"¿Por qué no están aquí Soler, Madí y Vendrell? ¿Quién les libra de la cárcel?"

Mientras medio exgovern va a prisión, otros ideólogos del 'procés' disfrutarán de estos días en sus masías del Alto Ampurdán, caso paradigmático de una revolución que se ha hecho desde arriba

Foto: Manifestaciones en Barcelona. (Reuters)
Manifestaciones en Barcelona. (Reuters)

Protestas y cortes de tráfico aventados por ANC, Òmnium y los CDR. La normalidad de los últimos meses se vio ayer trastocada en Cataluña después de que el juez Llarena enviara a prisión a medio exgovern acusado de rebeldía y malversación de fondos públicos. Miles de catalanes se manifestaron en contra de la decisión del magistrado. Otros miles, sin embargo, aprovecharon que ayer era viernes, víspera de Semana Santa, para tomar carretera y manta dirección al Alto Ampurdán como si nada ocurriera.

Algunos de los verdaderos ideólogos del 'procés' —no los que han dormido en Alcalá-Meco y Estremera— disfrutarán de estos días familiares en sus masías, caso paradigmático de una revolución que se ha hecho desde arriba para aprovecharse de los de abajo. Uno de los familiares que acompañaba a los 'exconsellers' en el Supremo se preguntaba: "¿Cómo es posible que no estén aquí ni Oriol Soler, ni David Madí, ni Xavier Vendrell [en referencia al frente empresarial del 'procés']? No es que no hayan sido procesados, es que ni siquiera están imputados cuando hay imágenes que acreditan su participación activa. ¿Qué se nos está escapando? ¿Quién les libra de la cárcel?".

Algunos hacían equipajes livianos para unos días de asueto en la costa Brava; otros, en cambio, se presentaban ante el Alto Tribunal con grandes maletones conscientes de que, si los pronósticos se confirmaban, les esperaba una estancia prolongada en la cárcel.

Las lamentaciones eran muchas. Cundía el desánimo (y la impotencia) entre los que acompañaban a los procesados. La jugada de Marta Rovira de dar plantón al juez y echarse a la fuga les había dado la puntilla. Si alguno de los procesados por rebeldía pretendía orillar la cárcel, como era el caso de Josep Rull y Dolors Bassa, sobre los que el magistrado tenía ciertas dudas, el movimiento de la secretaria general de ERC daba al traste con sus aspiraciones. Nadie en Esquerra estaba al tanto de la jugada de Rovira. Mucho menos en JxCAT.

La fuga de Marta Rovira dio la puntilla a Rull y Bassa, los dos 'exconsellers' sobre los que el juez Llarena tenía dudas de enviarlos a prisión

El bloque independentista ni es bloque ni es ya independentista. Cada cual hace la guerra por su lado. "Todo lo que era susceptible de ir mal, ha ido a peor. Pensábamos que habíamos tocado suelo, pero nada de eso: hemos seguido cayendo", rezongaban mientras esperaban la resolución del juez en los alrededores de Marqués de la Ensenada. Del Plan A, que era la investidura de Puigdemont, se había pasado al B (Sànchez), al C (Turull), al D, al E, y así hasta el X, Y y Z. Sensación de fin de ciclo. Sensación de haberse equivocado y haber infravalorado al Estado. "Hemos entrado en proceso de descomposición", concluían. Según Jordi Basté, conocido periodista de RAC1, estamos ante el funeral del independentismo. "Se ha tocado fondo".

Las grietas en el soberanismo se han ensanchado en las últimas semanas a cuenta de la incapacidad para formar gobierno. Han transcurrido tres meses desde las elecciones del 21 de diciembre y cinco desde la activación del artículo 155 y JxCAT, ERC y CUP han sido incapaces de ponerse de acuerdo para desbloquear la situación. Más bien al contrario: han aprovechado la más mínima excusa para ponerse la zancadilla unas a otras.

Mientras la guardia pretoriana de Puigdemont se dedicaba el jueves por la tarde, vía SMS, a despedazar a Jordi Turull por sus palabras en el Parlament y por su falta de carisma, el líder de la CUP, Carles Riera, hacía lo propio, tildando de autonomista y liberal su discurso, y negándole la presidencia de la Generalitat con su abstención en la votación.

Igualmente, mientras el juez Llarena atendía la petición de la Fiscalía y dictaba prisión incondicional sin fianza para el candidato a presidente de Cataluña, Jordi Turull, la expresidenta del Parlament Carme Forcadell y los 'exconsellers' Raül Romeva, Josep Rull y Dolors Bassa, la secretaria general de ERC, Marta Rovira, se marchaba al exilio a Suiza y el 'expresident' Puigdemont estaba de 'conferencias' en Helsinki vendiendo un 'procés' fallido y una república inexistente.

La pregunta resulta pertinente: ¿Y ahora qué? "El desgaste ha sido brutal. Más para unos que para otros. Hay que convencer a Puigdemont y Comín para que entreguen sus actas y, de aquí a dos meses, poder formar gobierno sin estar supeditados a lo que diga la CUP. Un gobierno técnico y de consenso que nos libre de la intervención del Estado", reflexionaban en alto dirigentes de JxCAT pocos minutos antes de saber de la decisión de Llarena. "El problema es que el president está rodeado de hiperventilados que tratan de convencerle de que no entregue el acta porque esa es su perdición. Alguien tiene que abrirle los ojos y hablarle a la cara… Nadie se atreve".

La cúpula independentista se encuentra descabezada tras el viacrucis judicial y la fractura dentro de JxCAT es cada vez más profunda

ERC, con Joan Tardá a la cabeza, está alineada con la tesis del bando moderado de JxCAT. La mutación sufrida por los republicanos tras su numantina posición el pasado 26 de octubre, cuando se pronunciaron en contra de un adelanto electoral y se mostraron proclives a la Declaración Unilateral de Independencia (DUI), ha dejado ojiplático a más de uno. No obstante, el principal escollo no reside ahora tanto en Esquerra como en la posición irreductible de Puigdemont, un encastillamiento que, de continuar, y al amparo del artículo 67.3 del Estatuto de Cataluña, llevaría a nuevas elecciones en la primera quincena de julio.

Llegado a ese punto, estaría por ver qué formación va con quién y con qué lideres. La cúpula independentista se encuentra descabezada tras el viacrucis judicial y la fractura dentro de JxCAT es cada vez más profunda. Por un lado están los radicales y más afines a Puigdemont y, por otro, los posibilistas próximos a Marta Pascal. El PDeCAT estudia fórmulas para concurrir a unas próximas elecciones al margen de Puigdemont y con un programa de centro derecha. Pero igual que maquinan cómo independizarse del expresident también saben que con él sacan 400.000 votos más que si prescinden de su persona. Demasiadas papeletas para una formación que lleva tatuada la palabra "superviviente" en lo más hondo de su ADN.

Caza Mayor

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