Twitter, Roures y TV3: los tres 'bots' del independentismo

De entre todas las autopistas de información y posverdad que emplean los 'rasputines' del Alt Empordá, hay una que destaca por encima del resto, Twitter, el cañón Bertha del independentismo

Foto: 'Amartphone' decorado con la imagen de Puigdemont y una estelada. (EPA)
'Amartphone' decorado con la imagen de Puigdemont y una estelada. (EPA)

“No es importante que la historia sea real. Lo único importante es que la gente haga clic sobre ella. Los hechos están superados. Es una reliquia de la edad de la prensa escrita, cuando los lectores no podían elegir. Ahora, si una persona no comparte una noticia, no hay noticia”.

Neetzan Zimmerman, especialista en historias virales de 'Gawker'

En el acto en el que Toni Comín anunció solemne el primer impuesto de la república catalana, apenas había 20 personas, de las cuales la mayoría frisaban la edad de jubilación. Las nuevas tecnologías permitieron que el número dos por JxCAT a las elecciones europeas, hoy ‘exiliado’ en Bélgica, pudiera dirigirse por videoconferencia a tan magro auditorio y fantasear con una república que no existe, como tampoco existe esa España represora y fascista cuya imagen tratan de vender desde el Consell y los brazos mediáticos del independentismo.

Por un lado está la realidad palpable, la que se puede tocar, que es la del desencanto, la de esas escasas 20 personas que acuden a escuchar a Comín, y por otra, ese mundo paralelo o Sanghri-La secesionista en el que se encuentran encapsulados Puigdemont y su guardia de corps, y cuya llama logran mantener viva gracias a TV3 y las redes sociales.

De entre todas estas autopistas de información y posverdad que emplean los ‘rasputines’ del Alt Empordá para difundir sus mensajes, hay una que destaca por encima del resto, Twitter, acaso el cañón Bertha del independentismo. De hecho, hay cientos de 'bots' (programa informático que realiza tareas repetitivas en internet como si fuese un humano) que se dedican a retuitear de forma masiva los postulados del de Waterloo, dando la sensación de que el independentismo goza de un apoyo popular mayor del que realmente tiene.

Estos 'bots' se dedican a atacar la democracia en general y al sistema judicial en particular. Los fascistas son los que acuden a la Autónoma de Barcelona a provocar y Marchena es ese señor que, según pasan los días y la Fiscalía ve refrendada su acusación por rebelión y malversación, va adquiriendo rasgos mefistofélicos, con cuernos y rabo entre las piernas.

Los usuarios de Twitter más activos de la órbita soberanista son precisamente 'bots', máquinas disfrazadas con nombres reales tales que XavierANDREUMAS (2.462), Joanagabarrof (739) o CatalanRobot (676), entre otros, recogiendo en los paréntesis el número de publicaciones realizadas desde el 1 de febrero de 2019, bien utilizando 'hashtags' con referencia al juicio del Tribunal Supremo, bien divulgando contenido de cariz independentista.

En el mundo Twitter, el independentismo gana por goleada al constitucionalismo. Dispone de ejércitos de voluntarios reclutados por WhatsApp y Telegram, que replican mensajes de las cabezas visibles en varios idiomas, sobre todo, español, catalán, inglés, francés y algo de alemán. Tienen cuentas casi siempre con las mismas características. A saber: evitan poner foto del rostro, emplean profusamente el icono del lazo amarillo y gustan de vincular España con tres hechos concretos: el franquismo, los toros y la Manada. Su lenguaje suele ser soez y muy alejado del que pregonaban los de la revolución de las sonrisas.

Frente a una realidad fundamentada en hechos que dicen que no hubo estructuras de Estado ni declaración de independencia, resumida en la frase que profirió un 'mosso' a un agente rural de la Generalitat a finales de 2018: “Qué república ni qué cojones. La república no existe, idiota”; frente a esa realidad de Torra y Puigdemont que, como recordaba Joan Tapia, proclaman verbalmente que la república está viva, pero a la hora de la verdad acatan la legalidad y retiran los lazos amarillos de la Generalitat cuando la Junta Electoral Central lo ordena; frente a esa realidad que es la de la calle, la de las protestas de los que trabajan en la sanidad y educación catalanas, las de los funcionarios públicos, de los que rezongan porque en Cataluña hace tiempo que se dejó de gobernar; frente a esas realidades hay otro plano, en el que se mueven con soltura Puigdemont y Puigneró, 'conseller' de Políticas Digitales, que es el del simbolismo, donde lo virtual se aparece como verdadero.

Hay un bombardeo continuo de vídeos y tuits para vender como gesta heroica lo que no es sino una derrota, haciendo así buenas las palabras de Demócrito, quien aseveraba que “en realidad no sabemos nada de nada, sino que una afluencia de imágenes percibidas constituye la verdad para cada quien”. En este caso, se trataría de una ‘verdad’ fabricada para esos dos millones de catalanes que todavía necesitan creer que la independencia es posible.

Todo ello sería impensable sin la complicidad de los medios públicos catalanes y de editores proindependentistas que han antepuesto los intereses particulares al interés general. En este diario, se ha hecho especial mención en los últimos días al papel de TV3 en los hechos ocurridos el 1 de octubre de 2017 a cuenta del proceso que se está siguiendo en el juzgado número 13 de Barcelona, donde el director general de la televisión pública, Vicent Sanchís, y el director de Catalunya Ràdio, Saül Gordillo, están imputados por un delito de desobediencia.

“La programación de TV3 ha sido, es y seguirá siendo, si las cosas no cambian, la responsable directa de crear ambientalmente la virtualidad de la 'desconexión' de cientos de miles de catalanes con el resto de España”, escribía José Antonio Zarzalejos en El Confidencial.

Esta representación onírica, que se incardina más en el deseo de unos pocos que en la realidad de unos muchos, tampoco se entendería sin la figura de Jaume Roures. El presidente de Mediapro fue el que montó el centro de prensa para seguir en sus instalaciones de avenida Diagonal la consulta del 1-O, ahorrando a Puigdemont la necesidad de que tuviera que hacerlo la Generalitat y sus posibles consecuencias legales; fue el anfitrión de la cena secreta de Oriol Junqueras y Pablo Iglesias, y fue el productor de la trilogía sobre el ‘procés’.

Roures, que jura y perjura que no es independentista, está ahora de actualidad por su encontronazo con Antonio García Ferreras, director de ‘Al Rojo Vivo’ en La Sexta, con el que había mantenido una estrecha relación hasta tiempos no muy lejanos. En las entretelas de este choque subyace, como en tantos otros casos, la cuestión catalana, aunque no solo.

En un reciente desayuno informativo, el de Mediapro aseguró que no tenía “problemas históricos y espero que no tengamos problemas” con Ferreras, a pesar de que “hizo una referencia negativa a mí por una información que no contrastó. Puedo estar equivocado en muchas cosas, pero no digo tonterías”.

Llovía sobre mojado. Igual que insistía en que no era independentista, que no decía tonterías y mucho menos lo que le atribuían contra Ferreras, hay otras informaciones, como el vídeo de abajo, que venían a confirmar justo lo contrario. De Roures, un hombre que no se sabe si va o viene, “jamás sabremos el papel que ha tenido en esto del 'procés’”, dicen quienes lo tratan.

En una de sus últimas apariciones públicas ante simpatizantes de la otrora Convergència Democràtica de Catalunya (CDC), Jordi Pujol se ufanaba de que “en un país de minifundistas y ‘capelletes’ [capillitas], nosotros conseguimos levantar una catedral”, para lamentarse luego de que esta se había venido abajo. La realidad —tuiteen lo que tuiteen en las redes, informe de lo que informe TV3, digan lo que digan Roures o el porquero de Agamenón— es otra muy distinta. La realidad es que se acabó el sueño… Si es que alguna vez lo hubo.

Caza Mayor

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