Noticias de Cataluña: ¿Quién nos habrá mandado nombrar a Torra sabiendo de su pasado?

"¿Quién nos habrá mandado nombrar a Torra sabiendo de su pasado?"

Lo peor que le podía ocurrir al independentismo es un presidente como Torra. Si en vez de hablar de españoles, se hubiera referido a judíos o negros en sus artículos, no habría llegado a la Generalitat

Foto: Carles Puigdemont (2º izq) y su sucesor, Quim Torra (3º dcha), suben a un ascensor junto al empresario Josep Maria Matamala (1º izq) tras dar una rueda de prensa en Berlín. (EFE)
Carles Puigdemont (2º izq) y su sucesor, Quim Torra (3º dcha), suben a un ascensor junto al empresario Josep Maria Matamala (1º izq) tras dar una rueda de prensa en Berlín. (EFE)

Hay miedo a Quim Torra. No solo por el lado constitucionalista, más acostumbrado a que les llamen “bestias con forma humana”, a escuchar Catalunya Ràdio por las mañanas, sufrir pintadas en las paredes y ver a los CDR campar a sus anchas —“las calles serán siempre nuestras”, recordó a la CUP el recién nombrado 'president'—, sino sobre todo por el lado independentista. Torra ha destrozado por completo el ‘relato fake’ que tantos réditos ha proporcionado. Adiós a la revolución pacífica.

Incluso en determinados entornos de JxCAT son conscientes del error de cálculo y se mesan los cabellos por la imagen “xenófoba” que están transmitiendo y sus repercusiones en este nuevo y fútil intento de resucitar el 'procés'. Torra les ha cerrado las puertas internacionales. “Esto nos pasa por hacer caso a Puigdemont y nombrar de 'president' a una persona de la que todos sabíamos su pasado”, inciden en JxCAT. “¿Cómo ha podido llegar aquí?”.

Lo peor que le podía ocurrir al independentismo es tener a un presidente como Torra. Si en vez de hablar de los españoles, se hubiera referido a judíos o negros en sus artículos y tuits, como señalaba Javier Cercas en ‘El País’, jamás habría llegado al Palau de la Generalitat.

Si en cualquier otro país desarrollado se hubiera propuesto de presidente a un nacionalista étnico de lo peor de los años treinta, a un supremacista convencido, a un entusiasta del Estat Català, un partido parafascista que aseguraba “que la configuración racial catalana es más puramente blanca que la española”, si esto hubiera ocurrido en cualquier otro país, no habrían tardado ni dos segundos en despedirlo con cajas destempladas. En Cataluña, en cambio, ha sido bendecido por dos formaciones, JxCAT y ERC, y ha contado con la abstención de otra, la CUP. Lo de Cataluña no es un problema político. Definitivamente, se trata de un problema social.

Empieza la fase del blanqueamiento de Torra con acercamiento a organizaciones 'no barretina' como Súmate, de castellanoparlantes proindependencia

En su entrevista en 'El Punt Avui', Torra anunciaba que este martes enviará a los jefes de Estado europeos un informe sobre la situación en la que se encuentra Cataluña, “con presos políticos, con exiliados, con que los mismos que están en libertad en Bélgica están en la prisión de Estremera, Soto del Real o Alcalá Meco”. Vano intento para alguien marcado por la opinión pública. “Si antes llamábamos a la ONU y teníamos problemas para hacerles llegar una carta de reclamación, ahora”, coligen, “no nos va a recibir ni el bedel”.

'Le Monde' se refiere a Quim Torra como un político "sectario, radical, antiespañol y xenófobo"; el también francés 'Le Figaro' lo compara en una columna de opinión con Mussolini y Milosevic; el escritor aragonés Daniel Gascón destaca en 'The New York Times' la excepcionalidad del momento, que lo justifica todo, “como, por ejemplo, que fuerzas de izquierda permitan que dirija el Gobierno un conservador de discurso xenófobo”.

Toma de posesión de Quim Torra como 'president', en un acto presidido por Roger Torrent. (EFE)
Toma de posesión de Quim Torra como 'president', en un acto presidido por Roger Torrent. (EFE)

No se trata tanto de las críticas en sí como del hecho de que estas arrancan de cuajo la careta de los líderes independentistas. Muestran el mundo de la posverdad en el que se mueven y echan por tierra el maniqueo discurso de los “presos políticos”, la “libertad de expresión”, la “democracia auténtica”, los vídeos ‘Help Catalonia. Save Europe’ y el millar de heridos, la mayoría en paradero desconocido, del referéndum ilegal del 1 de octubre.

El relato se viene abajo. Parece ser que el plan genial de Puigdemont para recuperar la instituciones de la mano de su ‘mini-yo’ y forzar elecciones a finales de este año, principios del que viene, ni es plan ni es tan genial. Ante tamaño error táctico, acaban de activar una segunda fase: la del blanqueamiento de imagen. “Empieza el titánico ejercicio de ponerle la piel de cordero a Quim Torra por parte de los diputados que lo han votado”, escribía Juan Soto Ivars en su cuenta de Twitter. “Lo pintarán como un demócrata. Puede que lo veamos incluso hablando en español desde la mesura y la moderación. Dirá que Cataluña es diversa”.

El PDeCAT ha sido canibalizado al más puro estilo gore por el JxCAT de Puigdemont, mientras las 'izquierdas' de ERC van camino de la inanición

Los ‘fontaneros’ de Junts per Catalunya han recibido órdenes de revisar sin descanso los mensajes de Torra en redes sociales, escritos y documentos gráficos. Desde sus fotografías frente a Ferraz en apoyo a Pedro Sánchez —el mismo que le compara ahora con Le Pen— a sus gestos de complicidad con Carles Sastre, uno de los creadores de la organización terrorista Terra Lliure, condenado por poner una bomba al empresario José María Bultó.

Además, el 'president' ha empezado a acercarse a colectivos ‘no barretina’ tales que Súmate, una plataforma de castellanoparlantes a favor de la independencia de Cataluña (“No importa el origen sino el destino”). La organización fue fundada en 2013 por Eduardo Reyes, un cordobés que denuncia que Cataluña está siendo tratada como una colonia, tal y como explica en este vídeo de hace cinco años que acompaña a la información. Torra se arriesga a acercarse, sin profilaxis, a andaluces y extremeños para hacer ver que no es tan xenófobo como la prensa lo pinta o como dicen los tuits firmados de su puño y letra.

El independentismo posibilista de ERC y PDeCAT no sabe cómo librarse de Quim Torra o, lo que es lo mismo, de Puigdemont. Los caprichos del ‘exiliado’ en Berlín son los que han manchado la imagen del independentismo de cara al exterior y los que han provocado que el Ejecutivo de Madrid mantenga en vigor el 155 en Cataluña al tratar de colocar a consejeros que están en prisión o huidos de la Justicia, al tiempo que dinamitan cualquier posibilidad de acercamiento con Madrid, tal y como pretendían los republicanos.

El PDeCAT de Marta Pascal ha sido canibalizado al más puro estilo gore por el JxCAT de Puigdemont, mientras ERC va camino de la desaparición por eso de encamarse con el enemigo ideológico. ¿Quién le hubiera dicho a Pere Aragonès, el hombre fuerte y sereno de la formación de izquierdas en este nuevo ‘Gobierno Frankenstein’, que acabaría colocando al frente de la Generalitat a un político tan de derechas, tan carlista, tan supremacista como el 'molt honorable president' Joaquim Torra?

“El voto de Esquerra y la anuencia de la CUP a un presidente de fundamentos filofascistas es otra vuelta de tuerca al vaciado moral de la izquierda”, reflexionaba este fin de semana Teodoro León Gross. ERC se juega su supervivencia. Y Junqueras lo sabe.

Caza Mayor

Escribe un comentario... Respondiendo al comentario #1
70 comentarios
Por FechaMejor Valorados
Mostrar más comentarios