Isidre Fainé y el desbloqueo de la España salida del 26-J

El 'holding' catalán se erige como uno de los pocos motores de influencia económica, política y mediática que quedan en nuestro país, pese a las reservas de Moncloa

Foto: Ilustración: PLL.
Ilustración: PLL.

No hay nadie que lleve el pasador de corbata como Isidre Fainé. En un entorno complejo en el que se olfatean síntomas del cambio, en el que las grandes empresas han perdido el fuelle y la capacidad de influencia de antaño, sin Emilio Botín al frente de Banco Santander, con Alierta retirado en el castillo del Consejo Empresarial de la Competitividad (CEC) y un relevo generacional que carece del peso institucional de sus antecesores, Fainé continúa luciendo el pasador de corbata como nadie.

La triple catarsis que ha tenido lugar en apenas 10 días y que ha afectado directa e indirectamente al imperio Caixa, tales que el Brexit, las elecciones generales y el nuevo organigrama del banco, ha situado a Fainé (Manresa, 1942) en un lugar destacado dentro del ecosistema en que se desenvuelven los acontecimientos. Todo ello porque CaixaBank es algo más que un banco. El 'holding' catalán se erige como uno de los pocos motores de influencia económica, política y mediática que quedan en nuestro país.

De ahí que los cambios sustanciados la pasada semana, con el nombramiento de Jordi Gual al frente de CaixaBank en sustitución de Fainé, han de ser interpretados como una pieza accesoria dentro de un puzle más amplio, ese puzle, alambicado y aparentemente irresoluble, que es la España salida del 26-J.

El papel de Fainé resulta clave por un doble motivo: por su ascendiente sobre Ciudadanos y por los puentes que mantiene intactos con el nacionalismo catalán de Convergència, dos formaciones que, aunque accesorias en la aritmética electoral, resultan claves para desbloquear la situación de ingobernabilidad que vive el país.

Albert Rivera, líder de Ciudadanos.
Albert Rivera, líder de Ciudadanos.

En Moncloa tienen la sensación de que el gran perdedor de los pasados comicios del 20 de diciembre no fueron ni el PP, ni el PSOE, ni Ciudadanos, sino el Ibex 35, o al menos algunas de las compañías que conforman este índice. Apostaron por Rivera y se quedaron con 40 diputados, hoy con ocho escaños menos, hasta situarse en los 32.

Después de este traspié rubricado en las urnas, el Gobierno entiende que las grandes empresas estarían en disposición de enmendar su error y ‘sugerir’ a la formación naranja que no se obceque con las líneas rojas, especialmente las que afectan al nombre del futuro presidente del Gobierno. Aquí miran sin disimulo a Isidre Fainé, al que atribuyen haber sido embajador de Albert Rivera en Madrid.

También lo miran, en este caso de reojo, por esa relación en ocasiones tormentosa que mantiene con los dirigentes de Convergència. Fainé considera que el problema de España no se resuelve si en paralelo no hay solución para Cataluña o, como sugieren en el PSOE, si no se produce un acercamiento del PP a los grupos nacionalistas de centroderecha, algo que a día de hoy parece una quimera, pero que bien manejado en los términos y en los tiempos, podría no serlo tanto. El mandamás de Caxia, barruntan, podría propiciar este acercamiento.

De ahí que sea un error especular, como tratan de hacer algunos, con la posibilidad de que Fainé se haya echado a un lado tras los cambios anunciados recientemente. Ante la imposibilidad de colocar al secretario del consejo, Alejandro García-Bragado, como número uno de la entidad por las exigencias del Banco Central Europeo de que el nuevo presidente exhibiera un perfil financiero del que este carecía, se decantó por el director de estudios y economista jefe Jordi Gual. El consejero delegado, Gonzalo Gortázar, continuará llevando el día a día. Los dos son hombres de su máxima confianza. Así que no es que Fainé se retire. Fainé, como Mourinho, seguirá dando órdenes al equipo desde la grada vía 'walkie-talkie'.  

El todavía presidente de CaixaBank se centrará a partir de ahora en la fundación, lo que le permitirá seguir presidiendo el 'holding' Criteria, que controla las participadas del grupo, que incluyen compañías como Abertis, Gas Natural o Cellnex. En otoño, todo apunta a que pasará a presidir Gas Natural en sustitución de Gabarró, lo que le permitiría seguir al frente de una empresa Ibex 35.

El rey Felipe VI (c), acompañado por el presidente del Senado de la Conferencia Española de Directivos y Ejecutivos (CEDE), Antonio Garrigues Walker, el ministro de Hacienda en funciones, Cristóbal Montoro, el presidente de CaixaBank, Isidre Fainé, y la alcaldesa de Madrid, Manuela Carmena (i-d).
El rey Felipe VI (c), acompañado por el presidente del Senado de la Conferencia Española de Directivos y Ejecutivos (CEDE), Antonio Garrigues Walker, el ministro de Hacienda en funciones, Cristóbal Montoro, el presidente de CaixaBank, Isidre Fainé, y la alcaldesa de Madrid, Manuela Carmena (i-d).

Tres día antes del Brexit y cinco antes de las elecciones generales, esto es, en un ambiente de incertidumbre como pocas veces, tuvo lugar el congreso anual de la Confederación Española de Directivos y Ejecutivos (CEDE), también comandada por Isidre Fainé, con la presencia de más de 1.100 ejecutivos. El presidente de la Fundación La Caixa tenía a su vera al rey Felipe VI, al ministro de Hacienda, Cristóbal Montoro, y a su izquierda, a la alcaldesa Manuela Carmena.  

Los discursos, en opinión de los presentes, fueron ciertamente desmoralizadores. No porque carecieran de calidad, que escribanos tenían los participantes y además muy versados, sino por la falta de altura de miras en un momento crucial para el devenir del país.

El Rey, que se lo juega todo en el envite posterior al 26-J, se dirigió al auditorio con unas palabras aseadas pero sin grandes novedades; por su lado, el ministro de Hacienda tiró -en lo que ya se ha convertido en un tópico- de la conocida frase de Benjamin Franklin: “Solo hay dos cosas seguras en esta vida: la muerte y los impuestos”, mientras que la alcaldesa, después de reconocer su ignorancia del entorno empresarial, comenzó a disertar de asuntos locales, lo que dejó descolocados a los asistentes, pues aunque divertido, el congreso no iba de eso.

Isidre Fainé, en presencia del rey Felipe VI: "El cambio no es la excepción sino una regla constante en la vida. Ciertamente, nada es estable"

Fainé, en cambio, fue directo al tema mollar de la España de 2016, abordando la necesidad de entender el cambio más allá de palabras hueras: “El cambio no es la excepción, sino una regla constante en la vida. Ciertamente, nada es estable. Todo cambia a una velocidad de vértigo. El mundo tiene abiertas muchas ventanas de oportunidad que hay que explorar”.

Y luego, en lo referente a su persona: “El líder no se limita a seguir el camino que marca la opinión general. Es él quien se pone al frente, define el lugar al que llegar y decide el modo de hacerlo. De esta actitud no cabe abdicar al menor contratiempo o dificultad”. Toda una declaración de intenciones.  

Vivimos una época de mudanza en la que ya nada, ni siquiera las más gruesas columnas del Congreso, parece sólido. De los tiempos pretéritos, como diría Pérez Rubalcaba, solo nos quedan el Real Madrid y la Guardia Civil. Binomio al que habría que añadir el imperio Caixa.

Los ‘jóvenes’ han tomado el relevo en el tejido empresarial español: Pallete en Telefónica, Villar Mir Jr. en OHL, Jimeno en El Corte Inglés, Ana Botín en Banco Santander, con perfiles más profesionales pero mucho menos políticos que los de sus predecesores. Así las cosas, Isidre Fainé es el último exponente de la denominada ‘old school’ que ha reinado en España desde la Transición. Solo quedan él y, por supuesto, Florentino Pérez.

Caza Mayor
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