Puigdemont pone las barbas a remojar: euroorden y fuga

Era cuestión de días, si no de horas, que la Fiscalía solicitará de nuevo la euroorden tras conocerse el fallo del juicio del 'procés' este lunes por la mañana

Foto: Carles Puigdemont, desde uno de los balcones de la casa donde reside en Waterloo. (Reuters)
Carles Puigdemont, desde uno de los balcones de la casa donde reside en Waterloo. (Reuters)

Anda escandalizada la burguesía catalana a cuenta del número de años de cárcel que les van a caer a los líderes secesionistas, especialmente a los que formaban parte del Govern. “Es una salvajada”, “12 años son muchos años, suponen otros tres más en prisión”, “no sé cómo vamos a gestionar esto, es demasiado tiempo”. Esta burguesía catalana es la misma que hace una semana, como si nada, se daba de empellones por una copa de Gramona en el estreno de 'Turandot', en el Liceu.

Hay una parte de Cataluña que continúa viviendo en una burbuja, que no se ha dado cuenta de que la espiral en la que se embarcaron hace ya años, con el 1 de octubre como fecha totémica, y que implicaba violentar la Constitución y ponía en riesgo nuestro sistema democrático, tendría funestas consecuencias. El Código Penal contempla una pena mínima de 10 años de cárcel para aquellos reos de sedición que la hubieran inducido, sostenido o dirigido si fueran personas constituidas en autoridad. Eso, mínimo. Luego está la malversación. ¿No se daban cuenta o no quisieron darse cuenta?

El ministro de Cultura, José Guirao (i), la presidenta del Congreso, Meritxell Batet (3d), y Quim Torra. (EFE)
El ministro de Cultura, José Guirao (i), la presidenta del Congreso, Meritxell Batet (3d), y Quim Torra. (EFE)

Visto lo visto, Carles Puigdemont ha puesto las barbas a remojar. Era cuestión de horas que la Fiscalía solicitara de nuevo la euroorden. Lo haría, previsiblemente, una vez se comunicara a las partes el fallo del juicio del 'procés', lo que ha ocurrido este lunes por la mañana. Nadie dudaba de que Llarena atendería la petición y la reactivaría de inmediato, como así ha hecho unas horas después de que se notificara la sentencia en la que se condena a Junqueras y a los otros once líderes independentistas por sedición.

Que Puigdemont ha puesto las barbas a remojar es un hecho. Lo que se desconoce es dónde las ha puesto. Si en su mansión de Waterloo, donde vive con todo lujo de comodidades mientras sus compañeros de Gobierno se preparan mentalmente para una dilatada estancia en la cárcel, o en alguno de los cantones que conforman Suiza, refugio de prófugos.

Tras la sentencia al 'procés', resulta complicado que Bélgica y Escocia rechacen la extradición

“Algunos creen que se irá a Suiza para evitar la euroorden. Si decide quedarse en Bélgica, tal y como ha anunciado, y el juez Llarena la pone otra vez en marcha, la campaña electoral quedará eclipsada por esta cuestión. La campaña de las elecciones del 10-N y la de las próximas catalanas”, señalaba un dirigente del PDeCAT, convencido de que el espectáculo circense de Puigdemont volverá a ponerse de gira tras la sentencia.

El magistrado podía solicitar la euroorden sobre los huidos —aunque anteriormente hubiera sido rechazada— si concurrían elementos nuevos, como ha sucedido en este caso, donde no solo hay sentencia firme sino que esta, además, es por sedición frente a la rebelión esgrimida en un principio. Por todo ello, resulta más complicado que Bélgica y Escocia se nieguen a la extradición. Más complicado, pero no imposible. Sobre todo cuando Bélgica está de por medio.

Aunque los abogados aconsejan a Puigdemont que permanezca en Waterloo, el 'expresident', sin embargo, no las tiene todas consigo. También le aseguraron que sería eurodiputado y de aquella promesa, ‘rien de rien’. Para decidir, esperará a la resolución del Tribunal de Luxemburgo sobre la inmunidad parlamentaria europea de Junqueras, Puigdemont y Comín. Luego, ya verá.

La radicalización de la calle en los próximos días llevará a la CUP al Congreso de los Diputados

Podría decantarse por huir a Suiza, pero a partir de la sentencia, el contraste entre unos condenados que van a la cárcel y otro que huye de nuevo sería sintomático y podría tener impacto en su imagen. También impacto electoral, aunque tratar de hacer un análisis de cómo afectarán la sentencia y las protestas derivadas de la misma en los comicios del 10 de noviembre resulta arriesgado, por no decir temerario.

En Cataluña, la participación será más alta que en el resto de España. Presumiblemente, JxCAT y ERC obtendrán un resultado similar al del 28 de abril, mientras que la radicalización de la calle de los próximos días llevará a la CUP a conseguir con cierta facilidad un escaño. Esta será la mayor novedad: la llegada de los antisistema catalanes al Congreso de los Diputados.

En cuanto a cómo afectarán los acontecimientos de los próximos días a la intención de voto del PSOE, partido en el Gobierno, dependerá de si se desborda o no la situación en las calles. Si lo que se produce es un escenario tipo ‘chalecos amarillos’ en la Rambla, el presidente en funciones, Pedro Sánchez, se encontrará con un problema de imagen difícil de manejar que bien podría erosionar sus expectativas electorales.

Felipe VI, junto a la Reina, saluda al presidente del Gobierno en funciones, Pedro Sánchez. (EFE)
Felipe VI, junto a la Reina, saluda al presidente del Gobierno en funciones, Pedro Sánchez. (EFE)

Si, por el contrario, lo que se desborda no son las calles sino el Parlament, con desafío institucional de las autoridades, las expectativas cambian radicalmente. Todos a una, como en Fuenteovejuna. Ante este tipo de desafíos, el votante tiende a apuntalar a quien se encuentra en el poder. Por ello, como explica este lunes Rubén Amón en este mismo periódico, tendremos a un Sánchez “más presidente, presidenciable y presidencialista que nunca”

Lo decía el líder del PP, Pablo Casado, durante las celebraciones del día de la Fiesta Nacional: tome la decisión que tome el Ejecutivo en funciones, el principal partido de la oposición lo apoyará. Así todos.

Mientras tanto, no se percibe un clima de alzamiento en las calles de Barcelona. Habrá sentadas como las de este domingo, cortes en las carreteras, tal vez en los trenes, una huelga que no afectará a la industria y posiblemente tampoco a la totalidad del comercio, algo de lío en el Parlament, pero la cosa no irá mucho más allá. Y no irá mucho más allá porque los Mossos, esto es, la Policía de la Generalitat, lo impedirá. A esto ha quedado reducido el 'procés'.

Caza Mayor
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