Proyecto Cataluña (2017–2020): así es el plan en tres fases para acabar con el 'procés'

Los testigos desde el inicio del denominado Proyecto Cataluña saben que los verdaderos promotores del plan se cuentan con los dedos de la mano y han estado huérfanos de apoyo institucional

Foto: Manuel Valls, en la reelección de Ada Colau como alcaldesa de Barcelona. (EFE)
Manuel Valls, en la reelección de Ada Colau como alcaldesa de Barcelona. (EFE)

Manuel Valls tenía que elegir entre ‘susto’ y ‘muerte’ y finalmente optó por lo primero, facilitando la investidura de Ada Colau en detrimento del republicano Ernest Maragall. “Valls vino exclusivamente para derrotar al separatismo. Ni para hacer amigos ni compadreos. En esta guerra contra el independentismo, la ciudad de Barcelona era clave”, dicen en su equipo.

Por eso de que la victoria siempre tiene cien padres, son muchos los que se quieren apuntar el tanto de Barcelona. Dicen ahora que no hay nada mejor que un poco de ‘grandeur’ en la siempre superficial política española.

Los que han sido testigos desde el inicio del denominado Proyecto Cataluña saben, sin embargo, que los verdaderos promotores del plan se pueden contar con los dedos de la mano y han estado huérfanos de todo apoyo institucional. Proceden de la sociedad civil y se mueven entre bambalinas. No les gusta salir en la fotografía y solo lo hacen contra su voluntad cuando son señalados por los radicales independentistas (como en los casos de José Ramón Bosch, Luis Conde y Jaime Malet, entre otros) en sus listas negras y boicots.

El Proyecto Cataluña se lleva preparando desde el ejercicio 2017 y ataca tres frentes: Ayuntamiento de Barcelona, Generalitat y Gobierno de España

El Proyecto Cataluña, que busca desactivar el 'procés', se lleva bosquejando desde hace tiempo y consta de tres fases:

Primer paso: el Ayuntamiento de Barcelona. Periodo de ejecución de diciembre de 2017 a mayo de 2019, con un primer objetivo que consistía en construir una candidatura transversal y un segundo que pasaba por ser la lista más votada de la ciudad de Barcelona con entre 14 y 16 regidores. Manuel Valls se quedó lejos de ambos propósitos, pero logró convertirse en llave del consistorio para frenar al separatismo y poder condicionar y vigilar estrechamente, junto al socialista Collboni, la gestión de Colau durante los próximos cuatro años.

Segundo paso: la Generalitat de Cataluña. Se puso en marcha en abril de 2018 y se espera que concluya en octubre de este año, aunque todo apunta al primer semestre de 2020 para las próximas catalanas. Se trata de crear un nuevo partido político, de centro derecha catalanista pero no independentista, que sirva de puente entre los dos bloques antagónicos en los que se divide actualmente Cataluña. Pretende obtener entre ocho y 12 diputados.

No contaría con Valls, cuyo perfil socialdemócrata no casaría con el sesgo conservador de esta formación, pero sí con miembros del equipo del francés tales como Eva Parera, exdirigente de Unió Democràtica de Catalunya. La propia Parera ha reconocido a ‘Metrópoli Abierta’ el lanzamiento de este partido en fechas próximas para “evitar las especulaciones y los rumores, que confunden a la gente”. Lo haría, probablemente, bajo el nombre de Lliga Democràtica.

Después de la derrota de Unió (103.293 votos y un 2,51%), los grupos de centro derecha catalanista no separatista se han dividido en diferentes proyectos sin un claro liderazgo, sin recursos económicos y sin apoyo mediático. La Lliga Democràtica, o como quiera que se denomine finalmente el partido, vendría a reunificarlos y revestirlos de cierta oficialidad. Les faltaría, eso sí, lo sustancial: un líder con carisma.

Con todo y con eso, de lo que menos se habla y se escribe es de la tercera de las fases, acaso la más importante, que cerraría el círculo y transcurre en paralelo a las otras dos.

Tercer paso: Gobierno de España. Empezó en noviembre de 2018 y se espera que esté terminado en este segundo semestre de 2019. Su primer objetivo pasa por preñar el Gobierno de España e instituciones clave del Estado con prominentes figuras catalanas, cosa que ya habría sucedido parcialmente al colocar a Meritxell Batet y Manuel Cruz como presidentes del Congreso de los Diputados y del Senado, respectivamente.

El segundo, más mollar, consistiría en influir en las políticas nacionales desde Cataluña para normalizar la situación. Prevé la vuelta de las empresas que se han marchado de Cataluña por el ‘procés’, el impulso del corredor mediterráneo, una mejor financiación autonómica, la creación de una Hacienda propia, la potenciación del puerto y del aeropuerto de Barcelona como referentes del sur de Europa y la aprobación de una ley de lenguas que permita el reconocimiento nacional e internacional del catalán.

La tercera fase de este plan pretende impulsar la vuelta de las empresas a Cataluña y la creación de una Hacienda propia

“A menudo se ha planteado la responsabilidad de Cataluña en el Gobierno de España como una cuestión externa a la propia España, y creemos que gran parte de los problemas actuales derivan de este planteamiento”, comentan los artífices de este plan.

Los catalanes no tenemos una responsabilidad mayor que los madrileños, andaluces o castellanos; pero tampoco menor o diferente. A menudo, la ‘diferencia’ catalana ha sido asumida como una particularidad tanto desde Cataluña como desde el resto de España, especialmente en eso que llamamos ‘Madrid’ y que tal vez no se corresponde exactamente con una localización geográfica. Tenemos que trabajar para que esta diferencia no sea vista como tal particularidad, sino como un elemento consustancial a la naturaleza plural de España”, continúan en su reflexión.

En este sentido, se espera que Pedro Sánchez, ahora en negociaciones para la investidura, dote de un mayor peso catalán a su futuro Ejecutivo, todo lo contrario que hizo Mariano Rajoy durante sus años de gobierno.

Aquí se especula de nuevo con la figura de Valls y la posibilidad de que este ocupe la cartera de Exteriores, lo cual sería todo un dislate. No solo porque se lleva casi tan mal con Sánchez como con Rivera, sino por la ‘humillación’ que supondría este cargo para alguien que lo ha sido todo en Francia, amén de los conflictos de interés que se generarían con el país vecino.

Cosa bien distinta es pensar que el futuro de Valls va a quedar constreñido al de regidor municipal. La sombra del ex primer ministro es casi tan alargada como su ambición personal. Va más allá de Cataluña y tendrá su proyección en la política nacional. Falta por saber cómo, cuándo y, sobre todo, con quién.

Caza Mayor
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