Independencia de Cataluña: Puigdemont triunfa en Berlín y enciende el fuego antieuropeísta en España

Puigdemont triunfa en Berlín y enciende el fuego antieuropeísta en España

No es un problema exclusivamente de España. Tampoco de este en su relación con Alemania. Se trata de un problema europeo que vuelve a tensionar el proyecto común y destapa sus debilidades

Foto: l 'expresident' Carles Puigdemont durante una comparecencia de prensa en Berlín, el 7 de abril de 2018. (Reuters)
l 'expresident' Carles Puigdemont durante una comparecencia de prensa en Berlín, el 7 de abril de 2018. (Reuters)

“Primero nos imponen recortes, luego nos intervienen la economía, posteriormente nos obligan a cumplir con el déficit y ahora, en cuestión de horas, nos dicen cómo tenemos que juzgar en España, lo que es delito y lo que no lo es”, rezonga un diplomático español experto en lides europeas. “España ha cedido parte de su soberanía para que Alemania se apropie de ella. Luego nos extrañamos del Brexit y los populismos…”.

Estas palabras ponen negro sobre blanco una peligrosa tendencia que se percibe tanto en la ‘opinión pública’ como en la ‘opinión publicada’. “Se están plantando”, arguye el diplomático, “las primeras semillas para que el antieuropeísmo empiece a germinar en España”.

Las plantaron los tres jueces alemanes de la Audiencia Territorial de Schleswig-Holstein con su decisión de rechazar el principal delito por el que el juez Llarena reclamaba a Puigdemont, el de rebelión, y las reticencias a hacerlo también por malversación de fondos públicos, una resolución fundamentada más en apriorismos que en fundamentos jurídicos.

Luego se encargaron de abonar dichas semillas la ministra de Justicia alemana, Katarina Barley, la comisaria europea Vera Jourová y, sobre todo, el líder parlamentario de la socialcristiana CSU, Alexander Dobrindt, que declaró en una entrevista que lo que había sido concedido a los escoceses como derecho de autodeterminación “no debería ser considerado una postura golpista en el caso de los catalanes; todo el mundo en Europa debe tener el derecho de debatir su identidad”. Y esto lo dice la CSU, el partido socio de la CDU de Merkel.

"España no va a romperse, pero puede debilitarse, y con ella, Europa", dice un diplomático. Sosa Wagner habla de “burbuja periodística" en la UE

A todo ello, hay que sumar el protagonismo que se le está dando en la prensa internacional a la causa independentista —en algunos casos con una línea editorial complaciente, la ‘primavera catalana’, destacando la paja en el ojo ajeno e incapaces de ver la viga en el propio—, y las buenas lides realizadas durante años por el ejército exterior de la Generalitat, esto es, el Consejo de la Diplomacia Pública de Cataluña (Diplocat), que echó el cierre hace apenas unos días en aplicación del artículo 155 y que está siendo investigado por pagos a los observadores internacionales que se desplazaron a Cataluña con motivo del referéndum ilegal del 1-O.

Con estos mimbres, no resulta extraño que una bruma anti-UE se vaya extendiendo por España, un país que, hasta el día de hoy, era el más proeuropeo de todos los que conforman la Unión, tal y como muestran las encuestas realizadas por el instituto DYM junto a WIN/GIA.

La cuestión no es baladí. No es un problema exclusivamente de España. Tampoco de este en su relación con Alemania. Se trata de un problema europeo que vuelve a tensionar el proyecto común y destapa sus debilidades, tales que la integración política, la armonización jurídica, la cesión de soberanía y la división entre países de primera y segunda.

El magistrado del TS Pablo Llarena (c), con el jefe de los Mossos d'Esquadra, Ferran López (d). (EFE)
El magistrado del TS Pablo Llarena (c), con el jefe de los Mossos d'Esquadra, Ferran López (d). (EFE)

“España no va a romperse por la crisis catalana, pero puede debilitarse… y con ella, Europa”, añade el diplomático. En un artículo en ‘El Mundo’, el exeurodiputado y catedrático en Derecho Constitucional Francisco Sosa Wagner acusaba a los jueces alemanes de “ignorar lo que significan España y el orden establecido en los tratados europeos”, y de vivir “en una burbuja periodística y televisiva en la que prácticamente no han tenido cabida más que las tesis de los secesionistas catalanes”.

Federico Jiménez Losantos habla de “200.000 rehenes alemanes” en las Islas Baleares. Incluso algunos líderes del PP consultados piden mano dura al Gobierno para que “amenace con la suspensión del espacio Schengen, lo que sería un problema para los alemanes que veranean y tienen casa en España”. Una retahíla de declaraciones que no pasarían de ‘boutade’ si no fuera por el contexto actual y la legitimidad que se le da en ciertos ámbitos ilustrados.

El Estado español se ha escondido tras la figura del juez Llarena y cada vez que a este le levantan la toga, el Estado se queda en pelota picada

Señalar con el dedo índice a Alemania y a las instituciones europeas como los causantes de que el secesionismo catalán campe a sus anchas resulta igualmente injusto y, a la vez, un tanto pueril. Sosa Wagner lleva razón. España ha pecado durante años de inacción mientras la máquina de la Generalitat funcionaba a todo trapo con su red de embajadas propalando la buena nueva independentista. El Estado español se ha escondido tras el juez Llarena y cuando a este le levantan la toga, el Estado se queda en pelota picada.

España debe recuperar la iniciativa. Alfonso Dastis, tan buen diplomático como mal ministro, ha fracasado en el intento. Estuvo en la convención del PP en Sevilla y luego acompañó al presidente del Gobierno a Buenos Aires cuando su sitio se encontraba en esos momentos en Bruselas y Berlín, donde las autoridades asaeteaban la credibilidad de la democracia española y de los distintos poderes que emanan de la misma.

El rey Felipe (2d), junto al presidente del TS, Carlos Lesmes (2i), el ministro de Justicia, Rafael Catalá (i),y la directora de la Escuela Judicial, Gema Espinosa, esposa de Pablo Llarena (d). (EFE / Andreu Dalmau)
El rey Felipe (2d), junto al presidente del TS, Carlos Lesmes (2i), el ministro de Justicia, Rafael Catalá (i),y la directora de la Escuela Judicial, Gema Espinosa, esposa de Pablo Llarena (d). (EFE / Andreu Dalmau)

Con Felipe y Aznar, España tenía peso en la comunidad internacional. Nos escuchaban”, dice Jorge Dezcallar. “Cuando Alemania ha tenido que decidir una política de austeridad a ultranza, nos ha hecho mucho daño. España debe tener capacidad para decidir qué tipo de políticas se adoptan en Europa, las que nos beneficien, no las que nos hagan daño”. El diplomático y exdirector del CNI insta en una entrevista en El Confidencial a recuperar la influencia perdida.

Hoy lunes arranca otra semana plenaria en Estrasburgo, con el presidente francés, Emmanuel Macron, como estrella invitada para hablar del futuro de la UE. Se espera que en los próximos meses lo haga también Angela Merkel. Luego debería venir Mariano Rajoy. Urge una comparecencia, si es que no debería haberse precipitado antes, del presidente español ante el Parlamento Europeo para defender, desde el máximo nivel, la posición del Ejecutivo contra los independentistas y explicar al conjunto de los representantes parlamentarios la realidad de esa lucha contra los separatistas. “El ‘slot’ está, el marco está, solo falta fijar la fecha”, explica un eurodiputado del grupo popular.

La falta de peso internacional de España se ha destapado como uno de los mayores inconvenientes a la hora de frenar la onda expansiva secesionista por Europa. Con José María Aznar lo tuvo. También con Felipe González. Con motivo de la reciente entrevista que le hicieron en ‘Salvados’ al expresidente socialista al calor de la cuestión catalana, empezó a circular un wasap entre algunos mandos del PP en el que se preguntaban con sorna qué es lo que había que hacer para que González fuera el sucesor de Rajoy.

Caza Mayor

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