciembre en un coloquio sobre competitividad y crecimiento en España que moderó la directora de informativos de Antena 3, Gloria Lomana, y en el que participaron tres de los mayores popes del empresariado nacional: César Alierta (Telefónica), Antonio Brufau (Repsol) y José Ignacio Goirigolzarri (Bankia). Todos ellos, especialmente los dos primeros, se afanaron en lanzar un mismo mensaje: el bipartidismo ha sido bueno para España y así debe seguir siendo.

El presidente de la petrolera fue incluso más allá y abogó por una gran coalición PP-PSOE: “Se asegura más la estabilidad con el bipartidismo que con una multiplicidad de partidos. Les pido generosidad para entender la posición del otro e intentar aproximarse. El pacto no es malo para nadie”. Mientras a los niños se les asusta diciéndoles que “viene el coco”, a los del Ibex sólo es mentarles Podemos, decirles que va a venir Pablo Iglesias y les va a quitar sus palcos en el Real, para que comiencen a activar todos los resortes a su alcance.

En esta actitud se percibe cierto sentimiento de culpa. Tanto por haber alimentado al ‘monstruo’ con comportamientos empresariales que no pasarían de la primera página del libro de buen gobierno como por su error de cálculo al minusvalorar tanto el potencial de Podemos como el cabreo de la sociedad española. Sobre todo este último. “No hemos sabido reaccionar. Habría sido muy fácil poner a Podemos en frente de sus contradicciones”, reconoce el presidente de una cotizada. “A Pablo Iglesias se le desmonta sacándole el vídeo donde pone a Venezuela como modelo de país, sobre todo ahora tras el acercamiento entre Estados Unidos y Cuba. ¿Eso es lo que quiere Iglesias para España? ¿Ser igual que Venezuela?”.

Vídeo: Entrevista de Pablo Iglesias en Venezolana de Televisión

Los grandes editores de TV son cómplices igualmente del fenómeno Podemos por haberles dado cancha por unos cuantos puntos de share y por haber confundido el interés general, del que algunas televisiones privadas parecen haberse olvidado, con los programas de carne picada tipo Adán y Eva. El Gobierno ya se ha encargado de recordar a Lara y Vasile, vía amenaza de vuelta de la publicidad a TVE, que ése no es el mejor camino, que no pueden hacer de maquinaria agitprop para la formación neocomunista.

Los mensajes del Ejecutivo parecen haber surtido efecto a tenor de la menor presencia de Podemos en prime time, ya por las recomendaciones de Moncloa, ya porque este partido prefiere rebajar su exposición pública. Los últimos editoriales de El País, aparentemente inspirados por sus ‘accionistas’, también apuntan en esta dirección.

El Ministerio de Economía prevé que el PIB crezca un 2% el próximo ejercicio. Los más optimistas hablan incluso de un 3%, lo cual no resulta del todo descabellado. Myles Bradshaw, vicepresidente ejecutivo y gestor de PIMCO, señaló en las jornadas Perspectivas económicas España 2015, organizadas por El Confidencial, que “el crecimiento económico es la mejor receta para contrarrestar los populismos”. Los empresarios temen, en cambio, que las encuestas se materialicen y estalle la todavía incipiente recuperación. No hay más dilema que ése: o el crecimiento del 3% en 2015 acaba con Podemos o Podemos acaba con el 3%.

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