Santi Vila y la posverdad: así se escribe la historia

Lo más relevante del libro del 'exconseller' no es lo que cuenta sino lo que no cuenta y la forma en que retuerce hechos que, aun siendo ciertos, no son lo que parecen. Ni fue héroe ni salvador

Foto: Santi Vila consulta el movil tras una reunión vespertina con Puigdemont. (EFE)
Santi Vila consulta el movil tras una reunión vespertina con Puigdemont. (EFE)

De los muchos profetas que tiene la religión de la posverdad, se acaba de destapar uno en todo su esplendor. Se trata del 'exconseller' de Empresa de la Generalitat Santi Vila. Desde hace una semana, esta religión tiene nuevo profeta y nuevo Testamento.

Si lo importante no es que la historia sea real, si los hechos están superados, si lo que cuenta realmente es que aparezca en la prensa una pléyade de artículos glosando tu figura, se comparta la noticia y la gente haga clic o la transmita boca oreja, entonces podemos concluir que ‘De héroes y traidores’, el libro que acaba de publicar el 'exconseller', se erige en paradigma de eso a lo que los modernos llaman posverdad. No es por lo que cuenta sino por lo que no cuenta y por la forma en que retuerce hechos que, aun siendo ciertos, no son lo que parecen. Ni fue héroe ni fue salvador, como desprende sutilmente en las entrevistas para la promoción de su libro.

“Hay tres actores que resultaron fatales aquel 26 de octubre: Junqueras, Millo y Santi Vila”, recuerdan antiguos compañeros de la Generalitat

“Mi partido sí promovía la hiperventilación, pero yo no. Siempre he tratado de justificar mis posiciones desde la racionalidad y los argumentos, y he tenido libertad de criterio”, decía a Juan Soto Ivars este sábado en El Confidencial. “La misión mediadora, diplomática, espero que siga en marcha sin mí. En la Audiencia Nacional fui muy discreto, así que ahora también”.

La historia, sin embargo, fue más bien al contrario. Lejos de ser el artífice del acuerdo, luego fallido, para que Puigdemont evitara la declaración unilateral de independencia (DUI) y convocara elecciones, lo que hizo Santi Vila aquel funesto 26 de octubre fue encender la mecha con sus filtraciones y provocar que el acuerdo saltara por los aires. Todo ello en un afán desmedido por colgarse la medalla en una batalla que todavía no había concluido.

Era el filtrador oficial”, recuerda un antiguo compañero de la Generalitat. “Hay tres actores que resultaron fatales aquel día: primero, Junqueras, que quiso acusarnos de traidores para sacar rédito electoral en una estrategia que luego se le volvió en contra; segundo, Enric Millo [delegado del Gobierno en Cataluña], un personaje siniestro, que no hacía más que mandar mensajes a Puigdemont para decirle unas cosas que luego no cumplía, y en tercer lugar, y en posición destacada, Santi Vila. Lo filtraba todo para arrogarse el rol de componedor… Aquello fue la perdición para nosotros”.

La reacción de una independentista al conocer la declaración temporal de la independencia. (Reuters)
La reacción de una independentista al conocer la declaración temporal de la independencia. (Reuters)

Aquel día, recuerdan los protagonistas, los wasaps de Vila mudaban de un móvil a otro más rápidos que los tuits de Justin Bieber. Sin estar del todo cerrada la decisión de Puigdemont de aparcar la DUI y convocar elecciones, los medios comenzaron a hacerse eco de los planes del 'expresident'. “Los hiperventilados se dispararon y nos metieron una presión que no pudimos aguantar. La gente se movilizó y Puigdemont tuvo que recular”.

Las críticas al 'exconseller' no vienen solo del bloque independentista sino también del Gobierno de Madrid, siempre muy cauto con aquellos que, de forma espontánea, se erigen en los ‘arreglalotodo’ de la crisis catalana, en invocadores del diálogo perpetuo cuando en muchos asuntos, por la naturaleza de los mismos, no hay nada de lo que dialogar. De contar el número de vocingleros que en algún momento se han autodenominado intermediarios entre la Generalitat y La Moncloa, no cabrían de pie en el Camp Nou. Que no sea por héroes…

Santi Vila fue uno de ellos. Eso sí, con un papel más secundario del que se arroga. En Madrid no terminaban de fiarse. Todas las reuniones ‘supersecretas’ que Vila mantenía con el Ejecutivo a petición propia no tardaban ni 24 horas en aparecer en ‘La Vanguardia’.

Santi Vila se ha equivocado en dos ocasiones: primero con la entrevista en Rac1 postulándose de candidato; segundo, con la publicación del libro

Vila era el candidato del Grupo Godó para suceder a Puigdemont. También lo era para La Caixa y esa empresa catalana que añora el 'seny' hoy desaparecido de Convèrgencia. La coordinadora general del PDeCAT, Marta Pascal, lo señaló como la persona que tenía en mente para liderar y enderezar el partido. Además, contaba con la confianza del 'expresident'. Puigdemont lo escuchaba. Santi Vila lo tenía todo para ser el elegido. Aparecía en las quinielas como la gran esperanza blanca del catalanismo nostálgico. Pero erró en los cálculos.

Se equivocó claramente en dos ocasiones. Primero, con la entrevista que concedió a Rac1 apenas unos días después de dimitir. Con el cuerpo caliente y las imágenes ignominiosas de la DUI todavía en la retina, Vila arremetió contra la hoja de ruta del Govern y se postuló sin medias tintas como candidato con ese vicio tan suyo de vender la piel del oso antes de cazarlo: “He expresado a la dirección del PDeCAT que tengo un equipo y unas ideas para ser el candidato a las elecciones […] Ya he hablado con Marta Pascal y Artur Mas”.

Fue verbalizarlo y acabar con todas sus opciones de encabezar la lista a la Generalitat. Ni es 'president' ni tiene silla en el Parlament. Vila ocupa el tiempo ahora como director general de Aigües de Banyoles, una pequeña compañía de capital mixto público-privado que ha vendido su fichaje como si fuera una ‘rock and roll star’ del mundo de la empresa, cuando ni Santi Vila es Francisco Reynés, ni Aigües se parece en nada a Gas Natural.

Oriol Junqueras (c) y Santi Vila (i), al inicio de la celebración de una Diada en Cataluña. (EFE)
Oriol Junqueras (c) y Santi Vila (i), al inicio de la celebración de una Diada en Cataluña. (EFE)

El segundo error ha sido la publicación de este libro. Los miembros de su partido, tanto los radicales que abogan por la independencia como los más moderados y próximos a las tesis que defiende el 'exconseller', quieren hacerle vudú con un muñeco tras la irrupción de la obra en las librerías: “No era el momento de publicar este libro. Va a dificultar las defensas de todo el mundo”. Algunas de sus páginas, arguyen sus antiguos compañeros, pueden servir de patente de corso a los tribunales para mantener en prisión a los encarcelados y ponen en un serio brete a los que están en libertad con fianza.

Con todo y con eso, Santi Vila continúa con su campaña de promoción personal. Prepara nueva boda para primavera, en la que no faltará personalidad catalana que se precie. Habrá invitados del Ejecutivo. El 'exconseller' mantiene una buena relación con la presidenta del Congreso, Ana Pastor, el delegado del Gobierno, Enric Millo, y el antiguo jefe de gabinete de Rajoy, Jorge Moragas, entre otros. Se ha pasado al sector privado pero sigue pensando en lo público y en la política. Nunca ha dejado de hacerlo. De hecho, lo señalan como futuro líder de Lliures, formación que se prepara para saltar al ruedo electoral en los próximos comicios.

Caza Mayor

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