Un debate con más espinas que rosas

El objetivo del debate de hoy no será tanto ganar como aguantar, no dejar escapar ni uno solo del porrón de avales obtenido por los candidatos

Foto: (Raúl Arias)
(Raúl Arias)

“Hay que tener cuidado al elegir a los enemigos

porque uno termina pareciéndose a ellos”

(Jorge Luis Borges)

La campaña de primarias no pasará a los anaqueles de la ciencia política por su sofisticación. Si por algo se está caracterizando este proceso, acaso uno de los momentos más críticos del PSOE en sus 140 años de historia, clave para la supervivencia de la formación y para el devenir del país, es por su falta de fineza. Mientras los candidatos se ciñen al discurso oficialista delante de las cámaras, tras bambalinas envían a sus subalternos para que se den de navajazos en la calle, a plena luz del día, como en un episodio de 'Narcos'.

A determinados enemigos solo se les puede vencer si te mimetizas con ellos, si participas de sus engaños y tácticas. Tal vez por ello, a los tres candidatos se les está quedando cara de Pablo Escobar según transcurren los días. “Gane Sánchez o se imponga Susana, el PSOE se va a meter después en un ajuste de cuentas que bloqueará cualquier entendimiento con el Gobierno”, analizan desde el PP al PSOE del post-congreso federal.

Lo de hoy en Ferraz es un debate de perdedores. El objetivo no será tanto ganar como aguantar, no dejar escapar ni uno solo del porrón de avales obtenido por los candidatos. La elevada participación con los avales, más propia del partido único de Corea del Norte que del partido socialista de España, obliga a modificar las estrategias preestablecidas.

Existe la convicción de que el número de votos en las primarias no diferirá mucho del de firmas registradas hace 10 días. Más que luchar por nuevos votos, Susana Díaz intentará agarrar los que ya tiene. Aguantar. No cometer ningún traspié. Evitar caer en el barro y las confrontaciones personales. Muy al contrario, Sánchez está obligado a sorprender, a arriesgar. Dan por hecho que sacará un conejo de la chistera. Otro más y ya van…


Díaz llega al debate con la sensación agridulce de que, aunque va en cabeza, ha hecho una mala campaña dejando margen a su rival. Igual que no midió el impacto de los expresidentes aplaudiendo en primera fila en su presentación, tampoco parece haber prestado atención al hecho de que uno de los días clave, el de los avales, la fotografía que saliera en las portadas fuera la de la presidenta andaluza en la Feria de Abril tomando rebujito y ‘flamenqueando’.

Al repetir el raca-raca de “voy a ganar, estoy ilusionada, tengo fuerzas y ganas”, uno no sabía si estaba desgranando el programa o era la letra de una sevillana. Hay veces que su estrategia parece diseñada por el enemigo. Si no es el enemigo, ‘autosabotaje’. Todos al suelo que vienen los nuestros.

Señalan como responsable a Máximo Díaz Cano, que ostenta el cargo de secretario general de Presidencia de la Junta de Andalucía, pero que en verdad ejerce de Pedro Arriola del susanismo. El hombre de confianza de la presidenta está tropezando en las mismas piedras que cuando trató de aupar sin éxito a Chacón a la secretaría general del PSOE en el 38º Congreso del PSOE.

Un debate con más espinas que rosas

No es, sin embargo, el único culpable. Tanta o más responsabilidad hay que atribuírsela al conjunto del aparato y, concretamente, a los barones socialistas afines a la presidenta, que han mostrado una actitud complaciente y a quienes, por un quítame allá estas pajas, les han terminado robando la merienda en sus respectivos territorios. El álter ego de Susana Díaz en el Congreso, Eduardo Madina, apenas logró arrancar 96 avales en el País Vasco.

Paradójicamente, el que está demostrando ser el mayor aliado de Díaz, el que está contribuyendo con sus declaraciones y sus desplantes a que la presidenta andaluza salga bien parada del envite es el propio Pedro Sánchez. En los últimos días, el candidato socialista ha mostrado una inconsistencia brutal, hasta el punto de que cada vez se parece más a Corbyn.

Sánchez está mostrando una inconsistencia brutal. Parece ir improvisando el programa según los retuits que van obteniendo sus ocurrencias

No solo no es un hombre de ideas fijas sino que parece ir improvisando el programa según el número de retuits que van obteniendo sus ocurrencias. Como señalaba Ignacio Varela en este mismo diario, “ha ido encadenando discursos políticos de signo distinto y ha presentado hasta seis textos programáticos diferentes” en 18 meses. Los vaivenes se han producido en cuestiones nada baladíes tales que el modelo territorial de España y la reforma de la Constitución, cosas lo suficientemente serias como para jugar con ellas. Existe la percepción de que Sánchez tiene un problema serio con la verdad.

Tras una campaña en la que todo parecía salirle a pedir de boca, ha encadenado unos días notablemente malos, con metedura de pata tras metedura de pata. Desde su terminología para referirse a España como “una plurinacionalidad cultural” después de haber dicho que “Cataluña es una nación y España una nación de naciones”, hasta sus desplantes con la prensa al más puro estilo ‘trumpiano’.

La imagen de ‘sobrado’ que proyecta le ha restado puntos en las últimas horas y le obligará a combatir cuerpo a cuerpo contra Susana Díaz. Aunque quiera, no podrá evitarlo. No olvidemos que en esto de las primarias hay poco de política y mucho de condición humana, de sentimientos personales, de venganza por las relaciones truncadas. En las casas de apuestas socialistas, Sánchez parte como favorito sobre Susana Díaz porque tiene menos que perder y más horas de vuelo en debates públicos (aunque haya perdido).

Será el tercer candidato, Patxi López, del que menos se habla y al que sus compañeros se refieren como esa ‘criatura’ o ‘socialista comparsa’, el que saldrá victorioso de esta pugna por el control de Ferraz. En el debate irá de casco azul de la ONU, esto es, de hombre de diálogo y unidad, lo cual siempre da sus réditos ante la opinión pública. En el proceso de primarias aguantará hasta el final para tratar de ser decisivo y que, gane quien gane, le nominen como portavoz parlamentario en el Congreso.

Es la comidilla de todas las reuniones, la pregunta que te hacen tengas o no idea de lo que sucede en los cenáculos políticos: ¿quién va a ser el próximo secretario general del PSOE? Detrás de esta cuestión subyace el temor a que la aparente situación de estabilidad que vive el país salte por los aires. Ni crisis de deuda, ni Corea del Norte. Lo que en verdad preocupa hoy a los españoles es el futuro del PSOE y, por ende, el de España. Casi nada.

Caza Mayor

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