La escisión de nunca acabar: ¿Puigdemont en una lista y los presos del 'procés' en otra?

El 'expresident' necesita seguir ejerciendo de tótem del independentismo para no pasar al olvido y, sobre todo, para que le sigan financiando la pastizara que cuesta su retiro en Waterloo

Foto: El expresidente de la Generalitat Carles Puigdemont hace declaraciones a los medios a las puertas de su casa de Waterloo (Bélgica). (EFE)
El expresidente de la Generalitat Carles Puigdemont hace declaraciones a los medios a las puertas de su casa de Waterloo (Bélgica). (EFE)

Puigdemont va a dejar el PDeCAT antes de que el partido lo deje a él. Por hartazgo. Lo más normal es que el PDeCAT se quede finalmente con el nombre de Junts per Catalunya y empecemos desde ahí a construir un partido de nuevo. Llegado ese momento, todos deberemos hacer lo más difícil, que es escoger entre papá y mamá, es decir, entre la Crida de Puigdemont y Junts per Catalunya”, concluye un alto cargo de la formación soberanista.

A pesar de estar cada vez más desdibujado, como si se le estuviera yendo la tinta, lo cierto es que la sombra del 'expresident' continúa siendo alargada. Básicamente, porque necesita seguir ejerciendo de tótem del independentismo para no pasar al olvido y, sobre todo, para que le sigan financiando la pastizara que cuesta su retiro dorado en Waterloo.

“No está solo. Tiene a mucha gente con él, una base radicalizada de cerca de 100.000 personas, un ejército de fieles que arrastraría fácilmente hacia la Crida o sea cual fuere su proyecto”, continúa este alto representante del PDeCAT. “Puigdemont ha cambiado el relato. Su primer libro no se parece en nada al segundo, pero su tirón es innegable”.

El presidente de la Generalitat, Quim Torra, en el Parlament. (EFE)
El presidente de la Generalitat, Quim Torra, en el Parlament. (EFE)

De entre toda la claque, el que más se postra de hinojos es el 'president', Quim Torra. El resto del Govern, a excepción de los consejeros de ERC, también presta atención a sus ocurrencias, aunque más por compromiso que por convicción, ya que se niegan a una confrontación ciega contra todo y contra todos como clama el exiliado belga. En un breve panfleto de reciente publicación, Puigdemont apelaba a la “confrontación con el Estado”. “Es el único camino que nos puede garantizar el objetivo”, escribía el 'expresident'.

Mientras tanto, la formación por él liderada, véase la otrora CDC, luego PDeCAT, más tarde JxCAT, finalmente la Crida, etcétera, vive sumida en una crisis identitaria perpetua. No saben de dónde vienen, ni hacia dónde van ni mucho menos quién liderará el proyecto.

“Carecemos de organización. Ignoramos si nos vamos a romper. No sabemos quién será el candidato…”, continúa el dirigente de PDeCAT. “Lo ideal sería repetir el invento de Junts per Catalunya, que hay que reconocer que a Puigdemont le dio tan buenos resultados, pero en un formato más organizado y con objetivos plausibles. Nada de vender humo. ¿Es posible llegar entre todos a algún tipo de consenso? Ahora mismo está complicado”.

Los presos, que apuestan por el pragmatismo, se quedarían con el partido. "¿Imaginas a los presos en una lista y a Puigdemont en otra?"

Algunos de los políticos presos, tales que Jordi Sànchez, se muestran partidarios de esta última opción, esto es, de mantener el partido unido en torno a JxCAT. “Pero si hay división y Puigdemont se va con la Crida y el partido opta por trazar su propio camino con otro líder distinto, los presos, que hace tiempo que apostaron por la vía del pragmatismo, se quedarán con el partido. ¿Imaginas a presos en una lista y a Puigdemont en otra?”.

No sería ni la primera ni la última escisión de la otrora poderosa Convergència. Tal y como informa hoy Marcos Lamelas, el próximo 21 de septiembre, en el Monasterio de Poblet (Tarragona), tendrá lugar un cónclave de 200 personas donde se reunirán represaliados del PDeCAT como Marta Pascal y Carles Campuzano, junto al 'exconseller' Lluís Recoder y la secretaria de Organización de Convergents, Silvia Requena, entre otros, con el ánimo de ir conformando un espacio catalanista no independentista que recupere las esencias hoy perdidas de la antigua CDC.

Carles Campuzano (i), Jordi Xuclá y Marta Pascal, en el Congreso de los Diputados. (EFE)
Carles Campuzano (i), Jordi Xuclá y Marta Pascal, en el Congreso de los Diputados. (EFE)

Un espacio que no diferiría en mucho del que pretende ocupar la Lliga Democràtica, ese nuevo partido que ha montado el entorno de Manuel Valls, con Eva Parera a la cabeza, y el expresidente de Sociedad Civil Catalana Josep Ramon Bosch. “Ambos proyectos [el de la Lliga y el de Poblet] pueden correr perfectamente en paralelo. Lo que tenemos que hacer es echar cálculos. Necesitamos un 3% para entrar en el Parlament. Si no, será un fracaso y habremos tirado miles de votos”, señalan desde Convergents.

El nuevo curso comienza en septiembre de la misma forma que en años pasados. Con ecos de adelanto de elecciones en Cataluña y con los Pujol en el punto de mira de la UDEF y del juez De la Mata, a un paso de cerrar la instrucción. Son los Pujol, pero bien podrían ser los Soprano. La UDEF dice que operaban como la mafia: “Ejercieron actitudes coercitivas hacia los funcionarios para cumplir con los designios políticos, y favorecer a empresas que pagaban comisiones”.

El 11-S habrá Diada. Los partidos soberanistas acudirán divididos ante una Assemblea Nacional de Catalunya (ANC) dirigida por una Elisenda Paluzie fuera de control y que se debate entre tener vida propia en manos de sus bases o plegarse a lo que marcan estas formaciones catalanas, que parecen vivir una crisis inmarcesible y están totalmente descabezadas.

Después de la sentencia, habrá crisis de Gobierno y, más tarde, elecciones. Habrá elecciones en el peor momento para JxCAT

Luego vendrá la sentencia del 'procés', en torno a la primera quincena de octubre. Siempre antes del 15 de ese mes, fecha en que los Jordis cumplirán dos años de prisión preventiva y tocaría, por tanto, prorrogar el plazo, lo que no es del gusto de Marchena. Para la sentencia, habrá traslado previo de los presos de nuevo a cárceles madrileñas para la notificación de la resolución.

“Después de la sentencia, habrá crisis de Gobierno y, más tarde, elecciones”, comentan desde el PDeCAT. “Es el escenario más verosímil. Y habrá elecciones en el peor momento para nosotros. A no ser que Puigdemont tenga algo pensado que desconozco o alguien, quien sea, tenga un plan. Sinceramente, no lo creo”.

Han pasado casi dos años desde el 1 de octubre de 2017. El aura de Puigdemont, es cierto, sigue incólume, pero ni hay independencia ni hay república, y la familia independentista se encuentra más desestructurada que los Lannister en Desembarco del Rey, con una ERC en perfil posibilista que, probablemente, logrará pescar en río revuelto.

La sensación que se respira en el Palacio de la Generalitat es que nada volverá a ser igual tras las próximas catalanas. La llama del 'procés', dicen, se apaga definitivamente.

Caza Mayor
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