Que nadie se engañe: el no de Iceta no es contra Rajoy… Es contra Susana Díaz

Estamos en el prólogo de la segunda guerra socialista. Lo que aquí se dirime es el futuro liderazgo del PSOE en un congreso federal que, eso sí, cada vez parece más lejano en el tiempo

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El no de Iceta en la investidura, la persistencia con la que defiende su postura y las energías fragorosas que desparrama en una batalla que el bando sanchista tiene perdida de antemano, no hay que verlos solo como un no a Mariano Rajoy como próximo presidente del Gobierno de España, que también, sino sobre todo como un no a Susana Díaz. La investidura hay que interpretarla en clave interna, en el contexto de ese vitriólico pandemónium en el que se ha convertido el partido socialista obrero español.

Estamos en el prólogo de la segunda guerra socialista. Más allá del nuevo Ejecutivo popular, lo que aquí se dirime es el futuro liderazgo del PSOE en un congreso federal que, eso sí, cada vez parece más lejano en el tiempo. Y con dos contendientes: por un lado, un representante sanchista, que no Pedro Sánchez, pues la sombra del ex secretario general va menguando hasta que un día desaparezca en las alcantarillas que circundan Ferraz, como así le recomiendan hasta los suyos; y por el otro lado, Susana Díaz, solo ella, sin representantes ni intermediarios, sabedora de que, por fin, le ha llegado el momento y de que no habrá camino de rosas tras el desgaste del último mes.

Susana Díaz es la némesis del PSC. Para Iceta es como si enarbolara el discurso del PP. Lo último que quiere es que salga airosa en su asalto a la muralla de Ferraz

Gabriel Colomé, profesor ilustrado, de pluma tan fina como acerada, que imparte clases de Ciencias Políticas en la Universidad Autónoma de Barcelona, además de haber sido jefe de campaña de Meritxell Batet (PSC) en las pasadas elecciones generales, lo ponía negro sobre blanco en un artículo publicado en El Confidencial: “La no elegida secretaria general del PSOE, Susana Díaz, está construyendo unas líneas rojas sobre su futuro liderazgo edificado sobre la unanimidad. Lo preocupante es que tenga la misma visión sobre el resto de la problemática de la política española. La duda es si intenta competir en españolidad con el PP. Alguien debería comentarle que es difícil ganar a la derecha en el tamaño de la rojigualda”.

Lo que traslucen estas palabras es una profunda desconfianza, por no decir resquemor, de los socialistas catalanes hacia la lideresa andaluza, que no tanto hacia Mariano Rajoy, pues al fin y a la postre el PP es nuestro enemigo, sabemos de qué pie cojea y con él nos batimos el cobre en el campo ideológico, pero en cambio Susana Díaz no, Susana es de los nuestros, socialista, y nos ha traicionado. El PSC la considera su némesis en Cataluña. Para Iceta, enarbola el discurso del PP. Lo último que quiere es verla salir airosa en su asalto a las murallas de Ferraz.

Que nadie se engañe: el no de Iceta no es contra Rajoy… Es contra Susana Díaz

Sea como fuere, con la defensa numantina de su posición este domingo en el comité federal del PSOE, ha conseguido exactamente lo contrario de lo que pretendía. Le ha dado la excusa perfecta a Javier Fernández, a la sazón presidente de la gestora, para que con su voz tranquila y su mirada frisona, pegue un puñetazo sobre la mesa y deje en una delicada situación al PSC: “La abstención es literal, es imperativa. Es la decisión que ha salido del comité”.

El presidente de la gestora encara de esta forma un dilema atávico, una situación que él mismo considera desigual, esto es, que el PSC tenga voz y voto en los órganos de dirección nacional y, por el contrario, nadie del PSOE cuente con papel relevante en el PSC. La cuestión resulta hasta tal punto paradójica que hubo un momento en que una militante del PSC, sometida a la disciplina de voto de este partido y que no pertenecía al PSOE, como era Carme Chacón, estuvo a un paso de convertirse en la secretaria general del PSOE. Ayer por la noche, en El Objetivo de Ana Pastor, Josep Borrell amenazaba con lo mismo. Cosas veredes, Sancho.

¿Cómo se resuelve esta relación asimétrica entre PSOE y PSC? Copiando el camino que ya sigue en Alemania el tándem CDU-CSU, dos formaciones totalmente independientes, que políticamente funcionan como una unidad política, pero que orgánicamente son dos distintas. De emular este modelo, tanto el PSOE como el PSC evitarían choques de trenes como el vivido este pasado fin de semana, ya que contarían con sus propios órganos de dirección, sus propios congresos, sus propios censos de militantes y hasta sus propias finanzas.

Esta es la idea que le ronda a Javier Fernández por la cabeza, aunque sabe de su imposible implantación desde la gestora, ya que este órgano es solo una solución temporal sobrevenida tras el golpe de mano del pasado 1 de octubre.

La presidenta de la Junta de Andalucía, Susana Díaz (i), junto al presidente del Gobierno de Aragón, Javier Lambán (2i), el presidente de Castilla-La Mancha, Emiliano García-Page (2d), y la secretaria general de los socialistas vascos, Idoia Mendia, al inicio del comité federal. (EFE)
La presidenta de la Junta de Andalucía, Susana Díaz (i), junto al presidente del Gobierno de Aragón, Javier Lambán (2i), el presidente de Castilla-La Mancha, Emiliano García-Page (2d), y la secretaria general de los socialistas vascos, Idoia Mendia, al inicio del comité federal. (EFE)

A la que también viene como miel sobre hojuelas este enfrentamiento con el PSC es a Susana Díaz, que en eso, como bien dice Colomé, ha aprendido mucho de Rajoy. En las próximas horas, el PSC decidirá si acata la decisión tomada ayer por el comité federal y sigue la disciplina de voto o si se rebela ante la autoridad competente. En este último caso, a modo de represalia, se ha hablado de expulsar a los socialistas catalanes de los órganos estatales de dirección en los que están representados, el comité y el congreso del partido, y muerto el PSC, muerta la rabia, con el camino expedito para que Susana Díaz alcance la secretaría general.

De cumplirse las amenazas adelantadas por Fernández, la presidenta andaluza se sacudiría de encima a su principal enemigo en su estrategia de hacerse con Ferraz. Actualmente, el PSC pesa un 10% en los órganos de decisión del PSOE: cerca de 20 miembros en el comité federal, alrededor de unos 100 delegados en el congreso y unos 10.000 votos en primarias.

No es esta tampoco una decisión que pueda tomar la gestora, pero de tensionarse el ambiente, la podría plantear el comité federal que convoque el congreso donde Díaz pretende ser entronada. Ella quiere conseguir la secretaría general sin oposición. No quiere competir con nadie, sino una alfombra roja y vítores, como Julio César a su llegada a Roma.

El PSC pesa alrededor de un 10% en los órganos de dirección del PSOE. Así que muerto el PSC, muerta la rabia, con el camino expedito para Susana Díaz

Pero Susana Díaz, como reconocen sus próximos, no lo va a tener fácil. Se enfrenta a una disyuntiva de difícil solución: de un lado, sabe que no puede continuar en San Telmo, Gobierno de Andalucía, pues por fin ha mostrado sus cartas a disputar el liderazgo nacional. Si se queda en Sevilla, será víctima del ‘raca-raca’ de la oposición, que la señalará por pensar más en sus intereses en Madrid que en los de los andaluces, amén del desgaste de gestión que ha sufrido en los últimos meses, con tensiones internas dentro del PSOE en aquella comunidad (ayer ejerció de verso suelto Alfonso Rodríguez de Celis, alto cargo de la Junta, al abogar por el no a Rajoy), unos sondeos electorales que andan desaparecidos y un espontáneo que le ha levantado media Granada.

Pero de otro lado, cruzar Despeñaperros se le antoja también complicado, por tener que hacerlo no sobre moqueta sino sobre adoquinado. No tiene a la militancia de su lado y necesita tiempo, mucho tiempo, para restañar heridas. Es por ello por lo que nadie se atreve a poner fecha al congreso del PSOE en el que tendrá que elegir nuevo líder. Eso sí, pasarán muchos meses hasta la celebración del mismo, tantos como necesite Susana Díaz.

Es tal el desgaste que están sufriendo, que al final no serán ni unos ni otros, ni susanistas ni sanchistas, ni Humprey ni McGovern. Es probable que el próximo secretario general del PSOE todavía no haya aparecido. Es como en la teoría de los juegos: en cada vértice del triángulo se sitúa un tirador con una bala. Uno acierta el 100% de las veces, el segundo un 90% y el tercero un 50%. En este juego, el que más probabilidades tiene de ganar es al que peor dan las estadísticas, el tercero, porque los otros dos se van a matar entre ellos. Incluso si le toca disparar, lo mejor es que lo haga al aire.

Caza Mayor