RTVE, Correos, CIS... Los 'dedazos' de Sánchez para blindarse en el poder

Uno se pregunta qué habrían dicho de Rajoy si hubiera colocado a su sociólogo de cabecera, Pedro Arriola, al frente del CIS, como ha hecho Pedro Sánchez con José Félix Tezanos Tortajada

Foto: Pablo Iglesias pasa junto al presidente del Ejecutivo, Pedro Sánchez, y el ministro Borrell. (EFE)
Pablo Iglesias pasa junto al presidente del Ejecutivo, Pedro Sánchez, y el ministro Borrell. (EFE)

El presidente del puerto de Tarragona, Josep Andreu, deja el cargo. Aunque asegura que se trata de una decisión personal que tomó a principios de año, la realidad, comentan los próximos, es que no ha dimitido sino que le han invitado a marcharse por no comulgar con la causa. Donde unos ven lazos amarillos, otros parecen encontrar sogas en el cuello.

Con la llegada del nuevo Govern, Andreu, procedente de la extinta Convergència, planteó su futuro al frente de la autoridad portuaria tarraconense: si querían a un gestor de eficacia probada, podían contar con él; si lo que buscaban era una persona de la cuerda del 'president' Torra, más pendiente de los barcos de papel con los que pretende reflotar la república catalana que de los barcos de mercancías, entonces mejor renunciar y tomar las de Villadiego. Hace un mes, Andreu comunicaba al 'conseller' de Territorio de la Generalitat, Damià Calvet, y a los miembros del consejo de administración su decisión de no continuar en el cargo.

Andreu no era uno de los nuestros. No lo llevaba serigrafiado en el ADN. Al menos, no lo suficiente. La prueba concluyente, malician algunos, era esa fotografía temeraria de Felipe VI que colgaba en su despacho. También solicitó a la Generalitat una de Torra, pero allí le dijeron que no tenían de esas, que no había más 'president' legítimo que Carles Puigdemont y que pusiera una del hoy ‘exiliado’ en la ciudad alemana de Hamburgo.

Puestos a pedir, nacionalistas vascos y catalanes quieren aprovechar la debilidad parlamentaria de Sánchez para hacerse también con los puertos

Igual que Interior ha iniciado los trámites para el acercamiento a las cárceles catalanas de los presos preventivos Jordi Sànchez, Jordi Cuixart, Carme Forcadell y Dolors Bassa, tal y como habían solicitado estos procesados por razones de vinculación familiar, también llegará el día, no muy lejano, en que vascos primero, catalanes después y baleares en último lugar pongan sobre la mesa la trasferencia de Puertos al Gobierno de Pedro Sánchez y este, predispuesto a partir jamón hasta dejarlo en hueso, se muestre permeable a las demandas.

Dijeron que era por la Gürtel, que solo se trataba de echar a Rajoy de La Moncloa, que no habría concesiones para mantenerse en el poder, pero el día a día nos ha mostrado que la coalición del PSOE con Podemos y los nacionalistas —que en eso se ha convertido este Ejecutivo, en el elocuente Gobierno Frankenstein del que advertía Rubalcaba— ha dinamitado en un solo mes, y sin pestañear, el bloque constitucionalista en Cataluña y el pacto antiterrorista, y se están repartiendo sinecuras como si no hubiera mañana. Lo del Gobierno no es una alianza interesada de partidos sino un patio de monipodio en el que chalanean con competencias y cargos sin ningún pudor y a la vista de todos.

Lo que está ocurriendo en Radio Televisión Española (RTVE) es epítome de lo anteriormente descrito, acaso un insulto a los ciudadanos que pagan religiosamente sus impuestos. ¿No había que hacer una televisión pública con consenso?, se pregunta la opinión pública. ¿No había que despolitizarla? ¿De qué estábamos hablando? ¿De cambiar la legislación en apenas 24 horas para que Pablo Iglesias pueda colocar en un vodevil impresentable a un periodista afín cuyo perfil poco tiene que ver con el exigido para el puesto?

Resulta lógico que haya un relevo en los altos cargos públicos cuando se produce un traspaso de poder. Es lógico e incluso higiénico. Son cargos de confianza y cuando no hay confianza, obviamente, tampoco puede haber cargo. Otra cosa bien distinta es esa “corrupción mucho más sutil”, de la que hablaba Carlos Sánchez este domingo, “que tiene que ver con la política de nombramientos, y que, como todas las corrupciones intelectuales, es más difícil de identificar”. No se trata de la meritocracia sino del pecado capital patrio del amiguismo.

El espectáculo de estos días obedece al afán de Sánchez por controlar lo más rápidamente posible instituciones clave que le blinden en el poder

El lamentable espectáculo de estos últimos días, que deja en mero juego de niños el nepotismo encubierto del anterior Gobierno, obedece al afán de Pedro Sánchez por controlar lo más rápidamente posible instituciones que son clave para mantenerse en el poder, lo que le hace incurrir en improvisaciones y descoordinación. No solo se trata de TVE. Sánchez tiene menos de dos años para armarse hasta los dientes antes de las próximas generales.

Uno se pregunta qué sarta de calificativos hubiera recibido el Gobierno del Partido Popular si hubiera colocado a su sociólogo de cabecera, Pedro Arriola, al frente del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS), como ha hecho Pedro Sánchez con José Félix Tezanos Tortajada, dirigente socialista que, por cierto, aseguraba no hace mucho tiempo —qué dura es la hemeroteca— que las encuestas que publican los medios de comunicación no son más que “parasociología, una especie de brujería”.

Qué habría dicho Twitter si Rajoy hubiera colocado de presidenta de Correos a su fiel escudera Carmen Martínez Castro, que sabe lo mismo del sector postal —es decir, nada— que Juanma Serrano, quien fuera director de gabinete en Ferraz y que a partir de ahora cobrará casi 200.000 euros al año. Cómo puede ser que, después de toda la polémica montada en torno a Wert y su nombramiento como embajador de España ante la Organización de Cooperación y Desarrollo Económicos (OCDE), Sánchez haya enviado a este puesto a un miembro de su ejecutiva como Manuel Escudero, secretario de Política Económica y Empleo del PSOE.

Por no hablar de lo que está ocurriendo en Fomento, donde José Blanco, a la sazón el ‘descubridor’ de Pedro Sánchez, le está haciendo el ministerio a José Luis Ábalos.

Unos suben pero otros caen en desgracia. De los 100 primeros altos cargos nombrados por Sánchez no figura ninguno que se pronunciara a favor de Susana Díaz o Patxi López en las primarias. Roma no paga a traidores. Su equipo procede del círculo más próximo al presidente del Gobierno o bien son periféricos, como muchos de sus ministros. No hay pudor. Ni lo hubo, ni lo hay, ni lo habrá. La única diferencia entre PSOE y PP es la superioridad moral que se atribuyen los primeros desde la izquierda frente a los complejos de los segundos desde la derecha. Por lo demás, todo sigue igual. España, un país hundido en el sectarismo.

Caza Mayor

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