Las tres razones por las que fallarán quienes dan por amortizado a Pablo Iglesias

Podemos se muestra más frágil y solo que nunca. De ser el final de alguien, lo será de Podemos antes que de Iglesias, del que depende en exceso. Sus sinos van indefectiblemente unidos

Foto: Pablo Iglesias. (EC/EFE)
Pablo Iglesias. (EC/EFE)

Existe una corriente editorial, puesta negro sobre blanco en un serial de artículos, consistente en dar por amortizado al secretario general de Podemos, Pablo Iglesias. Los mismos que decían que era quien mandaba en el país, incluso más que el presidente Sánchez, un demiurgo de la política moderna omnipresente en todos los escenarios, el niño en el bautizo, el novio en la boda, el muerto en el entierro, los mismos que hablaban así del líder morado, digo, ahora le han puesto la cruz y anuncian su fin.

Lo dicen como si hubiera alternativa. Y no la hay.

Primero, porque aunque el pablismo ha perdido estructura a nivel territorial, lo cierto es que su estrategia cuasi estalinista de laminar a la oposición interna ha dado sus frutos. Ya no le chistan ni cuando se le ven los trucos. El errejonismo se ha desinflado. Los pilares del equipo que han acompañado al hoy candidato a la Comunidad de Madrid le han abandonado. No hay nada ahí fuera. El errejonismo se desinfla y con él, el resto de corrientes críticas.

Segundo, porque no hay más nombre que el de Iglesias. Y si hay que buscar sustituto, esto es, si se produce un descalabro electoral en los comicios que se sucederán el próximo año y hay que convocar un Vistalegre III en el que Pablo Iglesias tenga que dar un paso atrás, no se vislumbra más alternativa que la de su pareja, Irene Montero. Primero la 'razzia' interna y luego el intercambio de coronas. Como en la última temporada de ‘House of Cards’.

Lo señalaban algunos testimonios en la minuciosa disección que El Confidencial hizo este fin de semana de los círculos de Podemos: “No somos una organización horizontal, como transmite la cúpula, sino que todo viene impuesto de arriba hacia abajo. Las bases han sido ignoradas durante demasiado tiempo (…). Se utiliza el método asambleario cuando saben que va a ganar la opción que más gusta arriba”. Carolina Bescansa, Xavier Domènech, Tania Sánchez, las otrora estrellas ascendentes, se han ido cayendo del cartel.

No se vislumbra más alternativa que la de su pareja, Irene Montero. Primero la 'razzia' interna y luego el intercambio de coronas. Como en ‘House of Cards’

Y tercero, porque goza de un manejo del 'marketing' como no tienen sus rivales. Alumno aventajado de Madison Avenue, es capaz de, por arte de birlibirloque, convertir en éxito lo que es un fracaso.

Lo de Pablo Iglesias no es venezolano, que es la acusación que le lanzan los conservadores, la de querer imponer un modelo político y económico bolivariano, sino argentino. Puro peronismo. No solo por la idea que tiene del poder, que ha de heredarse igual que hicieron con la presidencia de Argentina el matrimonio Néstor y Cristina Kirchner, sino porque se vende por lo que él mismo dice que vale, que es bastante más que su precio objetivo.

Iglesias tiene “la necesidad compulsiva de exhibir groseramente el poder que tiene y, sobre todo, el que no tiene”, explicaba Ignacio Varela. De ahí que se obstine en ejercer de ‘vicepresidente fake’ del Gobierno Sánchez y presuma de haber condicionado el reparto de sillones en el poder judicial —aunque haya sido más en apariencia que en realidad— y de negociar los Presupuestos Generales del Estado en Lledoners —aunque no haya sacado en claro más que una fotografía que, precisamente, no redunda en su beneficio—.

Empiezan a vislumbrar que el pegamento emocional que les unía en ese Frankenstein llamado Podemos está secándose a pasos agigantados

El problema no lo tiene tanto Pablo Iglesias, que en el peor de los casos se alza como señor de un reino que bien parece un erial. En puridad, el problema lo tiene Podemos, en el sentido que escribía Esteban Hernández en ‘El tiempo pervertido. Derecha e izquierda en el siglo XXI’ (Editorial Akal). El partido morado se ha equivocado de estrategia al supeditarlo todo al líder mesiánico, del que depende en exceso, y a su carácter de oposición:

“Primero atacaron a la casta, después redujeron el punto de mira y combatieron al PP, más tarde a Ciudadanos y siempre a ellos mismos. Les unía el enemigo común (la corrupción, Rajoy, Errejón) y una suerte de pensamiento positivo respecto de las posibilidades de una sociedad participativa, horizontal y moderna”.

Con Rajoy fuera del poder, el talento político diezmado y los círculos como mero atrezo, empiezan a vislumbrar que el pegamento emocional que les unía en ese Frankenstein llamado Podemos está secándose a pasos agigantados.

Porque Podemos no es uno sino muchos. Un sinfín de partidos que tienen vida propia y reniegan de las siglas como si tuvieran lepra. Al menos en cinco de las mayores comunidades de España, que abarcan el 65% de la población, los liderazgos están fuera de la disciplina de Podemos e Iglesias es percibido como un elemento exógeno.

La marejada llega hasta A Coruña y Zaragoza. La formación morada es todo lo contrario a un bloque monolítico. Más bien es el ejército de Pancho Villa

Es un partido que se desgaja territorio a territorio: Manuela Carmena se ha ‘independizado’ en Madrid, Ada Colau se distancia de Podem en Cataluña, Teresa Rodríguez marca distancias en Andalucía... La marejada llega hasta A Coruña, Zaragoza, así como a otras ciudades en proceso de ebullición. La formación morada es todo lo contrario a un bloque monolítico. Más bien es el ejército de Pancho Villa.

Los nubarrones se perciben en lontananza:

-Pueden perder en mayo las siete capitales que gobiernan o un buen puñado de ellas.

-Sostienen en el poder a un PSOE sin apenas escaños en el Congreso.

-Están siendo ninguneados por un Pedro Sánchez que ya ha dejado entrever que el acuerdo presupuestario y fiscal recientemente firmado al alimón en Moncloa no es sino papel mojado.

-Comprueban cómo los socialistas están decididos a gobernar a golpe de decreto, dejándoles sin influencia alguna y dando al traste con su estrategia morada para el ‘supermayo’ de 2019.

-Se sienten, en definitiva, traicionados por el Gobierno, con el que se encamaron impúdicamente.

Podemos se muestra más frágil y solo que nunca. Toda su estrategia se ha ido al traste. De ser el final de alguien, lo será de Podemos antes que de Iglesias, aunque sus sinos, se está viendo, van indefectiblemente unidos. El barco se hunde. Las mujeres y los niños, primero.

Caza Mayor

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