Negociaciones poselectorales: Ciudadanos y PP, espiral de autodestrucción

¿Será el Ayuntamiento de Madrid moneda de cambio en este gran bazar turco poselectoral? ¿Veremos a Begoña Villacís de alcaldesa? En unos días, el desenlace

Foto: El líder de Ciudadanos. (EFE)
El líder de Ciudadanos. (EFE)

El centro derecha se ha embarcado de nuevo en una espiral de autodestrucción. Lo hace gracias a esa habilidad casi innata que muestran las formaciones de este espectro ideológico para pegarse un tiro en los pies cuando la suerte parece sonreírles.

Al Partido Popular no le sale bien ni lo que parece que le sale bien, como es poder mantener o incluso aumentar poder territorial tras el 26-M a pesar de la merma de votos; en Ciudadanos, ha surgido un conato de rebelión interna por la estrategia de pactos de la dirección del partido, mientras que Vox exige salir en la fotografía y estar en la mesa de negociaciones si quieren su apoyo para gobernar. ¿Quién dijo que esto fuera fácil?

En este ‘¡ay, qué manera tan absurda que tenemos de destrozarnos!’, que se escuchaba en las direcciones de PP y Ciudadanos este fin de semana, hay un claro beneficiado, Pedro Sánchez, que se refocila con el espectáculo mientras acaricia la cabeza de su gato persa en Moncloa. No hay nada más placentero para el líder socialista que ver a las ‘tres derechas’ despeñarse y a los poderes fácticos presionar a Albert Rivera para que Cs facilite la investidura de Sánchez y de sus barones autonómicos. A Ferraz se le descoyunta la mandíbula de tanto carcajearse.

Travestidos de senadores romanos, directivos del Ibex sugieren a Rivera que pacte con el PSOE en aras de la estabilidad del país

Abundan estos días los comentarios de directivos del Ibex sugiriendo a Rivera lo que tiene que hacer en la ronda para los pactos poselectorales, cuyas negociaciones, en el caso de la formación naranja, comanda José Manuel Villegas.

Como travestidos de senadores romanos, estos representantes del capitalismo patrio invitan sin disimulo a que se pacte con el Partido Socialista, arguyendo que es lo mejor para la estabilidad de España y que, en caso de que tal movimiento tuviera un coste de imagen entre sus votantes de derechas, este apenas duraría 15 días frente a los tres años largos de legislatura que tendrían por delante para recuperar.

Todos a una, como en Fuenteovejuna.

En ‘El País’, Francesc de Carreras pedía a Cs que rectificase, que se alejara de la foto de Colón, que “sea humilde por su inferioridad en votos y escaños” y que, a su vez, el PSOE sea generoso para “pasar página de recientes desencuentros”. En El Confidencial, José Antonio Zarzalejos conminaba a Rivera a que “ofreciera a Sánchez sus votos para la investidura (no para una coalición), estableciendo las condiciones para una legislatura de políticas moderadas, estables y que, de modo transversal, sensato e integrador, manejen correctamente la crisis en Cataluña y la política socioeconómica”.

Con todo y con eso, las presiones que más han dolido han sido las intestinas. Puntales de Ciudadanos, como los candidatos a las elecciones europeas, Barcelona y Castilla y León, Luis Garicano, Manuel Valls y Paco Igea, respectivamente, han empezado a verbalizar sus críticas a la estrategia de Rivera y han mostrado su preferencia a entenderse con el PSOE más que con Vox y el bloque de las derechas.

En Ventas, sede de los naranjas en Madrid, sabían que arreciarían las presiones al finalizar el ciclo electoral. Lo que desconocían era el cisma que provocarían dentro del partido en tan breve periodo de tiempo y cómo afectarían a algunas de las personalidades de la formación.

El problema es que los consejos de estas ‘personalidades’ no son sino consejos de perdedores, malician en el propio partido. En las elecciones europeas, que se rigen por la circunscripción única, a Garicano le fue bastante peor que a Rivera el 28-A, cosechando un 12% y siete escaños, lejos del 20% y los 12 del PP.

En las de Barcelona, Valls quedó cuarto, muy por debajo de la ‘pole position’. En Cs entienden que ni Garicano ni Valls están para dar lecciones. Más bien al contrario. Cs logró sus mejores resultados cuando decidió cambiar de estrategia, dejar de ser la muletilla de ningún partido y apostar por convertirse en el referente del centro derecha en sustitución del PP.

¿Será el Ayuntamiento de Madrid moneda de cambio en este gran bazar turco poselectoral? ¿Veremos a Villacís de alcaldesa?

Lo de Paco Igea y Castilla y León merece mención aparte.

En un extenso 'post' en su muro de Facebook, Igea destacó que, el 26-M, la población había castigado “años de soberbia y clientelismo” del PP, lo que suponía “el fin de una era” en CyL, dejando entrever la posibilidad de propiciar un cambio en la Junta tras 32 años de gobierno consecutivo de los populares y haciendo una analogía con lo acaecido en Andalucía, donde los naranjas ‘jubilaron’ a Susana Díaz y acabaron con la égida socialista en aquella comunidad.

“El error de este razonamiento es, precisamente, la analogía. Pensar que ambas comunidades se asemejan como dos gotas de agua. Y no lo son”, reflexionan en Génova. Frente a la tasa de paro del 21,08% de Andalucía, CyL se sitúa en el 12,4%, según datos de la EPA del primer trimestre de 2019; mientras unos obtienen una puntuación de 473 puntos en el Informe Pisa de Educación, los otros se encaraman a la primera posición nacional con 519; si en Andalucía se gasta en Sanidad 1.100 euros, en Castilla y León esa cantidad se eleva hasta los 1.445. “Es una temeridad cambiar lo que está funcionando”.

Ciudadanos necesita, por un lado, ganar poder territorial para que no le pase lo que en los anteriores comicios municipales, en los que solo consiguió un 8,3% de los votos, y, por otro lado, necesita restárselo al PP, en tanto en cuanto es el enemigo a batir.

“Cs quiere territorio y nosotros no se lo podamos dar”, manifiesta un miembro de la mesa chica de Pablo Casado horas antes de comenzar las negociaciones. El PP se ha propuesto mantener, al menos, las comunidades de Castilla y León, Murcia y Madrid para acoger a los cientos de militantes que engrosan las filas del partido y que podrían quedarse sin trabajo.

“Si me preguntas, por ejemplo, si es más importante el Ayuntamiento de Madrid que una comunidad autónoma, te contestaría que no”, continúa en su reflexión. “No lo es desde el punto de vista de partido y desde el punto de vista de poder territorial. No es lo mismo un consejero que un concejal. No lo es”. ¿Significa esto que el ayuntamiento puede servir de moneda de cambio en este gran bazar turco en el que se van a convertir las negociaciones poselectorales? ¿Veremos a Villacís de alcaldesa? En unos días, el desenlace.

Caza Mayor
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